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#1 “las pasiones de silvino” o “la esperanza perdida”
“LAS PASIONES DE SILVINO” O “LA ESPERANZA PERDIDA”
Junto a la playa de Samil.
ESCENA I
Llegan Silvino y Antonia.
SILVINO-. Mientras la aurora despierta
con su discreta malicia,
llega la brisa a Galicia,
cuajada de bruma incierta.
Y ve la villa desierta
a los más madrugadores.
ANTONIA-. Que ya los trabajadores
caminan, con la alborada,
por esa senda callada
que despierta a los albores.
Y dicen en los pesqueros
los más viejos pescadores,
que, llegados los albores,
corren el cielo luceros.
Mas, entre tantos plateros,
saben el mar enemigo.
SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
de las batidas del viento,
contemplan el firmamento
en las mañanas de Vigo.
Y ya cantan los villares
con esa dulce alegría
que trae la mañana fría
a los distintos lugares;
que no lejos de los mares
ya se admiran los albores.
ANTONIA-. Que ya los trabajadores
caminan, con la alborada,
por esa senda callada
que despierta a los albores.
Mirando, desde la orilla,
las verdes aguas del mar,
se ve la luz despertar
de la mañana que brilla.
Toda la gente sencilla
de la alborada es testigo.
SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
de las batidas del viento,
contemplan el firmamento
en las mañanas de Vigo.
Porque quiere la belleza
mostrar mayor hermosura
donde admira la figura,
la blancura y la pureza.
Si lenta se despereza,
se viste de resplandores,
ANTONIA-. Que ya los trabajadores
caminan, con la alborada,
por esa senda callada
que despierta a los albores.
Y de amores las canciones
entonan bellas muchachas,
cuyas voces vivarachas
hablan de viejas pasiones.
Hablan de odios y traiciones
que ayer vio el amor amigo.
SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
de las batidas del viento,
contemplan el firmamento
en las mañanas de Vigo.
Que la luz quiere del día
en su grato despertar
ver la llama concentrar
su preciosa gallardía,
pues le da más nombradía
el pincel de sus colores.
ANTONIA-. Que ya los trabajadores
caminan, con la alborada,
por esa senda callada
que despierta a los albores.
Y el amor cantan mujeres
de extraordinaria belleza,
que, sin ninguna torpeza,
saben cantar los quereres,
que todos esos placeres
quieren las mozas consigo.
SILVINO-. Que, poniéndose al abrigo
de las batidas del viento,
contemplan el firmamento
en las mañanas de Vigo.
Que todo se vuelve canto
y es el canto la emoción
que arrebata el corazón
con un mágico quebranto.
Pues es lírico ese manto
de encendidos resplandores.
ANTONIA-. Que ya los trabajadores
caminan, con la alborada,
por esa senda callada
que despierta a los albores.
SILVINO-. ¿Ves ese rincón hermoso
donde parece que calla
hasta el rumor en la playa
que besa el mar anchuroso?
Bello lugar y espacioso,
este Samil hechizado,
donde mil veces he estado,
es el lugar escogido.
ANTONIA-. ¿Pero por qué me has traído
a este lugar apartado?
SILVINO-. Porque quiero ser discreto,
que no he de ser escuchado
por quien venga despistado
y se entere de un secreto.
Quiero con mucho respeto
decirlo ya, y, atrevido,
suelto la lengua y decido
declararte que te quiero.
ANTONIA-. Broma será a lo que espero.
¿N o estás ya comprometido?
SILVINO-. Este amor se enciende fuerte
en las honduras del pecho,
que vivo de mi despecho,
esperanzado en la muerte:
es una pasión, y advierte
que en quien vive la pasión
más ancho es el corazón
y más grande el amorío,
pero también el vacío
de la desesperación.
ANTONIA-. Pienso que es un disparate
declararme tal amor.
SILVINO-. Del coraje y el dolor
ahora mismo soy debate.
¿Es preciso que me mate
este mal que me atosiga,
si la esperanza que abriga
este pecho es tan sincera?
Mas quien ama desespera
sin temor a la fatiga.
ANTONIA-. Mala cosa es el querer,
y, por ser malo el amor,
no quiero sentir dolor
en mi pecho de mujer.
SILVINO-. Mas eso no puede ser,
porque el amor mortecino,
al cruzarse en mi camino,
me impone este mandamiento.
ANTONIA-. Pues regálaselo al viento,
ya que corre peregrino.
SILVINO-. El amor quiere el amor,
solo el desdén al rechazo,
y, de un mísero plumazo,
flechado estoy en su honor.
No comprendes el fulgor
que en mi prende la alborada
cuando miro, alborotada,
tanta luz en el verano.
ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
porque no soy tan osada.
SILVINO-. Debes ceder a mi ruego
y mostrar tu cortesía,
porque lleno de poesía
el alma entera te entrego.
Mi paz te doy, mi sosiego,
pues soy alma desdichada
cuando miro, alborotada,
tanta luz en el verano.
ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
porque no soy tan osada.
SILVINO-. Debes hacer lo que digo,
que es lo bueno siempre justo,
y no es bien este disgusto
a quien es de amor mendigo.
De esta manera, el abrigo
cobro en el alma agitada
cuando miro, alborotada,
tanta luz en el verano.
ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
porque no soy tan osada.
SILVINO-. Y quien atento suspira
por un amor que no ofreces,
piensa que sí lo mereces,
sin saber bien si delira.
Pero, verdad o mentira,
siento tu magia dorada
cuando miro, alborotada,
tanta luz en el verano.
ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
porque no soy tan osada.
SILVINO-. Mas no quieras rechazar
este cumplido regalo,
de quien ignora si es malo,
mas sabe feliz amar.
Y no debes evitar
que serás siempre mi amada,
cuando miro, alborotada,
tanta luz en el verano.
ANTONIA-. Yo de amar jamás me ufano,
porque no soy tan osada.
SILVINO-. Mira la naturaleza
que nos sonríe dichosa,
y esa senda que, gozosa,
mira el cielo y su pureza.
Mira el brillo que ya empieza
a dibujar la mañana,
y la mancha soberana
que, con tanta claridad,
nos enseña la verdad
con su sonrisa lejana.
Así juntos y felices
quiero saber que estaremos,
y pensar que viviremos
como amantes.
ANTONIA-. ¡Qué me dices!
SILVINO-. Di ya que mi amor bendices,
que lo quieres aceptar,
que nos queda disfrutar
y compartir un destino.
ANTONIA-. Semejante desatino
no lo puedo tolerar.
SILVINO-. Mira los mares callados,
el reflejo bullicioso
de ese sol que, jubiloso,
brilla en mares apartados.
Ve los tonos apagados,
los colores de las playas
bajo las negras grisallas
del oscuro nubarrón
que canta en mi corazón
el temor de que te vayas.
Mira el mar, las caracolas
que parecen ver risueñas
esos sueños que no sueñas
si no sueñas con las olas.
Porque, si estamos a solas,
es para ver este hechizo,
que en el verano el granizo,
en el invierno las flores
son para mí los amores,
si es que el amor me deshizo.
Pero dispón que el amor
es el destino a esperar,
que no quiero impacientar
tu prudencia y tu temor.
Llena el alma de valor
y pregunta a tu conciencia
qué es locura y qué prudencia
para elegir la locura,
si la prudencia te apura
a dejarme ante tu ausencia.
ANTONIA-. Los males son y pasiones
del amor tan inquietantes
que en unos breves instantes
se quiebran los corazones.
Ha vencido mil naciones
su susurro compungido,
que el amor es atrevido
como su duro dolor,
y más daño hace el amor
que la serpiente en su nido.
ESCENA II
Aparece Paulina.
PAULINA-. ¿Qué le ocurre hoy a Silvino,
pues que está tan alterado,
que lo admiro en este estado
a la vera del camino?
Con un tono peregrino
lo oigo hablar de su fulgor:
no es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
ANTONIA-. El amor, que, en su locura,
mucha gente ha trastornado,
lo ha dejado en este estado,
porque al amor me apresura.
Pero no cabe cordura
en quien grita su furor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
PAULINA-. No es bueno el amor forzado,
que es mejor no complicar
cuanto confunde el amar
con el deseo alocado.
Nunca está justificado
que se imponga con temor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
Por eso digo, Silvino,
que no seas insistente
con esta mujer prudente
que ha de seguir su camino.
Sentimiento peregrino,
es poderoso señor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
Por eso la has de dejar,
que sabrá hacer lo que quiera
cuando Cupido la hiera,
porque el amor es errar.
Que más fuerza tiene el mar
y no puede su furor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
SILVINO-. Dueño soy de un sentimiento
que es temible y poderoso,
que ni la fuerza del oso
puede con él en el viento.
Un sentimiento violento
se desata en mi valor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
Y, siendo Cupido mío,
pues estos son mis amores,
muero yo por los dolores,
pero me lleno de brío.
Si de mañana hace frío,
yo solo siento calor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
Por eso lloro esta pena
y contento me lamento,
que mi lamento es contento
y el alma encendida llena.
Tengo amorosa la vena
y he de ser su servidor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
ANTONIA-. No he de estar yo forzada
a que me obliguen a amar,
porque, con tanto halagar,
no vino yo enamorada.
No siento en mi pecho nada
ni arde en mi ningún fulgor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
PAULINA-. Debe ser la libertad
la que dicte, en la ocasión,
lo que manda el corazón
para su felicidad.
Por eso no es gran bondad
imponerlo con furor.
No es un juguete el amor,
que, con sus dientes de armiño,
aunque Cupido es un niño,
puede causar gran dolor.
ESCENA III
Dejan solo a Silvino y se van, aparece Carlos, que viene cantando.
CARLOS-. Habladme, playas serenas
que besa la brisa fría,
si a viejos vientos marinos
les dijo luz del día,
dónde se esconde el amor.
Habladme, playas del norte,
llenas de brisa callada,
si a las fuertes tempestades
les susurró la alborada,
dónde se esconde el amor.
Contadme, brumas que el alba
encontró, siempre sombría,
si a los vientos y las olas
descubrió la luz que ardía
dónde se esconde el amor.
Contadme, nieblas del cielo
que sorprende la alborada,
si a las olas y los vientos
descubrió la luz dorada
dónde se esconde el amor.
Y decidme, horas de espuma
de la noche que moría,
si al acantilado dijo
la luna que allí moría
dónde se esconde el amor.
Y decidme, olas serenas
de la noche ya acabada,
si a los precipicios dijo
la luna, al ser derrotada,
dónde se esconde el amor.
SILVINO-. Hermoso canto que suena
a música celestial
en quien de amor siente el mal
y con amor se envenena.
CARLOS-. Yo canto a la luna llena
mi canción de cantautor,
cuando lo pide el amor
por esta bendita tierra,
que hasta me dice Joserra
que lleno vivo de amor.
SILVINO-. Pues ya que estoy por sufrir
a causa de los quereres,
pues malas son las mujeres,
otra canción he de oír.
No me puedo resistir,
apreciado compañero,
porque cuando pienso quiero,
y me evade de amoríos
esa música con bríos
que ilumina el mundo entero.
CARLOS-. Nunca es mala la mujer
ni malos son los amores,
si nos llenan de primores
y son fuente de placer.
Y, pues quiere el niño hacer,
pues es travieso Cupido,
de tanto amor un cumplido,
en tamaño sufrimiento
puede ser amor el viento
y estar feliz y vencido.
Misterioso niño alado
que nos dispara su flechas,
sabe inspirar las endechas
del amor más desgraciado.
Así me admiro apagado,
luego me siento vencido.
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
Este es su vivo retrato
en un lienzo de cristal,
que, como me quiere mal,
me somete a ese maltrato.
Me resigno al arrebato,
entre triste y complacido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
SILVINO-. Esta es la descortesía
con que valiente apuñala,
y hasta el corazón escala
desde la noche hasta el día.
Es enorme su osadía
que me tiene arrepentido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
De modo que he de decir
que, desde que me ha hallado,
triste yo y desangelado,
no he dejado de sufrir.
Mas le puede divertir
Verme triste y aburrido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
CARLOS-. Por amor pierde la vida
el caballero sensato,
dejándose al arrebato
de la pasión encendida,
de la llama que abatida
deja el alma en el olvido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
Por amor el más prudente
(por no decir el cobarde),
la furia volverse alarde
deja como impertinente.
Y con un aire indulgente
Suele mirarlo Cupido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
SILVINO-.Por amor es la locura
lo que lleva a los amantes
a los sueños delirantes,
que el amor no tiene cura.
Toda energía se apura
por un desagradecido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
Por amor ven los pinceles
del alba con su pureza
toda la naturaleza
sometida a sus corceles.
Y son los amores crueles
para quien no es precavido.
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
CARLOS-. Es amor un ángel bello,
pero suele ser muy cruel,
que incluso a quien le es más fiel
suele flechar en el cuello.
Es fulgurante destello
su gracejo y sinsentido,
que es tanto amor un cumplido
en tamaño sufrimiento
y amor puede ser el viento
y estar feliz y vencido.
2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las pasiones de Silvino”
o “La esperanza perdida”
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#2 Re: “las pasiones de silvino” o “la esperanza perdida”
EL CURUXÍN DASTURIES
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JORNADA SEGUNDA
En cualquier calle o avenida de Vigo.
ESCENA IV
Silvino deambula perdido por las calles.
SILVINO-. Finge el amor la belleza
y se torna sufrimiento,
que es el amor descontento
disfrazado de pureza.
Pero en la naturaleza
quiero contento encontrar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Finge el amor la hermosura
y se torna en triste llanto,
como burla del encanto
que se esconde en su dulzura.
Pero, si febril se apura,
luego suele bostezar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Y es el que se dice amor,
cuando es todo lo contrario,
que este niño estrafalario
es un cruel estafador.
Lleno de triste dolor,
no cesaré de llorar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Y es que es cruel y traicionero,
miserable y mentiroso,
amigable y peligroso,
riguroso con su fuero.
Mayores dones espero
cuando lo miro llegar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Y en esto también apelo
a su no poca maldad,
que la misma claridad
tiene temor en el cielo.
Es un alado de hielo
cuando nos quiere flechar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Y lo suscribe la aurora,
que la alborada suscribe
esos llantos que recibe,
las tristezas sin demora.
Y la dicha se evapora,
yendo el sol a despertar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
De modo que mis dolores
quiero por fin con firmeza
olvidar en la belleza
de los tiernos resplandores,
que, mirando los albores,
algo empiezo a sospechar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Así escapo yo del duelo
que me impone aquí el amor,
que su secreto dolor
ya me arrastra por el suelo.
Busco e vano mi consuelo
en cantar este cantar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Y, pues me falla el aliento,
no pudiera repetir
este afán por no sentir
ese brillo ceniciento,
que entre grisallas el viento
nos hace ya despertar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
Y, tanto llora el amante
cuando se ve entristecido,
que es su música el sonido
de su llanto delirante.
Es la maldad inquietante
del amor lo que ha de hablar,
mientras veo clarear
las bellezas del paisaje,
que el amor, con su coraje,
gusta en hacernos pagar.
ESCENA V
Aparece Paulina con Antonia.
PAULINA-. Siempre será una delicia
aprovechar la mañana,
y de hacerlo tengo gana,
que esto es cosa que me envicia.
Y los vinos de Galicia
son el más dulce camino.
LAS DOS-. No hay nada como ese vino
que al alma da su despego,
que suele el viño galego
ser alegre y peregrino.
ANTONIA-. Es que ese bar del Berbés
es rincón maravilloso
donde sabe el espumoso
a los mares que allí ves.
PAULINA-. El espumoso después,
cuando llegue mi vecino.
LAS DOS-. No hay nada como ese vino
que al alma da su despego,
que suele el viño galego
ser alegre y peregrino.
El caso es que te decía
que suelen ser muy pesados
los hombres enamorados
desde la noche hasta el día.
ANTONIA-. No será que eres tan fría
Como me dice Silvino?
LAS DOS-. No hay nada como ese vino
que al alma da su despego,
que suele el viño galego
ser alegre y peregrino.
PAULINA-. Mira cómo en esa esquina
permanece vigilante
el idiota delirante
que ante tus plantas se inclina.
ANTONIA-. Ya lo dijo mi vecina:
ese tonto de Silvino.
LAS DOS-. No hay nada como ese vino
que al alma da su despego,
que suele el viño galego
ser alegre y peregrino.
SILVINO-. Tiene Paulina razón
en cuanto dice, que, al fin,
por amor de un serafín,
busco mi propia traición.
Y vivo esta sinrazón,
esperando mi destino.
LOS TRES-. No hay nada como ese vino
que al alma da su despego,
que suele el viño galego
ser alegre y peregrino.
ESCENA VI
Se va Paulina.
ANTONIA-. En ese mar espacioso
caber quisiera el amor,
pero, si entraña dolor,
nunca será el mar hermoso.
Yo, contenta en mi reposo,
Tanto tengo que pensar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Quiero yo tanto a Silvino
que, como nadie imagina,
me tendría por mezquina
porque tanto lo margino.
Pensamiento peregrino,
tú me conduces a amar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Muchas veces he pensado
si no es mejor conceder
ese amor, como mujer,
al muchacho desdichado.
Pero, pues esto ha pasado,
No lo habré de lamentar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Y es que en el fondo me apena
dañar tanto al jovenzuelo,
que clama a la luz del cielo
y llora a la luna llena.
Pero es que intención tan buena
no se debe sustentar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Y a veces siento el regusto
de verlo sentir el daño,
que mantener el engaño
parece menos que justo.
Que sufra bien su disgusto,
que así más me habrá de amar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Y el desdén y la traición
son pecados de mujer,
para quien lo sepa ver,
como dice la canción.
Solo un fiero corazón
es quien se puede escapar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Y hasta yo siento dolores
en el fondo de mi pecho,
que, dolida del despecho,
me enredo yo con amores.
¿No sufro yo estos dolores
que me pueden delatar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar?
Así pues, estoy contenta
con el desdén que lo anima,
que bien es que se redima
el que tanto se lamenta.
Y si la desdicha inventa
el amor, habrá de hablar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
Por eso digo tranquila
que, si de amores flechado,
más lo quiero en ese estado
donde Cupido vigila,
que su veneno destila
cuando quiere disparar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
En suma, que no diré
que yo vivo eamorada
como la misma alborada,
si temprano se la ve.
He de gritarlo yo a fe,
pues lo quiero enamorar,
porque debe desdeñar
la mujer cuando es amada,
pues la ocasión celebrada
debe siempre aprovechar.
ESCENA VII
Antonia se va. Llega luego Carlos, que se encuentra con Manuel.
MANUEL-. No hubo mayor hermosura
en esta tierra que el beso
que el alba deja travieso,
quebrando la noche oscura.
Y deslumbra su figura
tornándose en luces mil,
que, en la playa de Samil,
el mismo brillo bermejo
puede dejar un reflejo
que es el mismo que en el Sil.
CARLOS-. Tras tanto tiempo, Manuel,
nos volvemos a encontrar,
tras haber ido a parar
a aquel dichoso vergel;
un lugar que, siempre fiel,
ha de tener mi cariño,
porque, con alma de niño,
como si del lugar fuera,
prendió en mi ser la Cabrera,
salvaje como un armiño.
¿Recuerdas esos rincones
aquel entorno tan bello
y los vasos de Godello
que alegraban corazones?
MANUEL-. Entonces las ilusiones
se mezclaban al Mencía,
que tenía la osadía
de alegrar al peregrino.
CARLOS-. Siempre a amistad supo el vino
que se mezcla a la alegría.
MANUEL-. ¿Y el camino de Quereño
lo han movido o sigue allí?
CARLOS-. Allí sigue, amigo, sí,
raro paisaje de ensueño.
MANUEL-. No fue nunca mal empeño
frecuentar tierra berciana,
si bien era la mañana
como la noche más fría,
y el invierno descendía
como la helada temprana.
CARLOS-. ¡Dulces tiempos del ayer
que se fueron sin testigo,
pero que, estando aquí en Vigo,
miro a lo lejos volver!
Que quiere el amanecer,
entre brisas repentinas,
con sus extrañas neblinas
que reviva lo pasado
en un lugar aparado
de ilusiones peregrinas
Claros días y brumosos
que, dichosos, han venido
a despertar lo vivido
en otros tiempos dichosos.
MANUEL-. Siempre fuisteis quejumbrosos
los poetas que hacéis verso,
porque sé que cada verso
tiene nubes de morriña
del hombre que se encariña
con afán raro y perverso.
CARLOS-. Pero vamos de camino
a buscar algún lugar
donde se pueda tomar
el vino que sabe a vino,
porque vienes peregrino,
porque peregrino vienes,
peregrino te entretienes
y así peregrino llegas
a estas costas, estas vegas
que paz son para mis bienes.
Vente conmigo y te invito
en la bodega cercana
a pasar esta mañana
y a comer un buen cabrito.
De verte me felicito,
que no es poca dicha verte,
pues trae la amistad la suerte,
y la suerte la alegría.
MANUEL-. Vamos, que se nubla el día.
CARLOS-. Un placer es retenerte.
En el mundo hay un tesoro
que debe ser descubierto,
porque el sol, siempre despierto,
lo hace brillar como el oro.
Tú ya sabes cómo adoro
los afectos personales.
MANUEL-. Son ricos los manantiales
que nos dan felicidad:
salud, trabajo, amistad
CARLOS-. No existen cosas iguales.
Vayamos pues a beber
una jarra de buen vino,
que no se vuelva mezquino
este dulce amanecer.
Luego iremos a comer
un buen cabrón del lugar,
pues te quiero convidar
a lo mejor de Galicia.
MANUEL-. El cabrito es gran delicia.
CARLOS-. Pues lo habremos de yantar.
ESCENA VIII
Pasa Silvino caminando.
Es temprano, y, en la mar,
tiene su fuego la aurora,
que de los cielos señora,
quiere en sus aguar brillar.
Busco solo ese lugar
donde encontrar un amigo,
por estas calles de Vigo,
cuajadas por la hermosura
que en altos cielos se apura
con la aurora por testigo.
Ya se llenan de destellos
las claridades del día,
llega ya la brisa fría,
que viene a morir en ellos.
Mezcla los grises plebeyos
con un color manchadizo,
porque lo sabe el hechizo
que llena de luz el puerto,
que, en el horizonte incierto,
otra noche se deshizo.
Que ya están los pescadores
pidiéndole mil mercedes
a ese sol que ve sus redes,
tras ver tantos resplandores.
Y aquí yo, con los albores,
llorando al amor mendigo,
por estas calles de Vigo,
cuajadas por la hermosura
que en altos cielos se apura
con la aurora por testigo.
Vienen las lanchas colmadas
de pescado hacia el vivero
donde dejan del pesquero
todas las presas cobradas,
mientras las luces doradas
toman un oro rojizo,
porque lo sabe el hechizo
que llena de luz el puerto,
que, en el horizonte incierto,
otra noche se deshizo.
Porque, en caso tan extraño,
con mis pasos me entretengo,
de los males me prevengo
y un poco alivio mi daño.
Y me miran como huraño
a quienes mis males digo.
Por estas calles de Vigo,
cuajadas por la hermosura
que en altos cielos se apura
con la aurora por testigo.
Y nace por fin la vida,
Sale a la calle la gente,
mas, como quien está ausente,
sigo yo por la avenida,
que, la esperanza perdida,
todo me es antojadizo,
porque lo sabe el hechizo
que llena de luz el puerto,
que, en el horizonte incierto,
otra noche se deshizo.
Tristes canciones ofrece
en sus liras el amor,
del que ya soy trovador,
si su suerte me enflaquece.
Todo mi ser oscurece
mientras el camino de sigo
por estas calles de Vigo,
cuajadas por la hermosura
que en altos cielos se apura
con la aurora por testigo.
Y es que duelen los amores
cuando el pecho queda herido,
cuando se siente encendido
por extraños resplandores.
Del amor son los rumores
menos que el oro cobrizo,
porque lo sabe el hechizo
que llena de luz el puerto,
que, en el horizonte incierto,
otra noche se deshizo.
Que miran los ventanales
a este triste enamorado
que el puerto corre cansado,
viendo luces matinales.
Y los brillos celestiales
a su pena dan abrigo,
por estas calles de Vigo,
cuajadas por la hermosura
que en altos cielos se apura
con la aurora por testigo.
Y, como amante lamento
este dolor que me aterra,
que es mi vida dura guerra
con tan duro sufrimiento.
Y me resigno al tormento
y así me desautorizo,
porque lo sabe el hechizo
que llena de luz el puerto,
que, en el horizonte incierto,
otra noche se deshizo.
Sueño yo con el dolor
que a otros la dicha regala,
pero que a mí no me iguala
porque sienta su furor.
Es la pena del amor
la que me da este tormento,
y, lamentándome, siento
que en los afanes me abraso,
contemplando mi fracaso
y mi duro sufrimiento.
De esta manera me miro
como un hombre quejumbroso,
como un ser que, misterioso,
se debate en un suspiro.
A nada, llorando, aspiro,
que todo sed y tristeza,
sufro ya por la pereza
que el desánimo produce,
que ya el alma se conduce
por esta espesa maleza.
Contadme, playas serenas
que besa la brisa fría,
si a viejos vientos marinos
les dijo luz del día,
dónde se esconde el amor.
Contadme, playas del norte,
llenas de brisa callada,
si a las fuertes tempestades
les susurró la alborada,
dónde se esconde el amor.
Contadme, brumas que el alba
encontró, siempre sombría,
si a los vientos y las olas
descubrió la luz que ardía
dónde se esconde el amor.
Contadme, nieblas del cielo
que sorprende la alborada,
si a las olas y los vientos
descubrió la luz dorada
dónde se esconde el amor.
Y decidme, olas de espuma
de la noche que moría,
si al acantilado dijo
la luna que allí lucía
dónde se esconde el amor.
Y decidme, olas serenas
de la noche ya acabada,
si a los precipicios dijo
la luna, al ser derrotada,
dónde se esconde el amor.
2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
Las pasiones de Silvino o La esperanza perdida
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