Anastacio

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    05/06/2012
    #1 Anastacio

    Anastacio "el pollo"

    Así me llaman, el mismo nombre con que el poeta Estanislao del Campo llamó al protagonista de su obra "El Fausto Criollo" escrita en 1866. La diferencia radica en que este personaje era un gaucho que el autor apodó con ese calificativo; en cambio yo soy un pollo hecho y derecho que nació de un huevo, como lo hacen todos los pollos bien nacidos, además tengo el don de ser parlante.
    Se comenta que el capataz del criadero, me bautizó con ese nombre por ser el único pollo de plumaje llamado bataraz, que por ser de color plomizo y negro me hace muy visible entre todos los demás, que son de raza Leghorn con plumaje blanco.
    Una humorada de algún chistoso que colocó en la incubadora el huevo color marrón.
    Confieso que son notables las diferencias con mis antepasados, ellos eran crías que nacían en el nido, empolladas con el calor del vientre materno, entiéndase la gallina, y que necesitaban 21 días para romper la cáscara del huevo.
    En mi caso y en el de mis congéneres lo único que pudo hacer la progenitora fue poner el huevo.
    El calor que activó el embrión lo hizo la incubadora, empleando un tiempo similar para que yo pudiese romper la cáscara.
    De resultas de esa sustitución de suministro calórico es que soy un pollo de criadero, nacido de un huevo puesto por una gallina desconocida, e incubado por un artefacto que genera calor pero que no cacarea.

    La inteligencia humana ha logrado reemplazar parte de la función que le compete a las gallinas, lo que aun no ha conseguido es crear la máquina o artefacto capaz de poner el huevo.
    Cuando a fuerza de picotazos pude romper la cáscara, noté que estaba muy mojado, pero como el lugar donde había nacido era muy caluroso, pronto se secó mi pequeño cuerpo.
    Luego supe que para reemplazar a mamá gallina en la tarea de empollar, el huevo estuvo sometido a una temperatura de 45 grados durante veintiún días.
    Me encontré rodeado de más de cien pollitos piando como locos en una bandeja que nos contenía, resultó que ese contenedor portátil era parte de un carro estantería que contenía otras cincuenta bandejas, iguales y repletas.
    Se que tengo un triste destino y una vida muy corta, que jamás llegaré a ser el apuesto gallo monarca del gallinero y que en consecuencia no tendré la satisfacción de pisar una gallina.
    Pronto nos llevaron en el mismo carro hasta un lugar donde giraba una cinta transportadora circulando en rededor de unos grandes embudos, uno encima del otro pero con salidas independientes. Dos operarios extraían las bandejas de los carros y las volcaban a granel en esa especie de camino móvil.
    Una cantidad de señoras ubicadas junto a la cinta se encargaban de separarnos por sexo, para lo cual nos identificaban por diferencias que tenemos en las alas, a las hembras las arrojaban en el embudo central y los machos en el de más abajo, dicen que la separación obedece a que las hembras se destinan a servir como ponedoras, en cambio los machos son candidatos a ser faenados para el consumo.
    Me he enterado que las hembras de la raza Leghorn son muy sexuales, pero por el uso de la incubadora y no tener que empollar, han ido perdiendo sus características maternales y no se pueden enclocar, lo que las convierte en preferidas de los criaderos, además son grandes ponedoras de huevos, algunas llegan a poner hasta veinte docenas de huevos en su vida útil.
    Así empezó mi efímera vida, estoy condenado sin remedio a ser alimento de los seres humanos.

    Por suerte me han destinado a ser lo que se llama "Pollo Retiro Premium", esto quiere decir que viviré unos días más que otros que son faenados con menos peso.
    Llegaré a culminar mi corta existencia en no más de cuarenta días, debido a una alimentación de preferencia que llaman balanceada; hecha a base de cereales, tortas oleaginosas, proteínas, subproductos de molinería, aminoácidos, vitaminas, antioxidantes, grasas vegetales y animales; con todo esto alcanzaré un peso de dos kilos y medio, es decir un pollo gordo, por supuesto más costoso que los que pesan un kilogramo y son conocidos como parrilleros.
    Cuando llegue el momento final, nos llevaran al matadero, nos colgaran de las patas en unos ganchos que uno al lado de otro son solidarios a una cadena transportadora que nos llevará hacia una muerte inexorable; dicen que nos duermen con una descarga eléctrica para que no suframos en el momento que nos cortan el pescuezo.
    La cadena seguirá andando, un poco más liviana por que ya no tendremos la cabeza, pasaremos sobre una larga canaleta por donde cae nuestra sangre, luego la cadena descenderá hasta una gran pileta donde seremos sumergidos en agua hirviendo, al salir ya no tendremos ni una gota de sangre y estaremos listos para ir a las máquinas peladoras que nos dejarán bien pelados y limpios, nos sacarán las vísceras y seremos como los pollos que los humanos ven en los súper mercados ofrecidos en venta.

    Ya vienen a buscarnos, se acerca el camión con las jaulas vacías, el capataz viene al mando de los operarios que harán el trabajo, bajan las celdas de plástico donde en cada una entran unos veinte pollos, bien apretados para que no puedan moverse, una vez llenas las van apilando en el camión.
    Cuando los operarios cargadores están cerca de mí, oigo que el capataz les dice:
    —Al bataraz no lo carguen, me lo llevo a mi casa, tengo unas cuantas gallinas de su raza que necesitarán un buen gallo en poco tiempo.
    Así fue que gracias al color de mi plumaje y al desconocido que puso el huevo marrón en la incubadora, estoy viviendo en un corral modelo, alimentado con maíz pisado, carosillo y otros manjares, rodeado de muchas gallinas batarazas como yo, para las que soy el rey del gallinero, aunque todavía tengo la cresta un poco chica.

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    2 comentarios / 238 Visitas

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      • 08/03/10
    09/06/2012
    #2 Re: Anastacio

    Qué buena historia, Vigia. Y qué lindo que imaginaras ese final feliz para Anastasio el Pollo. Te felicito. Es interesante ponerse en la piel de animales o cosas para escribir.

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    09/06/2012
    #3 Re: Anastacio

    Te agradezco el comentario Lidy. El relato sobre el faenamiento de pollos, transmitido por una de sus víctimas, es sin dudas de una crueldad extrema, pero asi ocurre. La forma de suavizar el contenido, era que Anastacio se salvara de ese final cruento y perdonarle la vida. Hay publicado otro cuento llamado Ventarrón que trata también de un animal parlante, pero ese no es para nada cruel. Saludos Vigía.