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#1 Un cuento fantástico (fragmento)
Dalmacio Molina ha festejado su cumpleaños número cuarenta, no tiene familia, sus padres fallecieron en un accidente hace diez años, todos ellos ciudadanos cubanos que habían arribado al país procedentes de la isla de Cuba, huyendo de la dictadura Castrista. Dalmacio es célibe por decisión propia, según suele aseverar; tiene domicilio real en la ciudad de Buenos Aires.
Nuestra amistad se inició en la biblioteca nacional donde ambos éramos asiduos concurrentes.
La afición por los libros nos unía en ese recinto para la consulta literaria de temas que compartíamos pues nuestras preferencias eran similares; fuimos partícipes de largas tertulias referidas a temas filosóficos, conocimientos que luego fueron esenciales para ayudarle a superar la depresión causada por la pérdida de sus padres en aquel trágico accidente.
En la actualidad trabaja como visitador médico representando a un laboratorio productor de medicamentos; su labor específica consiste en ofrecer los distintos preparados que la compañía elabora, en instituciones de medicina privada ubicadas en las principales ciudades de la zona cuyana, incluyendo la mediterránea ciudad de Córdoba. La empresa que personifica, le ha puesto a su servicio el vehículo con que se moviliza, haciéndose cargo de los gastos de combustible y mantenimiento de la unidad. La atención de estos usuarios es la causa por la cual se ve obligado a viajar con bastante frecuencia.
En uno de esos viajes, durante la noche del 24 de julio del año 2010, fría como pocas, conducía el automóvil por la ruta nacional 9 cerca de Villa María, una ciudad de la provincia de Córdoba, el aire cálido generado por el sistema de calefacción sumado al monótono ronroneo del motor fue la causa que inició una especie de letargo que le obligaba a entrecerrar los ojos.
La experiencia adquirida en numerosos viajes nocturnos, le indicaba que el sueño estaba a punto de vencerlo; como en otras oportunidades detuvo el coche a la vera del camino y descendió del mismo. Conocía la manera de vencer esa somnolencia, una treta que asimiló en una oportunidad cuando conduciendo su coche rumbo a la ciudad de San Juan, observó al costado del camino, a un hombre empujando el automóvil, al verlo supuso que tendría algún problema con el funcionamiento del coche por lo que resolvió ofrecerle su ayuda, redujo la velocidad del vehículo hasta ponerse a la par y entonces le preguntó:
¿Necesita una mano señor?
Dejando de impulsar el auto el hombre le respondió:
No mi amigo, le agradezco su intención, pero de esta manera con el esfuerzo que realizo, el sueño que me acosa desaparecerá, luego seguiré conduciendo; siga su camino y ¡muchas gracias!
No olvidó la enseñanza, tuvo necesidad de aplicarla en varias oportunidades similares a esta que ahora lo acuciaba. Comenzó a empujar el vehículo por la parte trasera durante varios metros; la explicación de lo que ocurre es tan simple como lo efectiva que resulta; el esfuerzo físico activa la circulación sanguínea, lo suficiente como para que el letargo desaparezca en forma inmediata. Fue en el momento en que se disponía a continuar el viaje, cuando ocurrió algo que por lo insólito y fantástico permanece grabado en su mente.
Frente, él a una altura que no puede precisar, sin previo anuncio y surgiendo de la nada, ve que se encienden una cantidad de luces, son intermitentes de distintos colores, las hay azules, verdes, anaranjadas, están suspendidas en el espacio, no puede divisar con claridad quien las emite, solo vislumbra un enorme objeto de forma circular que está quieto en el vacío, como si pendiera de algo que lo sustenta. Está petrificado por el asombro, el extraño objeto no se mueve, continua inmóvil flotando en el espacio; no tiene noción del tiempo que permanece en esa posición, quizá veinte o treinta segundos, no más.
De pronto, una luz roja se enciende y efectúa una especie de guiño, el clásico prende y apaga remedando una venia o saludo
. Luego, con el mismo sigilo con que se presentó y desarrollando una velocidad vertiginosa desaparece en la noche.
Lo que pudieron ver sus ojos en esos momentos fue tan real y fantástico que amenazaban con salirse de las órbitas; necesitó varios minutos para reponerse del asombro causado por la misteriosa y fantasmal aparición. Sin embargo el suceso no le causó temor, en ningún momento temió por su seguridad.
Esa noche tuvo la certeza de que su existencia sería distinta en el futuro, lo que había presenciado era algo anormal y poco creíble.
A sus oídos habían llegado decenas de relatos referidos a visiones de naves misteriosas que no armonizaban con las conocidas por los seres humanos, pero nunca le dio crédito a esas versiones, las consideraba como fantasías creadas por motivos publicitarios. Ahora sabía que no era así.
Recordó una sentenciosa frase leída en algún momento: "Nada ocurre por casualidad, sucede lo que debe suceder y en el instante preciso".
El extraño caso coincidía con otros similares que se comentaban y la mayoría eran propios de esos lugares por donde transitaba. No fue por casualidad que unos días más tarde, se estuviese dirigiendo a la ciudad de Capilla del Monte en el Valle de Punilla, las sierras bajas cordobesas.
Los habitantes de esta localidad, ya están habituados a estos comentarios y no se molestan cuando se les habla de Ovnis, o de apariciones de figuras fantasmales que según versiones de lugareños y estudiosos del tema aseguran haber visto, además de luces extrañas procedentes del espacio que penetran las laderas del cerro Uritorco, con destino a la subterránea ciudad de ERKS, que existiría en las entrañas profundas del cerro. La hipotética urbe donde se encuentra el Templo de la Esfera y los tres espejos con los cuales se realiza el intercambio cósmico con todas las galaxias y que también pueden estar al tanto de la vida de los seres humanos, en particular de aquellos que poseen la capacidad de desarrollar un intelecto superior, como lo exigen las leyes de la armonía cósmica según la Ciencia Hermética.
Promediaba el día cuando llegó al lugar, su primera intención fue hospedarse en un hotel céntrico, pero los hechos que motivaron el viaje sugerían otro lugar más acorde a sus planes. Optó por la privacidad de una cabaña situada en la cercanía de los cerros, se dirigió hacia las proximidades del mítico Uritorco supuesto albergue de extraterrestres. En un complejo de viviendas para el turismo, cercano al rumoroso río Calabalumba; un curso de agua originado en vertientes que corre al pie del mismo cerro; que según la lengua de los Comechingones, nativos que habitaron en la zona, su nombre significa "agua que canta entre las piedras" En ese lugar alquiló una cabaña, pequeña pero cómoda.
Después de lo que había presenciado aquella noche, intuía que podía repetirse la experiencia, esa era la única razón de su presencia en el lugar, tenía la íntima convicción de que algo más ocurriría, aquella aparición en la soledad del camino, el parpadeo de la luz roja antes de emprender la vertiginosa retirada, significaba a su juicio, una señal inequívoca de que quien o quienes tripulaban la extraña nave no lo hicieron solo por casualidad.
Una vez instalado en la cabaña, decidió acercarse hasta el centro comercial de Capilla del Monte, con la intención de comprar los elementos necesarios para poder escalar el cerro Uritorco; compró una mochila, zapatos de trekking, medias gruesas, una remera, un abrigo de lana, una campera impermeable, 2 litros de agua, dulces, goma de mascar, galletitas y un palo de escoba para usarlo como bastón.
Comenzaba a oscurecer, no había probado bocado alguno en todo el día, decidió cenar en algún restorán del lugar. Estacionó el coche a un par de cuadras de la calle cubierta en el centro comercial de Capilla del Monte, comenzó a caminar por una de las calles céntricas que resultó ser la diagonal Buenos Aires, observó la presencia de un par de restoranes, optó por el que más comensales tenía, entró al local y ocupó una mesa cercana a la puerta de entrada. Tenía bastante apetito, estuvo ojeando la carta y decidió pedir una entrada de fiambres y hacer marchar un bife de carne vacuna con una ensalada de lechuga y tomates y para beber agua mineral.
Mientras comía, imaginaba de que manera debería proceder en la mañana siguiente para intentar escalar el Uritorco, sabía que era necesario anotarse para una posible excursión, que se debe pagar un arancel dado que es un predio privado, además otros requisitos que obedecen a la exigencia de tener un estado físico acorde al esfuerzo a realizar, pues la ascensión insume un tiempo aproximado de cuatro a cinco horas y otro tanto para el descenso.
Condujo por la avenida Sabattini que llega hasta la base de los cerros y es también la calle por la cual se accede al complejo donde estaba alojado; eran las nueve de la noche cuando entró en la cabaña, pensó que aun era temprano para acostarse; encendió el televisor, tras recorrer varios canales y no hallar nada que le resultase interesante decidió irse a dormir. Se acostó, en pocos minutos logró conciliar el sueño.
Despertó temprano, la mañana se mostraba inestable, desde la ventana de la habitación observó la presencia de grandes nubarrones sobre los cerros, presagio de mal tiempo, sin embargo en una emisora de radio local, se anunciaba que el día sería nublado pero sin lluvia. Luego de un sobrio desayuno se vistió con las ropas adecuadas y el calzado apto para llevar a cabo el objetivo propuesto: Alcanzar la cima del Uritorco. Cargó sobre sus espaldas la mochila con todas las provisiones que había adquirido el día anterior y partió hacia el cerro, estaba cerca, por lo tanto no necesitó utilizar el coche, se fue del complejo gozando de la fresca y perfumada brisa mañanera.
Cruzó el puente sobre el río Calabalumba llegando a la entrada autorizada para acceder al sendero de ascensión. Debido a las malas condiciones del tiempo, solo tres personas serían de la partida, él y una pareja de recién casados en plena luna de miel, los demás también turistas, no querían arriesgarse ante una posible tempestad, que de suceder no sería para nada favorable.
Partieron, delante marchaba Dalmacio seguido de sus ocasionales y jóvenes acompañantes. Después de una hora de travesía llegaron al primer descanso, en ese momento comenzó a llover, una lluvia mansa que llegó de improviso con intenciones de quedarse, así lo indicaba la cerrazón que obscurecía la luz del día. Se cobijaron en un refugio esperando un posible cese de la lluvia, pero no parecía que esto fuese a ocurrir, el cielo encapotado, las descargas eléctricas seguidas de fuertes truenos así lo insinuaban. El joven matrimonio, ante el temor de que la tempestad arreciara, optó por el regreso; le propusieron a Dalmacio emprender la vuelta, pero él decidió esperar y los liberó para que regresaran sin preocuparse por su persona.
Se colocó unos pantalones de tela plástica muy delgada sobre los que ya tenía y la campera impermeable con capucha, se calzó la mochila y continuó con el ascenso. Una llovizna muy fina y fastidiosa caía en ese momento. El sendero por donde se asciende, es bastante abrupto, por lo que es preciso tener cuidado al pisar, el suelo mojado se torna muy resbaladizo, el uso del bastón para asegurar la estabilidad es esencial en este tipo de terreno.
El paisaje que se ofrecía a la vista no era el que se apreciaba en los tramos inferiores, las acacias y talas ya no se ven, tampoco el quebracho, solo pastizales de altura y algunos tabaquillos.
La lluvia seguía golpeando la campera impermeable cuando logró acceder al cuarto descanso a 1450 metros de altura, lugar llamado la Quebrada del viento, una escala obligada en el objetivo de alcanzar la cima. Había obviado los descansos anteriores, se sentó en una piedra al amparo de una gran roca de forma extraña y unos arbustos con tupidas ramas; debía recuperar fuerzas. Consumió algunas vituallas y bebió bastante agua, estaba sediento y sentía seca la garganta, respiró hondo varias veces con los brazos levantados para oxigenarse, a pesar de no encontrarse a una altura demasiado elevada, sentía la falta de aire.
El sendero hacia la cumbre comenzaba a faldear el cerro por la parte opuesta. Siguió avanzando, el próximo descanso era una explanada natural en el paraje llamado Valle de los Espíritus a 1570 metros de altura, muy cerca de la cima, apenas 400 metros.
Suponía estar solo en el intento, después de la actitud asumida por sus ocasionales compañeros no había visto a nadie en todo el trayecto, ni en el ascenso o regresando de la cima; consideraba como un acto de sensatez la deserción masiva debido a las inclemencias del tiempo.
Sin embargo alguien más había en la soledad del cerro
.
Continuó con la ascensión, comenzaba el esfuerzo final antes de la cumbre. Marchaba por donde el sendero se convierte en un camino de cornisa muy angosto, lindante a un lado con el macizo pétreo del cerro y con un barranco en el opuesto. De pronto ve con asombro, que se materializa la silueta de un hombre que transita por el mismo camino precediéndolo. Aunque la visión era insuficiente debido a la bruma causada por la pertinaz llovizna, no le impidió apreciar que iba vestido con una especie de buzo de color gris metalizado y que no cargaba mochila en su espalda; los separaba un trecho de unos cincuenta metros. Intrigado, apuró el paso con intención de alcanzarlo, pero fue inútil, la distancia entre ambos siempre era la misma y esto continuó ocurriendo aun cuando aceleró más la marcha, hasta que de improviso vio estupefacto que la figura se esfumaba, evaporándose hasta que desapareció por completo.
Algo fantástico y sorprendente, estaba confundido, en el lugar donde había ocurrido la desaparición, todo era normal, solo algo le llamó la atención.
En la piedra, propia ladera del cerro, estaban grabados dos triángulos superpuestos e invertidos, ambos contenidos dentro de un óvalo que los circundaba. Se preguntó: ¿Que significaran esos triángulos? no encontró la respuesta.
Se estaba haciendo tarde, no quería que lo sorprendiera la oscuridad que con la cerrazón se anticiparía. Continuó el camino hasta que alcanzó la cumbre, se consideró satisfecho, había logrado uno de los objetivos.
¿Uno? Si, el otro era la certeza que tenía de lograr una señal al menos, relacionada con los tripulantes de la nave misteriosa de aquella noche del año 2010, única razón por la cual estaba ahí.
Dejó su nombre grabado en la cruz que existe en la cima, agradeciendo el haber logrado la satisfacción de poder hacerlo. El retorno debía hacerlo por la misma senda que hubo transitado, donde estaban grabados los triángulos; así fue que llegado al lugar se detuvo frente a ellos.
Un impulso interno lo incitó a que los palpara; posó su mano sobre el grabado y fue en ese instante que oyó o le pareció escuchar la voz de su esperanza interna que le decía: "Si tu deseo es volver, hazlo cuando estés dispuesto"
Todo cerraba, la misteriosa desaparición del extraño personaje, el grabado de los triángulos y la necesidad de querer tocarlos. No tuvo dudas, emprendió el camino de regreso. El segundo objetivo de su viaje se había cumplido, la decisión de que hacer en el futuro dependía de el mismo.
Transitar por un sendero descendente es más difícil que remontarlo, hay que asegurar cada paso que se da, un error puede significar una caída, por lo general de un riego mayor que cuando se asciende, puesto que por su propio peso el cuerpo tiende a rodar en la pendiente. El tiempo insumido fue similar al del ascenso, consiguió hacerlo sin dificultad y por fin llegar a la base del cerro.
Luego, en la soledad de la cabaña trató de ordenar sus pensamientos, no lo logró. El desgaste físico causado por el esfuerzo más los inesperados sucesos de los que fue protagonista, motivaron la causa por la que exhausto, se dejó caer en el lecho y en instantes sumergirse en un sueño profundo.
He tratado de que este relato sea el compendio más palmario a los hechos que Dalmacio me confió al regreso de su azarosa travesía, en un encuentro que tuvimos sugerido por el mismo, donde me confesó lo acontecido. Un encuentro que ha significado para mí la despedida de un amigo que se marcha hacia un mundo ignoto, convencido de que tendrá acceso a una civilización más culta y perceptiva, donde las mezquindades humanas no existen y los seres que la componen viven en perfecta armonía; que tal vez físicamente sean similares a nosotros, pero donde el cociente de inteligencia, es muy superior al nuestro.
La puerta está abierta, se que Dalmacio me tendrá siempre presente, sabe que mi deseo es que sus aspiraciones se cumplan y sea feliz en ese mundo intangible de otra dimensión.
Nos despedimos con un abrazo y con su promesa de comunicarnos en un futuro próximo, que depende de él, porque en lo que ha mi respecta, seguiré siendo un simple y desconocido ser humano que la única comunicación telepática o algo semejante, para mi sorpresa, existe con mi perro que cuando lo miro entiende lo que quiero.
Claro, él es más perceptivo que yo.
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3 comentarios
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#2 Re: Un cuento fantástico (fragmento)
Vigía, muy prometedor... espero la secuela!
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#3 Re: Un cuento fantástico (fragmento)
Gracias Lidy. Depende de la comunicación que reciba de Dalmasio, si es que lo hace, creo que lo hará, lo que no me imagino es como. Pienso que tal vez me invite a dar un paseo en Ovni, mientras me cuenta. Estaría bueno.
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#4 Re: Un cuento fantástico (fragmento)
Pero vos dijiste que era un fragmento... De todas formas, y si podés ir a pasear en OVNI no dejes de contarme.