El extraño caso del Hotel Supay

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    26/05/2012
    #1 El extraño caso del Hotel Supay
    El extraño caso del Hotel Supay
    Por Pablo D.
    (http://www.fabricadeletras.com.ar)

    1
    Eran las 2 a.m. cuando se apagó el motor del auto, con el último envión alcancé a estacionarlo a un lado del camino, revisé el tablero pero nada parecía fuera de lo normal, traté de encenderlo pero no hubo caso, prendí las balizas y bajé. El cielo estaba encapotado, el clima era húmedo, una espesa niebla cubría todo el lugar, difícilmente se podía ver a más de cinco metros. El único sonido provenía de los grillos y las únicas luces eran las de los faros del auto. Algunas polillas y otros insectos revoloteaban cerca de ellos. Me prendí un cigarrillo.
    Había tomado un atajo por un camino de tierra, pensé que así alcanzaría más rápido la ruta principal, pero parece que mi viaje a la costa iba a tener que esperar, no sabía ni dónde estaba. Mi celular no tenía señal, si quería salir lo más rápido posible de ahí iba a tener que caminar hasta encontrar ayuda, así que entré al auto, agarré mi mochila y una linterna de la guantera, salí e inspeccioné un poco el lugar mientras terminaba mi cigarrillo. Al costado del camino había un bosque, con altos árboles y grandes copas que impedían la entrada de cualquier luz, una mañana de pleno sol allí adentro debía ser igual a la más oscura noche —pensé—.
    Dejé las luces del auto prendidas y caminé hasta que la luz ya no alumbraba mis pasos, prendí la linterna y seguí varios metros más cuando me encontré con un cartel bastante grande donde se leía: “Bienvenido al pueblo de Lago Tranquilo”. Seguí caminando, había algunas casas abandonadas en la entrada al pueblo, pero más adelante se veían luces encendidas, luego de unas cuadras logré localizar una especie de hotel de mala muerte, desde afuera se veía descolorido y poco cuidado, un cartel luminoso de tubos verdes parpadeaba con ritmo azaroso, sólo decía “hotel supay” 1. Entré y el chirrido de la puerta llamó la atención de un señor del otro lado del mostrador que estaba viendo una pequeña televisión en blanco y negro con bastante interferencia. Era un hombre serio, de corta estatura, calvo, en su cara se divisaba el cansancio y la soledad, tenía la barba a medio crecer y ojeras prominentes.
    —buenas noches —dije—
    —buenas noches —contestó con una voz gutural—
    —disculpe, ¿sabe dónde puedo encontrar un mecánico?, me quedé con el auto cerca de…
    —no hay ninguno disponible hasta la mañana, ¿quiere una habitación? —interrumpió—
    —bueno… sí, supongo que tendré que pasar la noche en el pueblo —dije—
    —mañana a partir de las 9, aquí a la vuelta, siga derecho por la calle de la rambla hasta llegar al lago, gire a la derecha y siga hasta encontrar un taller mecánico, no tiene nombre, pero se dará cuenta —dijo—
    —¿ese es el lago tranquilo? —pregunté curioso—
    —¿quiere algo de comer? —dijo, evadiendo mi pregunta—
    —bueno… sí —dije— Miré la hora y eran cerca de las 3, no me iba a venir mal algo de comer.
    —puedo ofrecerle pollo, es lo único que hay, sírvase tomar asiento en alguna mesa.
    Miré hacia atrás y había sólo tres mesas, de madera, con cuatro sillas cada una, eran antiguas y se notaban desgastadas, en el lugar había un ascensor pegado a la recepción y al lado unas escaleras, había pocas ventanas y las cortinas estaban cerradas; me senté y la silla crujió, desde las escaleras parecía escucharse un llanto de bebé que se mezclaba con el zumbido del cartel luminoso de afuera y la incesante interferencia del pequeño televisor. No volví a ver a aquel señor hasta que me trajo la comida, un cuarto de pollo asado con papas rústicas, el plato era color verde agua y estaba bastante cuarteado.
    —¿qué va a tomar?, sólo tenemos agua o bebidas alcohólicas —dijo—
    —tráigame un agua y cuando termine de comer le pido un whisky, ¿puede ser? —dije—
    No contestó y se fue. La comida estaba bien para ser un lugar tan poco agradable. Me sobresalté cuando el señor del hotel apareció por detrás y puso algo sobre la mesa.
    —aquí tiene, habitación 24, segundo piso al final del pasillo, el ascensor no funciona —dijo—
    —gracias… —alcancé a decir antes que se fuera—
    Era una llave con un llavero de esos que se usan en las oficinas con una etiqueta que decía “24”. Terminé de comer y fui hasta el mostrador, no había nadie, el pequeño televisor estaba apagado, toqué el pequeño timbre sobre el mostrador pero nada sucedió. Después de esperar unos cinco minutos, decidí irme a dormir las pocas horas que me quedaban, ya eran las 5 pasadas, con suerte podría dormir cuatro horas hasta que abriera el taller mecánico. Mi whisky nunca apareció.

    2
    Comencé a subir las escaleras, eran también de madera y crujían a cada paso, parecía que todo el lugar crujía de antiguo, el llanto del bebé ya no se escuchaba, todo parecía muy tranquilo. Llegué al segundo piso y caminé hasta el final del pasillo como me indicaran, allí estaba, una puerta de madera con un número 24 en bronce, bastante sucio. Entré, prendí la luz y cerré la puerta con llave, la saqué y la puse sobre la mesita de luz.
    La habitación era bastante oscura, una lamparita colgaba del medio de la habitación y se balanceaba por el viento que entraba de la ventana, que curiosamente se encontraba abierta. Un reloj marcaba la hora encima de la puerta y un cuadro con un motivo abstracto que daba miedo decoraba el cuarto. Cerré la ventana y fui al baño, había un inodoro, una ducha empotrada en la pared, un lavatorio y un espejo. Salí y apagué la luz, me tiré en la cama vestido.
    Me desperté de golpe, estaba oscuro, había un ruido detrás de la puerta, como si un perro estuviera olfateando por debajo, pero a juzgar por las sombras que se proyectaban parecían varios perros, me levanté de golpe, me quedé escuchando unos segundos pero los ruidos se callaron al mismo tiempo que las sombras desaparecieron, con cautela abrí la puerta pero no había nada detrás, la escasa luz del pasillo se proyectaba con serenidad en la antigua alfombra. Cerré la puerta y me prendí un cigarrillo, miré la hora, el reloj marcaba las 2 a.m., pero no era posible… a esa hora todavía no había encontrado el hotel, prendí la luz y me fijé en el reloj de la habitación, marcaba las 2 a.m. en punto, pero el segundero no se movía. Fui hasta el baño y abrí la canilla para lavarme la cara; no había agua.
    Salí de la habitación y comencé a bajar las escaleras para ver si encontraba al señor del hotel, seguí bajando hasta la planta baja, lo encontré mirando su televisor con interferencia.
    —disculpe… —dije—
    —sí, ¿qué necesita? —dijo sin despegar la vista de la tele—
    —parece que no hay agua en el baño —dije—
    No me contestaba. Pestañeé y ya no estaba, la tele estaba apagada y todo el lugar a oscuras; como pude prendí la linterna, estaba nervioso y transpirando, fui hasta la puerta del hotel pero parecía cerrada, no pude abrirla de ninguna manera, se escucharon varias risas como de niños jugando, me di vuelta de golpe pero no había nada y las risas cesaron. Me metí a través del mostrador para ver si estaba el hombre, pasé por la puerta y había un escritorio, una silla y una puerta más, abierta, con azulejos celestes dentro, parecía ser un baño, alumbré al escritorio, había un manojo de fotos y sobre la pared recortes de diario pegados con cinta, me puse a ver las fotos, parecían unos nenes jugando en un patio, eran fotos antiguas, en blanco y negro, pero también había fotos a color, de una niña rubia, muy bonita, había recortes de diario pegados en la pared, me puse a leer, “Horror en Lago Tranquilo, perro mata a una niña”, no terminé de leer el titular cuando se escucha una voz acercándose, —¿quién anda ahí? —gritó—, era la voz áspera y lúgubre del señor del hotel, solté las fotos sobre el escritorio, fui hasta el baño que había allí, cerré la puerta con cuidado pero el hombre se acercaba, el picaporte comenzó a girar y en el momento que abrió la puerta me desperté sobresaltado en la cama de mi habitación.
    El sol se colaba por entre la cortina y me daba en los ojos, ¿había sido un sueño?, miré la hora, eran las 8:45 de la mañana, miré el reloj de la habitación y estaba en hora, no entendía bien que estaba sucediendo, pero me dio mala espina. Fui al baño, abrí la canilla y había agua, me lavé la cara y me fui de la habitación. Bajé los dos pisos por la escalera hasta la planta baja, no había nadie, me acerqué hacia la puerta, que esta vez se encontraba abierta, salí y me dirigí hacia donde el señor del hotel me había indicado, giré a la derecha, seguí por la calle de la rambla hasta el lago y volví a girar, seguí camino unas cuadras hasta que me encontré con lo que parecía ser un taller, no tenía nombre pero había tres autos estacionados fuera y uno dentro al que un hombre debajo parecía estar reparando, entré y me acerqué hasta el auto.
    —hola, disculpe —dije—
    —hola, ¿qué necesita? —me dijo desde abajo del auto—
    —ayer dejé mi auto en las afueras del pueblo, se paró de golpe y no pude hacerlo arrancar, quería saber si podía verlo —dije—
    El hombre salió de debajo del auto.
    —claro, ahora vamos a buscarlo, ¿esto fue ayer?
    —sí, ayer por la madrugada
    —¿y dónde pasó la noche? —preguntó mientras se frotaba las manos con el overall para limpiarse la grasa—
    —en el hotel, acá a unas cua…
    —¿en el hotel? —interrumpió con cara sombría—
    —sí… —le dije—
    Se me quedó mirando fijo.
    —¿pasa algo malo?
    —no, no, claro que no, ¿por qué no vamos a ver su auto? —dijo, cambiando bruscamente de tema—
    Fuimos en su camioneta, una Chevrolet C10 de 1967. Después de inspeccionar un poco el motor me dijo, tras haber descartado varios desperfectos, que seguramente no arrancaba por una baja compresión en los cilindros, que lo íbamos a remolcar y que para mañana estaría arreglado. Lo atamos a la antigua camioneta y emprendimos el viaje de vuelta hacia el taller.
    —no sabía que había un pueblo por acá —comencé la conversación—
    —no es un pueblo muy visitado —dijo—
    —quería tomar un atajo hacia la costa y pensé que este era el camino —dije—
    No contestó.
    —¿y a qué se dedican? —pregunté—
    —muchos son agricultores, exportan lo que producen a la capital, algunos tienen granjas, establos, y los que no, tienen negocios como el mío, talleres, farmacias, zapaterías, mercados, nos ayudamos entre nosotros —dijo—
    —¿por qué pareció sorprenderse cuando le conté que había estado en aquel hotel?
    Tardó en contestar.
    —Hay varias historias sobre ese hotel, sabe… la hija del dueño del hotel murió atacada por un perro en el patio trasero, un doberman, le atacó la cara, el cuello, le mordió tanto el cuello que casi se lo arranca de cuajo, la cara le quedó totalmente desfigurada… y nadie supo de dónde salió aquel perro, fue un acontecimiento terrible para el pueblo, pero ya hace 40 años, algunos dicen que el matrimonio se volvió loco al ver la cara de la nena.
    —¿el matrimonio? —pregunté—
    —Sí, los dueños del hotel, la señora, la madre de la nena, se encuentra internada en un hospital psiquiátrico…, algunos dicen que el fantasma de la niña aún deambula por el hotel, del perro jamás se supo nada.
    —es terrible… —dije sorprendido—
    —sí, es en verdad terrible. Ah, pero la historia no termina aquí; una vez, varios años antes de aquel hecho, un grupo de niños del colegio cristiano del pueblo aledaño vinieron de visita a Lago Tranquilo a conocer la antigua imprenta de periódicos del pueblo y se alojaron en el Supay, esa noche el hotel se incendió, nadie sabe bien la causa, pero al parecer fue por un desperfecto eléctrico. Ningún niño logró salvarse, el que no murió alcanzado por las llamas murió asfixiado, luego lo remodelaron, pero dicen que las almas en pena de todos esos niños aún permanecen en el lugar.
    —¿y el señor del hotel?
    —se salvó misteriosamente, él dijo que había bajado a ordenar las cosas del sótano, cuya entrada se encuentra por fuera de la construcción y que pasó una buena cantidad de horas allí; cuando salió, el incendio ya había consumido gran parte del edificio, fue él quien llamó a los bomberos.
    —por dios —dije—
    —Actualmente no suelen tener muchos clientes, salvo algún que otro conductor agobiado que pasa la noche allí para continuar rumbo a su destino al día siguiente; sabe, hay otro hotel del otro lado de la ciudad, el Hotel Oasis, muchos viajeros que pasan por aquí prefieren hospedarse en él, más limpio, más moderno.
    Nos quedamos callados el resto del viaje. Llegamos al taller, me bajé y le agradecí que pudiera terminarlo para mañana, nos despedimos y partí rumbo al hotel.
    Subí a mi habitación, eran cerca de las 5 p.m. todavía era de día, conté la plata que tenía en la billetera y sopesé si me iba a alcanzar para pagar los 2 días de hotel y el arreglo del coche, me recosté y me quedé dormido.

    3
    Me desperté cerca de las 10:30 p.m., decidí salir a comer algo afuera, la verdad no tenía ganas de comer pollo de nuevo ni de quedarme en aquel hotel un minuto más. Bajé las escaleras hasta la planta baja, estaba todo oscuro, no había nadie, la puerta que daba a la calle estaba abierta. Se me ocurrió que podría comprobar si lo que había soñado realmente había sido un sueño; al pensar esto un escalofrío recorrió mi cuerpo y un sudor frío inundó mi frente, tenía miedo, pero quería saber…
    —¿señor…? —dije— Nadie contestó.
    —¡hola!, ¿hay alguien…? —pregunté nuevamente— Silencio.
    No tenía en ese momento la linterna pero tenía mi celular, que permanecía aún sin señal pero me iba a permitir alumbrarme, me colé por el mostrador hacia aquel cuarto donde había estado la noche pasada, en sueños. Sentí miedo, el manojo de fotos estaba en el mismo lugar que en mi sueño, los recortes estaban allí, eran los mismos, parecían de diarios muy viejos.
    “Horror en Lago Tranquilo, perro mata a una niña”, “El sábado por la tarde se produjo un hecho desgarrador en el clásico hotel Supay del pueblo de Lago Tranquilo, Carla, una niña de 6 años de edad, hija del matrimonio dueño del hotel, fue atacada por un perro doberman y falleció casi en el acto luego del que el perro prácticamente le desfigurara la cara, la policía está investigando a posibles involucrados pero aun no tienen certeza de quién pueda ser el dueño del perro, que permanece desaparecido. Siguen buscando testigos que puedan ayudar a resolver el caso”.
    “Brutal incendio arrebata la vida de 15 niños”, “Niños de la escuela católica Cristo Redentor, del pueblo de Los Ombúes fueron de visita guiada a la redacción e imprenta del diario El Sol en el pueblo de Lago Tranquilo, su lugar de alojamiento fue el Hotel Supay donde se produjo un incendio que se llevó la vida de los 15 niños. Peritos investigan las causales del incendio, el cual podría deberse a un desperfecto eléctrico en una de las habitaciones”
    Me puse a ver las fotos, había varias de una niña rubia que supuse sería Carla, y otras de ella con una señora que parecía ser la madre, de repente escuché unos perros ladrando, el sonido provenía de fuera de aquella habitación, solté las fotos y apagué el celular; me acerqué al mostrador y pasé por debajo, el sonido venía de arriba, me quedé escuchando, era el mismo sonido que hubiera escuchado la noche anterior, al cabo de unos segundos se hizo silencio. Me alejé de la recepción y fui rumbo a la puerta.
    Salí del hotel y caminé varias cuadras inmiscuido en mis pensamientos hasta que llegué a un bar, tenía buen aspecto, entré. El lugar era amplio pero había poca gente, la mayoría —supuse— pueblerinos, sentados en la barra tomando whisky o cerveza y hablando en voz alta. Me senté en una mesa cerca de la ventana, pedí un plato de ravioles con salsa bolognesa, mi favorita. Mientras tanto varias preguntas daban vueltas en mi cabeza, ¿por qué el hombre del hotel conservaría esos recortes?, ¿quién había sacado todas esas fotos?, ¿por qué sucedían tantas cosas extrañas en aquel hotel?, recordé las historias que me contó el mecánico. Una vez acabé de comer, pedí la cuenta y me fui rumbo al hotel. Eran pasadas las 12 a.m.
    Llegando me di cuenta que la luz estaba encendida, abrí la puerta y entré. Para mi sorpresa estaba el señor del hotel, mirando su pequeña televisión con interferencia, no saludé, seguí caminando hacia las escaleras.
    —buenas noches —dijo el hombre con su voz gutural—
    —buenas noches —respondí mientras apresuraba el paso hacia las escaleras—
    Tenía miedo; de aquel hombre, de este hotel, de las cosas que sucedían en él. Entré a mi habitación y cerré la puerta con llave, la lamparita que colgaba del techo se balanceaba, otra vez la ventana abierta, la cerré y me recosté en la cama, me quedé mirando el techo, me consolaba saber que mañana todo acabaría; en el taller iban a arreglar mi auto y me iría rumbo a la costa como tenía planeado. Me quedé dormido.

    4
    Un estruendo se escuchó en el baño, me desperté sobresaltado, prendí la luz y como pude me levanté, fui a ver qué pasaba; el espejo había estallado en pedazos, comencé a alejarme del baño y pisé un pedazo de vidrio que se rompió debajo de mi zapatilla, me di vuelta y vi lo más espantoso que alguna vez haya visto, una nena con la cara destrozada, no alcanzaba a distinguir sus facciones, su cuello a duras penas podía sostener el peso de su cabeza, la sangre brotaba de su cara como una cascada y movía lo que parecían ser labios.
    —hola —dijo—
    —¿qu.. qu.. quién sos? —tartamudeé—
    —Allá vienen… ayudame—dijo—
    —¿qu.. quiénes…?
    —los perros —contestó—
    Al mismo tiempo volvieron los sonidos de perros olfateando debajo de mi puerta y la nena desapareció. Permanecí inmóvil sin saber qué hacer, mirando la parte de abajo de la puerta, se hizo silencio, los perros se habían ido. Abrí la puerta, la tenue luz del pasillo alumbraba la alfombra, caminé hacia las escaleras y comencé a escuchar las risas de unos niños, a medida que bajaba el sonido se hacía cada vez más fuerte, parecía elevar su volumen exponencialmente casi hasta dejarme sordo, me detuve, aturdido, quise volver a subir pero cuando me di vuelta vi a la nena, estaba en uno de los escalones, allí permaneció con su cara totalmente destruida y llena de sangre, desistí de subir y comencé a correr escaleras abajo. El sonido de los niños riendo era ensordecedor, me tapé los oídos, finalmente llegué a la planta baja y los vi… un montón de niños jugando, gritando, su aspecto era fantasmal, un velo blanco parecía cubrir sus cuerpos, cuando notaron mi presencia se callaron y me miraron, todos ellos me miraban… todo comenzó a darme vueltas, permanecí quieto, me desmayé.
    Desperté sobre la cama de mi cuarto, transpirado, miré la hora en mi reloj, las 2 a.m., no entendía por qué seguía sucediéndome esto pero no pensaba pasar un minuto más en aquel hotel, quería irme cuanto antes y eso iba a hacer. Me levanté, junté mis cosas y salí al pasillo, bajé corriendo las escaleras, llegué a la planta baja, el señor del hotel estaba mirando su televisor, pasé corriendo y debió ser la única vez que el hombre se dio la vuelta para mirarme, me detuve y lo miré.
    —nos volveremos a ver —dijo con tranquilidad —nadie escapa de Lago Tranquilo.
    Corrí hasta la puerta del hotel, la abrí y seguí corriendo hasta el taller donde había dejado mi auto, la espesa voz de aquel hombre retumbaba en mis oídos y pesaba en mi cabeza, pero no tenía tiempo para pensar. Por fin llegué hasta el taller, como era de esperar a esa hora, se encontraba cerrado, con la persiana baja; agitado como estaba me puse a golpear la puerta contigua, que supuse pertenecía al taller, llamé al hombre del taller varias veces mientras golpeaba hasta que alguien abrió la puerta, era él.
    —¿qué pasa?, ¿qué es todo este ruido? —dijo mientras abría la puerta—
    —soy yo, vengo a buscar mi auto, necesito irme de acá ya mismo —dije con voz agitada—
    —ah, ¡usted!, ya empezaba a preocuparme, ¿qué hace acá a estas horas? —dijo—
    —¿a preocuparle?, no entiendo a qué se refiere —dije—
    —sí, hace ya casi dos semanas que no lo veo, empecé a pensar que se había ido del pueblo por otros medios —dijo con una sonrisa en su rostro—
    —¿dos semanas?, no sé de qué me habla, apenas pasé en ese maldito hotel dos días, por dios, no importa, ¡deme mi auto ya mismo!
    —sí, por supuesto, pase, pase, ahora abro la persiana para que se lleve su auto —dijo divertido—
    No entendía por qué no se le borraba esa sonrisa de la cara. El hombre subió la persiana y me indicó con un ademán donde se encontraba mi auto, lo reconocí al instante, fui hasta él y me subí, coloqué la llave y encendí el motor, ¡había arrancado!, por fin mi auto estaba reparado; me sentí más tranquilo, ya todo acabaría, necesitaba irme de aquel lugar para tomarme mis más que merecidas vacaciones y olvidarme de todo este asunto.
    —muchas gracias, ¿cuánto le debo?
    —deje, no es nada, ya encontrará oportunidad de pagarme, de todas formas no logrará salir de aquí —dijo seriamente—
    —¡¿cómo dice?!
    —lo que oyó —dijo—
    Puse primera y aceleré, salí del taller y me dirigí rumbo al hotel, desde allí sabría como regresar a la ruta, pasé por la puerta y seguí varias cuadras, pero a pesar de que avanzaba a toda velocidad no lograba encontrarla, las cuadras pasaban, las casas abandonadas y los extensos campos se extendían por todos lados, la calle no parecía tener fin. El tablero me marcaba que el combustible se estaba agotando, además me percaté del hecho de que no había ningún otro conductor por ahí, me pareció raro. Frené y doblé en una de las calles, avancé muchas cuadras, prendí la radio para distraerme, alguna salida tendría que encontrar si seguía derecho, pero estuve más de una hora sin encontrar un sólo rastro de la ruta. Cansado, volví a doblar, ya no sabía qué hacer, qué camino tomar. El motor comenzó a carraspear y el coche se detuvo en aquel camino. El horror se apropió de mí, no podía creer lo que mis ojos veían, un sudor frío recorrió mi frente mientras los faros alumbraban aquel maldito cartel: “Bienvenido al pueblo de Lago Tranquilo”.


    1: Diablo o demonio en lengua quechua. (N. del A.)
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    2 comentarios / 199 Visitas

      • 332
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      • miembro desde
      • 24/10/04
    26/05/2012
    #2 Re: El extraño caso del Hotel Supay

    Me asustò!, el desorden!!.

    Mas ordenado deberia estar los textos!, me canso el ver tantos textos juntos!.

      • 2,056
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      • 08/03/10
    27/05/2012
    #3 Re: El extraño caso del Hotel Supay

    No es que no me haya gustado, Pablo pero estoy de acuerdo con Quatrox. Lo mismo lo podías haber escrito con la mitad de las palabras. Mi problema es que soy escritora y lectora de cuentos cortos y esto se me hace cuesta arriba. La idea... buenísima!