-
El Pacto
En la comisaría sonó el teléfono. Un adormilado policía atendió. Del otro
lado de la línea, una voz angustiada dijo: Vengan al domicilio de la calle
Sarmiento 456. En ese momento, sonó un disparo que despertó del todo al
policía. Inmediatamente partió la patrulla. Cuando llegaron al lugar indicado
la puerta estaba abierta. Sobre un sofá, una señora de mediana edad yacía en
un charco de sangre y a su lado había un revolver que aun estaba caliente.
Comprobando que la mujer estaba muerta, los policías avanzaron dentro de la
casa. En el dormitorio, sobre la cama había otro cuerpo, pero éste ya
demostraba signos de rigidez cadavérica. Desconcertados, los policías
siguieron inspeccionado. Sobre la mesa del comedor había una carta.
Llamaron al fiscal para poder abrirla y encontraron, dentro del sobre, unas
pocas líneas que decían: No se culpe a nadie de mi muerte ni de la de mi
esposo; él murió de un paro cardiorrespiratorio. En el cuaderno que está sobre
la mesa encontrarán todas las explicaciones que necesiten.. Firmaba la
misiva la doctora Mari Santillán.
El fiscal tomó el cuaderno y comenzó su lectura. Maria decía: Conocí a
Alberto cuando lo dos éramos estudiantes de medicina. Simpatizamos
enseguida, y en el grupo de estudiantes nos distinguíamos por muestra
dedicación y las ideas que ambos teníamos sobre temas como el amor de
pareja. Pasamos muchas noches juntos tratado temas que sólo nosotros
entendíamos. Un buen día, nos dimos cuenta que el amor había estallado entre
nosotros, pero por todo lo que habíamos hablado, decidimos mantenernos
castos hasta el día de nuestra boda. La primera noche, hicimos un juramento
que cumplimos a través de los 30 años que estuvimos juntos. Ustedes se
preguntarán cuál fue el pacto. Se darán cuenta cuado hagan nuestras
autopsias.
Intrigado, el fiscal se dirigió a la morgue. Allí los doctores no salían de su
asombro: los cadáveres de ambos esposos no tenían nalgas; estaban
cicatrizadas pero carecían de carne. Ambos se habían hecho una prótesis que
les permitía sentarse. El fiscal volvió a leer el cuaderno donde la doctora
continuaba el relato: Alberto y yo decidimos no tener hijos, nos
complementábamos tanto que no hacía falta nadie más, teníamos nuestras
profesiones y si frecuentábamos algunos amigos era casi por obligación. Lo
único que nos hacía felices era estar los dos juntos. Tanto amor nos llevó a
pensar la manera de intégranos más allá de todo lo conocido, entonces
decidimos que comeríamos de nuestra carne, y así fue: cortábamos por turno
pedazos de muestras nalgas y los comíamos como prueba de nuestra
integración total. Quizás a ustedes les parezca macabro, pero nosotros
sentíamos que habíamos logrado la verdadera premisa de que el hombre y la
mujer, al unirse, serán una sola carne, vinculo que nadie podía disolver
porque, aún en la muerte ambos teníamos algo del otro dentro muestro.
El Pacto
En la comisaría sonó el teléfono. Un adormilado policía atendió. Del otro
lado de la línea, una voz angustiada dijo: Vengan al domicilio de la calle
Sarmiento 456. En ese momento, sonó un disparo que despertó del todo al
policía. Inmediatamente partió la patrulla. Cuando llegaron al lugar indicado
la puerta estaba abierta. Sobre un sofá, una señora de mediana edad yacía en
un charco de sangre y a su lado había un revolver que aun estaba caliente.
Comprobando que la mujer estaba muerta, los policías avanzaron dentro de la
casa. En el dormitorio, sobre la cama había otro cuerpo, pero éste ya
demostraba signos de rigidez cadavérica. Desconcertados, los policías
siguieron inspeccionado. Sobre la mesa del comedor había una carta.
Llamaron al fiscal para poder abrirla y encontraron, dentro del sobre, unas
pocas líneas que decían: No se culpe a nadie de mi muerte ni de la de mi
esposo; él murió de un paro cardiorrespiratorio. En el cuaderno que está sobre
la mesa encontrarán todas las explicaciones que necesiten.. Firmaba la
misiva la doctora Mari Santillán.
El fiscal tomó el cuaderno y comenzó su lectura. Maria decía: Conocí a
Alberto cuando lo dos éramos estudiantes de medicina. Simpatizamos
enseguida, y en el grupo de estudiantes nos distinguíamos por muestra
dedicación y las ideas que ambos teníamos sobre temas como el amor de
pareja. Pasamos muchas noches juntos tratado temas que sólo nosotros
entendíamos. Un buen día, nos dimos cuenta que el amor había estallado entre
nosotros, pero por todo lo que habíamos hablado, decidimos mantenernos
castos hasta el día de nuestra boda. La primera noche, hicimos un juramento
que cumplimos a través de los 30 años que estuvimos juntos. Ustedes se
preguntarán cuál fue el pacto. Se darán cuenta cuado hagan nuestras
autopsias.
Intrigado, el fiscal se dirigió a la morgue. Allí los doctores no salían de su
asombro: los cadáveres de ambos esposos no tenían nalgas; estaban
cicatrizadas pero carecían de carne. Ambos se habían hecho una prótesis que
les permitía sentarse. El fiscal volvió a leer el cuaderno donde la doctora
continuaba el relato: Alberto y yo decidimos no tener hijos, nos
complementábamos tanto que no hacía falta nadie más, teníamos nuestras
profesiones y si frecuentábamos algunos amigos era casi por obligación. Lo
único que nos hacía felices era estar los dos juntos. Tanto amor nos llevó a
pensar la manera de intégranos más allá de todo lo conocido, entonces
decidimos que comeríamos de nuestra carne, y así fue: cortábamos por turno
pedazos de muestras nalgas y los comíamos como prueba de nuestra
integración total. Quizás a ustedes les parezca macabro, pero nosotros
sentíamos que habíamos logrado la verdadera premisa de que el hombre y la
mujer, al unirse, serán una sola carne, vinculo que nadie podía disolver
porque, aún en la muerte ambos teníamos algo del otro dentro muestro.
¿Este tema te pareció interesante? Compártelo!
¿No es lo que buscabas? Intenta buscar un tema similar
1 comentarios
/ 234 Visitas
-
Muy buen policial, Valentina. En realidad es un drama pero el tema aunque macabro está muy bien narrado. Te felicito. Un tema de "canibalismo" que muy pocos se atreven a tocar.