“las pasiones de silvino” o “la esperanza perdida”

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    #1 “las pasiones de silvino” o “la esperanza perdida”
    EL CURUXÍN D’ASTURIES
    José Ramón Muñiz Álvarez
    “LAS PASIONES DE SILVINO” O “LA ESPERANZA PERDIDA”
    (Juguete cómico)


    JORNADA PRIMERA
    Junto a la playa de Samil.

    ESCENA I

    Llegan Silvino y Antonia.

    SILVINO-. Mientras la aurora despierta
    con su discreta malicia,
    llega la brisa a Galicia,
    cuajada de bruma incierta.
    Y ve la villa desierta
    a los más madrugadores.
    ANTONIA-. Que ya los trabajadores
    caminan, con la alborada,
    por esa senda callada
    que despierta a los albores.

    Y dicen en los pesqueros
    los más viejos pescadores,
    que, llegados los albores,
    corren el cielo luceros.
    Mas, entre tantos plateros,
    saben el mar enemigo.
    SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
    de las batidas del viento,
    contemplan el firmamento
    en las mañanas de Vigo.

    Y ya cantan los villares
    con esa dulce alegría
    que trae la mañana fría
    a los distintos lugares;
    que no lejos de los mares
    ya se admiran los albores.
    ANTONIA-. Que ya los trabajadores
    caminan, con la alborada,
    por esa senda callada
    que despierta a los albores.

    Mirando, desde la orilla,
    las verdes aguas del mar,
    se ve la luz despertar
    de la mañana que brilla.
    Toda la gente sencilla
    de la alborada es testigo.
    SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
    de las batidas del viento,
    contemplan el firmamento
    en las mañanas de Vigo.

    Porque quiere la belleza
    mostrar mayor hermosura
    donde admira la figura,
    la blancura y la pureza.
    Si lenta se despereza,
    se viste de resplandores,
    ANTONIA-. Que ya los trabajadores
    caminan, con la alborada,
    por esa senda callada
    que despierta a los albores.

    Y de amores las canciones
    entonan bellas muchachas,
    cuyas voces vivarachas
    hablan de viejas pasiones.
    Hablan de odios y traiciones
    que ayer vio el amor amigo.
    SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
    de las batidas del viento,
    contemplan el firmamento
    en las mañanas de Vigo.

    Que la luz quiere del día
    en su grato despertar
    ver la llama concentrar
    su preciosa gallardía,
    pues le da más nombradía
    el pincel de sus colores.
    ANTONIA-. Que ya los trabajadores
    caminan, con la alborada,
    por esa senda callada
    que despierta a los albores.

    Y el amor cantan mujeres
    de extraordinaria belleza,
    que, sin ninguna torpeza,
    saben cantar los quereres,
    que todos esos placeres
    quieren las mozas consigo.
    SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
    de las batidas del viento,
    contemplan el firmamento
    en las mañanas de Vigo.

    Que todo se vuelve canto
    y es el canto la emoción
    que arrebata el corazón
    con un mágico quebranto.
    Pues es lírico ese manto
    de encendidos resplandores.
    ANTONIA-. Que ya los trabajadores
    caminan, con la alborada,
    por esa senda callada
    que despierta a los albores.

    SILVINO-. ¿Ves ese rincón hermoso
    donde parece que calla
    hasta el rumor en la playa
    que besa el mar anchuroso?
    Bello lugar y espacioso,
    este Samil hechizado,
    donde mil veces he estado,
    es el lugar escogido.
    ANTONIA-. ¿Pero por qué me has traído
    a este lugar apartado?

    SILVINO-. Porque quiero ser discreto,
    que no he de ser escuchado
    por quien venga despistado
    y se entere de un secreto.
    Quiero con mucho respeto
    decirlo ya, y, atrevido,
    suelto la lengua y decido
    declararte que te quiero.
    ANTONIA-. Broma será a lo que espero.
    ¿N o estás ya comprometido?

    SILVINO-. Este amor se enciende fuerte
    en las honduras del pecho,
    que vivo de mi despecho,
    esperanzado en la muerte:
    es una pasión, y advierte
    que en quien vive la pasión
    más ancho es el corazón
    y más grande el amorío,
    pero también el vacío
    de la desesperación.

    ANTONIA-. Pienso que es un disparate
    declararme tal amor.
    SILVINO-. Del coraje y el dolor
    ahora mismo soy debate.
    ¿Es preciso que me mate
    este mal que me atosiga,
    si la esperanza que abriga
    este pecho es tan sincera?
    Mas quien ama desespera
    sin temor a la fatiga.

    ANTONIA-. Mala cosa es el querer,
    y, por ser malo el amor,
    no quiero sentir dolor
    en mi pecho de mujer.
    SILVINO-. Mas eso no puede ser,
    porque el amor mortecino,
    al cruzarse en mi camino,
    me impone este mandamiento.
    ANTONIA-. Pues regálaselo al viento,
    ya que corre peregrino.

    SILVINO-. El amor quiere el amor,
    solo el desdén al rechazo,
    y, de un mísero plumazo,
    flechado estoy en su honor.
    No comprendes el fulgor
    que en mi prende la alborada
    cuando miro, alborotada,
    tanta luz en el verano.
    ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
    porque no soy tan osada.

    SILVINO-. Debes ceder a mi ruego
    y mostrar tu cortesía,
    porque lleno de poesía
    el alma entera te entrego.
    Mi paz te doy, mi sosiego,
    pues soy alma desdichada
    cuando miro, alborotada,
    tanta luz en el verano.
    ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
    porque no soy tan osada.

    SILVINO-. Debes hacer lo que digo,
    que es lo bueno siempre justo,
    y no es bien este disgusto
    a quien es de amor mendigo.
    De esta manera, el abrigo
    cobro en el alma agitada
    cuando miro, alborotada,
    tanta luz en el verano.
    ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
    porque no soy tan osada.

    SILVINO-. Y quien atento suspira
    por un amor que no ofreces,
    piensa que sí lo mereces,
    sin saber bien si delira.
    Pero, verdad o mentira,
    siento tu magia dorada
    cuando miro, alborotada,
    tanta luz en el verano.
    ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
    porque no soy tan osada.

    SILVINO-. Mas no quieras rechazar
    este cumplido regalo,
    de quien ignora si es malo,
    mas sabe feliz amar.
    Y no debes evitar
    que serás siempre mi amada,
    cuando miro, alborotada,
    tanta luz en el verano.
    ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
    porque no soy tan osada.

    SILVINO-. Mira la naturaleza
    que nos sonríe dichosa,
    y esa senda que, gozosa,
    mira el cielo y su pureza.
    Mira el brillo que ya empieza
    a dibujar la mañana,
    y la mancha soberana
    que, con tanta claridad,
    nos enseña la verdad
    con su sonrisa lejana.

    Así juntos y felices
    quiero saber que estaremos,
    y pensar que viviremos
    como amantes.
    ANTONIA-. ¡Qué me dices!
    SILVINO-. Di ya que mi amor bendices,
    que lo quieres aceptar,
    que nos queda disfrutar
    y compartir un destino.
    ANTONIA-. Semejante desatino
    no lo puedo tolerar.

    SILVINO-. Mira los mares callados,
    el reflejo bullicioso
    de ese sol que, jubiloso,
    brilla en mares apartados.
    Ve los tonos apagados,
    los colores de las playas
    bajo las negras grisallas
    del oscuro nubarrón
    que canta en mi corazón
    el temor de que te vayas.

    Mira el mar, las caracolas
    que parecen ver risueñas
    esos sueños que no sueñas
    si no sueñas con las olas.
    Porque, si estamos a solas,
    es para ver este hechizo,
    que en el verano el granizo,
    en el invierno las flores
    son para mí los amores,
    si es que el amor me deshizo.

    Pero dispón que el amor
    es el destino a esperar,
    que no quiero impacientar
    tu prudencia y tu temor.
    Llena el alma de valor
    y pregunta a tu conciencia
    qué es locura y qué prudencia
    para elegir la locura,
    si la prudencia te apura
    a dejarme ante tu ausencia.

    ANTONIA-. Los males son y pasiones
    del amor tan inquietantes
    que en unos breves instantes
    se quiebran los corazones.
    Ha vencido mil naciones
    su susurro compungido,
    que el amor es atrevido
    como su duro dolor,
    y más daño hace el amor
    que la serpiente en su nido.

    ESCENA II

    Aparece Paulina.

    PAULINA-. ¿Qué le ocurre hoy a Silvino,
    pues que está tan alterado,
    que lo admiro en este estado
    a la vera del camino?
    Con un tono peregrino
    lo oigo hablar de su fulgor:
    no es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    ANTONIA-. El amor, que, en su locura,
    mucha gente ha trastornado,
    lo ha dejado en este estado,
    porque al amor me apresura.
    Pero no cabe cordura
    en quien grita su furor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    PAULINA-. No es bueno el amor forzado,
    que es mejor no complicar
    cuanto confunde el amar
    con el deseo alocado.
    Nunca está justificado
    que se imponga con temor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    Por eso digo, Silvino,
    que no seas insistente
    con esta mujer prudente
    que ha de seguir su camino.
    Sentimiento peregrino,
    es poderoso señor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    Por eso la has de dejar,
    que sabrá hacer lo que quiera
    cuando Cupido la hiera,
    porque el amor es errar.
    Que más fuerza tiene el mar
    y no puede su furor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    SILVINO-. Dueño soy de un sentimiento
    que es temible y poderoso,
    que ni la fuerza del oso
    puede con él en el viento.
    Un sentimiento violento
    se desata en mi valor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    Y, siendo Cupido mío,
    pues estos son mis amores,
    muero yo por los dolores,
    pero me lleno de brío.
    Si de mañana hace frío,
    yo solo siento calor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    Por eso lloro esta pena
    y contento me lamento,
    que mi lamento es contento
    y el alma encendida llena.
    Tengo amorosa la vena
    y he de ser su servidor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    ANTONIA-. No he de estar yo forzada
    a que me obliguen a amar,
    porque, con tanto halagar,
    no vino yo enamorada.
    No siento en mi pecho nada
    ni arde en mi ningún fulgor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    PAULINA-. Debe ser la libertad
    la que dicte, en la ocasión,
    lo que manda el corazón
    para su felicidad.
    Por eso no es gran bondad
    imponerlo con furor.
    No es un juguete el amor,
    que, con sus dientes de armiño,
    aunque Cupido es un niño,
    puede causar gran dolor.

    ESCENA III

    Dejan solo a Silvino y se van, aparece Carlos, que viene cantando.

    CARLOS-. Habladme, playas serenas
    que besa la brisa fría,
    si a viejos vientos marinos
    les dijo luz del día,
    dónde se esconde el amor.
    Habladme, playas del norte,
    llenas de brisa callada,
    si a las fuertes tempestades
    les susurró la alborada,
    dónde se esconde el amor.

    Contadme, brumas que el alba
    encontró, siempre sombría,
    si a los vientos y las olas
    descubrió la luz que ardía
    dónde se esconde el amor.
    Contadme, nieblas del cielo
    que sorprende la alborada,
    si a las olas y los vientos
    descubrió la luz dorada
    dónde se esconde el amor.

    Y decidme, horas de espuma
    de la noche que moría,
    si al acantilado dijo
    la luna que allí moría
    dónde se esconde el amor.
    Y decidme, olas serenas
    de la noche ya acabada,
    si a los precipicios dijo
    la luna, al ser derrotada,
    dónde se esconde el amor.

    SILVINO-. Hermoso canto que suena
    a música celestial
    en quien de amor siente el mal
    y con amor se envenena.
    CARLOS-. Yo canto a la luna llena
    mi canción de cantautor,
    cuando lo pide el amor
    por esta bendita tierra,
    que hasta me dice Joserra
    que lleno vivo de amor.

    SILVINO-. Pues ya que estoy por sufrir
    a causa de los quereres,
    pues malas son las mujeres,
    otra canción he de oír.
    No me puedo resistir,
    apreciado compañero,
    porque cuando pienso quiero,
    y me evade de amoríos
    esa música con bríos
    que ilumina el mundo entero.

    CARLOS-. Nunca es mala la mujer
    ni malos son los amores,
    si nos llenan de primores
    y son fuente de placer.
    Y, pues quiere el niño hacer,
    pues es travieso Cupido,
    de tanto amor un cumplido,
    en tamaño sufrimiento
    puede ser amor el viento
    y estar feliz y vencido.

    Misterioso niño alado
    que nos dispara su flechas,
    sabe inspirar las endechas
    del amor más desgraciado.
    Así me admiro apagado,
    luego me siento vencido.
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    Este es su vivo retrato
    en un lienzo de cristal,
    que, como me quiere mal,
    me somete a ese maltrato.
    Me resigno al arrebato,
    entre triste y complacido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    SILVINO-. Esta es la descortesía
    con que valiente apuñala,
    y hasta el corazón escala
    desde la noche hasta el día.
    Es enorme su osadía
    que me tiene arrepentido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    De modo que he de decir
    que, desde que me ha hallado,
    triste yo y desangelado,
    no he dejado de sufrir.
    Mas le puede divertir
    Verme triste y aburrido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    CARLOS-. Por amor pierde la vida
    el caballero sensato,
    dejándose al arrebato
    de la pasión encendida,
    de la llama que abatida
    deja el alma en el olvido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    Por amor el más prudente
    (por no decir el cobarde),
    la furia volverse alarde
    deja como impertinente.
    Y con un aire indulgente
    Suele mirarlo Cupido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    SILVINO-.Por amor es la locura
    lo que lleva a los amantes
    a los sueños delirantes,
    que el amor no tiene cura.
    Toda energía se apura
    por un desagradecido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    Por amor ven los pinceles
    del alba con su pureza
    toda la naturaleza
    sometida a sus corceles.
    Y son los amores crueles
    para quien no es precavido.
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    CARLOS-. Es amor un ángel bello,
    pero suele ser muy cruel,
    que incluso a quien le es más fiel
    suele flechar en el cuello.
    Es fulgurante destello
    su gracejo y sinsentido,
    que es tanto amor un cumplido
    en tamaño sufrimiento
    y amor puede ser el viento
    y estar feliz y vencido.

    2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
    “Las pasiones de Silvino”
    o “La esperanza perdida”
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    #2 Re: “las pasiones de silvino” o “la esperanza perdida”
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    JORNADA SEGUNDA

    En cualquier calle o avenida de Vigo.

    ESCENA IV

    Silvino deambula perdido por las calles.

    SILVINO-. Finge el amor la belleza
    y se torna sufrimiento,
    que es el amor descontento
    disfrazado de pureza.
    Pero en la naturaleza
    quiero contento encontrar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Finge el amor la hermosura
    y se torna en triste llanto,
    como burla del encanto
    que se esconde en su dulzura.
    Pero, si febril se apura,
    luego suele bostezar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Y es el que se dice amor,
    cuando es todo lo contrario,
    que este niño estrafalario
    es un cruel estafador.
    Lleno de triste dolor,
    no cesaré de llorar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Y es que es cruel y traicionero,
    miserable y mentiroso,
    amigable y peligroso,
    riguroso con su fuero.
    Mayores dones espero
    cuando lo miro llegar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Y en esto también apelo
    a su no poca maldad,
    que la misma claridad
    tiene temor en el cielo.
    Es un alado de hielo
    cuando nos quiere flechar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Y lo suscribe la aurora,
    que la alborada suscribe
    esos llantos que recibe,
    las tristezas sin demora.
    Y la dicha se evapora,
    yendo el sol a despertar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    De modo que mis dolores
    quiero por fin con firmeza
    olvidar en la belleza
    de los tiernos resplandores,
    que, mirando los albores,
    algo empiezo a sospechar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Así escapo yo del duelo
    que me impone aquí el amor,
    que su secreto dolor
    ya me arrastra por el suelo.
    Busco e vano mi consuelo
    en cantar este cantar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Y, pues me falla el aliento,
    no pudiera repetir
    este afán por no sentir
    ese brillo ceniciento,
    que entre grisallas el viento
    nos hace ya despertar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    Y, tanto llora el amante
    cuando se ve entristecido,
    que es su música el sonido
    de su llanto delirante.
    Es la maldad inquietante
    del amor lo que ha de hablar,
    mientras veo clarear
    las bellezas del paisaje,
    que el amor, con su coraje,
    gusta en hacernos pagar.

    ESCENA V

    Aparece Paulina con Antonia.

    PAULINA-. Siempre será una delicia
    aprovechar la mañana,
    y de hacerlo tengo gana,
    que esto es cosa que me envicia.
    Y los vinos de Galicia
    son el más dulce camino.
    LAS DOS-. No hay nada como ese vino
    que al alma da su despego,
    que suele el “viño galego”
    ser alegre y peregrino.

    ANTONIA-. Es que ese bar del Berbés
    es rincón maravilloso
    donde sabe el espumoso
    a los mares que allí ves.
    PAULINA-. El espumoso después,
    cuando llegue mi vecino.
    LAS DOS-. No hay nada como ese vino
    que al alma da su despego,
    que suele el “viño galego”
    ser alegre y peregrino.

    El caso es que te decía
    que suelen ser muy pesados
    los hombres enamorados
    desde la noche hasta el día.
    ANTONIA-. No será que eres tan fría
    Como me dice Silvino?
    LAS DOS-. No hay nada como ese vino
    que al alma da su despego,
    que suele el “viño galego”
    ser alegre y peregrino.

    PAULINA-. Mira cómo en esa esquina
    permanece vigilante
    el idiota delirante
    que ante tus plantas se inclina.
    ANTONIA-. Ya lo dijo mi vecina:
    “ese tonto de Silvino”.
    LAS DOS-. No hay nada como ese vino
    que al alma da su despego,
    que suele el “viño galego”
    ser alegre y peregrino.

    SILVINO-. Tiene Paulina razón
    en cuanto dice, que, al fin,
    por amor de un serafín,
    busco mi propia traición.
    Y vivo esta sinrazón,
    esperando mi destino.
    LOS TRES-. No hay nada como ese vino
    que al alma da su despego,
    que suele el “viño galego”
    ser alegre y peregrino.

    ESCENA VI

    Se va Paulina.

    ANTONIA-. En ese mar espacioso
    caber quisiera el amor,
    pero, si entraña dolor,
    nunca será el mar hermoso.
    Yo, contenta en mi reposo,
    Tanto tengo que pensar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Quiero yo tanto a Silvino
    que, como nadie imagina,
    me tendría por mezquina
    porque tanto lo margino.
    Pensamiento peregrino,
    tú me conduces a amar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Muchas veces he pensado
    si no es mejor conceder
    ese amor, como mujer,
    al muchacho desdichado.
    Pero, pues esto ha pasado,
    No lo habré de lamentar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Y es que en el fondo me apena
    dañar tanto al jovenzuelo,
    que clama a la luz del cielo
    y llora a la luna llena.
    Pero es que intención tan buena
    no se debe sustentar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Y a veces siento el regusto
    de verlo sentir el daño,
    que mantener el engaño
    parece menos que justo.
    Que sufra bien su disgusto,
    que así más me habrá de amar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Y el desdén y la traición
    son pecados de mujer,
    para quien lo sepa ver,
    como dice la canción.
    Solo un fiero corazón
    es quien se puede escapar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Y hasta yo siento dolores
    en el fondo de mi pecho,
    que, dolida del despecho,
    me enredo yo con amores.
    ¿No sufro yo estos dolores
    que me pueden delatar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar?

    Así pues, estoy contenta
    con el desdén que lo anima,
    que bien es que se redima
    el que tanto se lamenta.
    Y si la desdicha inventa
    el amor, habrá de hablar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    Por eso digo tranquila
    que, si de amores flechado,
    más lo quiero en ese estado
    donde Cupido vigila,
    que su veneno destila
    cuando quiere disparar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    En suma, que no diré
    que yo vivo eamorada
    como la misma alborada,
    si temprano se la ve.
    He de gritarlo yo a fe,
    pues lo quiero enamorar,
    porque debe desdeñar
    la mujer cuando es amada,
    pues la ocasión celebrada
    debe siempre aprovechar.

    ESCENA VII

    Antonia se va. Llega luego Carlos, que se encuentra con Manuel.

    MANUEL-. No hubo mayor hermosura
    en esta tierra que el beso
    que el alba deja travieso,
    quebrando la noche oscura.
    Y deslumbra su figura
    tornándose en luces mil,
    que, en la playa de Samil,
    el mismo brillo bermejo
    puede dejar un reflejo
    que es el mismo que en el Sil.

    CARLOS-. Tras tanto tiempo, Manuel,
    nos volvemos a encontrar,
    tras haber ido a parar
    a aquel dichoso vergel;
    un lugar que, siempre fiel,
    ha de tener mi cariño,
    porque, con alma de niño,
    como si del lugar fuera,
    prendió en mi ser la Cabrera,
    salvaje como un armiño.

    ¿Recuerdas esos rincones
    aquel entorno tan bello
    y los vasos de Godello
    que alegraban corazones?
    MANUEL-. Entonces las ilusiones
    se mezclaban al Mencía,
    que tenía la osadía
    de alegrar al peregrino.
    CARLOS-. Siempre a amistad supo el vino
    que se mezcla a la alegría.

    MANUEL-. ¿Y el camino de Quereño
    lo han movido o sigue allí?
    CARLOS-. Allí sigue, amigo, sí,
    raro paisaje de ensueño.
    MANUEL-. No fue nunca mal empeño
    frecuentar tierra berciana,
    si bien era la mañana
    como la noche más fría,
    y el invierno descendía
    como la helada temprana.

    CARLOS-. ¡Dulces tiempos del ayer
    que se fueron sin testigo,
    pero que, estando aquí en Vigo,
    miro a lo lejos volver!
    Que quiere el amanecer,
    entre brisas repentinas,
    con sus extrañas neblinas
    que reviva lo pasado
    en un lugar aparado
    de ilusiones peregrinas…

    Claros días y brumosos
    que, dichosos, han venido
    a despertar lo vivido
    en otros tiempos dichosos.
    MANUEL-. Siempre fuisteis quejumbrosos
    los poetas que hacéis verso,
    porque sé que cada verso
    tiene nubes de morriña
    del hombre que se encariña
    con afán raro y perverso.

    CARLOS-. Pero vamos de camino
    a buscar algún lugar
    donde se pueda tomar
    el vino que sabe a vino,
    porque vienes peregrino,
    porque peregrino vienes,
    peregrino te entretienes
    y así peregrino llegas
    a estas costas, estas vegas
    que paz son para mis bienes.

    Vente conmigo y te invito
    en la bodega cercana
    a pasar esta mañana
    y a comer un buen cabrito.
    De verte me felicito,
    que no es poca dicha verte,
    pues trae la amistad la suerte,
    y la suerte la alegría.
    MANUEL-. Vamos, que se nubla el día.
    CARLOS-. Un placer es retenerte.

    En el mundo hay un tesoro
    que debe ser descubierto,
    porque el sol, siempre despierto,
    lo hace brillar como el oro.
    Tú ya sabes cómo adoro
    los afectos personales.
    MANUEL-. Son ricos los manantiales
    que nos dan felicidad:
    salud, trabajo, amistad…
    CARLOS-. No existen cosas iguales.

    Vayamos pues a beber
    una jarra de buen vino,
    que no se vuelva mezquino
    este dulce amanecer.
    Luego iremos a comer
    un buen cabrón del lugar,
    pues te quiero convidar
    a lo mejor de Galicia.
    MANUEL-. El cabrito es gran delicia.
    CARLOS-. Pues lo habremos de yantar.

    ESCENA VIII

    Pasa Silvino caminando.

    Es temprano, y, en la mar,
    tiene su fuego la aurora,
    que de los cielos señora,
    quiere en sus aguar brillar.
    Busco solo ese lugar
    donde encontrar un amigo,
    por estas calles de Vigo,
    cuajadas por la hermosura
    que en altos cielos se apura
    con la aurora por testigo.

    Ya se llenan de destellos
    las claridades del día,
    llega ya la brisa fría,
    que viene a morir en ellos.
    Mezcla los grises plebeyos
    con un color manchadizo,
    porque lo sabe el hechizo
    que llena de luz el puerto,
    que, en el horizonte incierto,
    otra noche se deshizo.

    Que ya están los pescadores
    pidiéndole mil mercedes
    a ese sol que ve sus redes,
    tras ver tantos resplandores.
    Y aquí yo, con los albores,
    llorando al amor mendigo,
    por estas calles de Vigo,
    cuajadas por la hermosura
    que en altos cielos se apura
    con la aurora por testigo.

    Vienen las lanchas colmadas
    de pescado hacia el vivero
    donde dejan del pesquero
    todas las presas cobradas,
    mientras las luces doradas
    toman un oro rojizo,
    porque lo sabe el hechizo
    que llena de luz el puerto,
    que, en el horizonte incierto,
    otra noche se deshizo.

    Porque, en caso tan extraño,
    con mis pasos me entretengo,
    de los males me prevengo
    y un poco alivio mi daño.
    Y me miran como huraño
    a quienes mis males digo.
    Por estas calles de Vigo,
    cuajadas por la hermosura
    que en altos cielos se apura
    con la aurora por testigo.

    Y nace por fin la vida,
    Sale a la calle la gente,
    mas, como quien está ausente,
    sigo yo por la avenida,
    que, la esperanza perdida,
    todo me es antojadizo,
    porque lo sabe el hechizo
    que llena de luz el puerto,
    que, en el horizonte incierto,
    otra noche se deshizo.

    Tristes canciones ofrece
    en sus liras el amor,
    del que ya soy trovador,
    si su suerte me enflaquece.
    Todo mi ser oscurece
    mientras el camino de sigo
    por estas calles de Vigo,
    cuajadas por la hermosura
    que en altos cielos se apura
    con la aurora por testigo.

    Y es que duelen los amores
    cuando el pecho queda herido,
    cuando se siente encendido
    por extraños resplandores.
    Del amor son los rumores
    menos que el oro cobrizo,
    porque lo sabe el hechizo
    que llena de luz el puerto,
    que, en el horizonte incierto,
    otra noche se deshizo.

    Que miran los ventanales
    a este triste enamorado
    que el puerto corre cansado,
    viendo luces matinales.
    Y los brillos celestiales
    a su pena dan abrigo,
    por estas calles de Vigo,
    cuajadas por la hermosura
    que en altos cielos se apura
    con la aurora por testigo.

    Y, como amante lamento
    este dolor que me aterra,
    que es mi vida dura guerra
    con tan duro sufrimiento.
    Y me resigno al tormento
    y así me desautorizo,
    porque lo sabe el hechizo
    que llena de luz el puerto,
    que, en el horizonte incierto,
    otra noche se deshizo.

    Sueño yo con el dolor
    que a otros la dicha regala,
    pero que a mí no me iguala
    porque sienta su furor.
    Es la pena del amor
    la que me da este tormento,
    y, lamentándome, siento
    que en los afanes me abraso,
    contemplando mi fracaso
    y mi duro sufrimiento.

    De esta manera me miro
    como un hombre quejumbroso,
    como un ser que, misterioso,
    se debate en un suspiro.
    A nada, llorando, aspiro,
    que todo sed y tristeza,
    sufro ya por la pereza
    que el desánimo produce,
    que ya el alma se conduce
    por esta espesa maleza.

    Contadme, playas serenas
    que besa la brisa fría,
    si a viejos vientos marinos
    les dijo luz del día,
    dónde se esconde el amor.
    Contadme, playas del norte,
    llenas de brisa callada,
    si a las fuertes tempestades
    les susurró la alborada,
    dónde se esconde el amor.

    Contadme, brumas que el alba
    encontró, siempre sombría,
    si a los vientos y las olas
    descubrió la luz que ardía
    dónde se esconde el amor.
    Contadme, nieblas del cielo
    que sorprende la alborada,
    si a las olas y los vientos
    descubrió la luz dorada
    dónde se esconde el amor.

    Y decidme, olas de espuma
    de la noche que moría,
    si al acantilado dijo
    la luna que allí lucía
    dónde se esconde el amor.
    Y decidme, olas serenas
    de la noche ya acabada,
    si a los precipicios dijo
    la luna, al ser derrotada,
    dónde se esconde el amor.

    2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
    “Las pasiones de Silvino” o “La esperanza perdida”
    TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.