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  • 1 Mensaje por atara

Lola, lolita, lola

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    18/10/2012
    #1 Lola, lolita, lola


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Nombre: Gomera bar cantoso y colorista o.k..jpg
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ID: 477499

    A veces, en octubre ocurre que los cachalotes, zifios, calderones y delfines se acercan a nuestras islas huyendo de las corrientes frías del norte. Tuvimos la fortuna de conemplarlos en su ruta migratoria, desde el balcón asomado al Atlántico del lugar donde nos alojábamos. Después bajamos al puerto a ver la llegada de las barcas. El agua bullía a pocas millas de la costa.

    — Sólo es un banco de sardinas acorraladas por los delfines. Hoy estarán baratas —dijo mi marido.
    Era tanta la abundancia de peces, y tan fácil hacerse con ellos, que ni siquiera los pescadores se molestaban en llenar sus ya pletóricas barcas.
    Al medio día almorzamos en un local del mismo puerto de nombre “Casa Lola”. Su dueña, ¡cómo no!, nos obsequió con unas sardinas recién pescadas, y un vino joven del lugar de sabor afrutado en pequeñas jarras de cristal heladas de la que enseguida dimos cuenta. Luego nos atendió su hija a la que bauticé Loulita porque una pareja de extranjeros, los únicos cliente del local además de nosotros, se despidieron de ella, con un “grasias Loulita, todo mucha rico”. Loulita era una mujer joven de apretado moño en la nuca, vestía riguroso negro incluído el delantal de grandes bolsillos de donde sacó un cuaderno de notas y lápiz, que mojaba con la punta de su lengua antes de apuntar la comanda.
    — ¿Qué desean comer lo señores? —se lanzó a recitar con voz monótona cien mil platillos diferentes, todos empezaban con un tenemos…
    — ¿Qué es lo que huele tan bien?.
    — ¡Ah! Es una garbanzada para la familia, si quieren les pongo una ración para que la prueben.
    Al fondo, dos rancheras mexicanas se repetían de manera alterna: una era la de Adelita, la otra cantaba sobre una pena de amor y una ausencia, su estribillo entonaba un sentido no tengo paz, ni puedo hacer la guerra, arrastrando el vocalísta hasta el infinito la e de la gueeeerra. Daban ganas de llorar, y pedir más vino, tan fresquito que entraba sin querer. La madre y la hija se sentaron en una mesa del fondo a comer sus garbanzos familiares, de vez en cuando se levantaba a atendernos, la una, o la otra. Sobre ellas pendía un helecho gigante, y a mi me parecía una espada frondosa de Damocles que en cualquier momento aplastaría a las dos Lolas. La madre, al terminar su almuerzo, subió las escaleras esquivando las calabazas secas que adornaban los escalones alternos, esquivando el clavo de donde colgaba una ristra de pimientos secos y un collar de ajos; el verde esperanza de la pared y el naranja encendido de las calabazas alegraba el comedor y le daba un aire festivo, solo faltaban las banderillas y el santo patrón de turno. Loulita tomaba café echando un vistazo de vez en cuando a nuestra mesa por si necesitábamos algo. Sacó un sobre grande del bolsillo de su delantal leyendo muy seria inclinada sobre el papel.
    — Seguro que es una carta de su marido muerto en la guerra.
    — ¿Qué guerra ni qué niños muertos, si aquí no hay guerras niña?. No inventes, anda.
    — Ella debe de ser viuda.
    — ¿Ycómo es qué recibe cartas del difunto?, le voy a decir que quite las rancheras, me duele la cabeza.
    — No déjalo, igual se ofenden, la pobre está muy triste.
    — Nosse puede estar triste con esas piernas que Dios le ha dado.
    Del luto de la falda asomaba la insolencia de un muslo joven, y por un momento sentí celos de Loulita. Enseguida irrumpieron en el comedor dos niñas con uniforme escolar de mano de su padre.
    —Mira, ahí tienes al finado—señaló mi marido con sorna, mirando como besaba el muerto a su viuda, quien apartó la cara esgrimiendo lo que por lo visto era una cuenta impagada, entonces pidió más vino y un postre casero hecho con miel de palma. Mi marido dejó una buena propina y dijo que todo estaba muy rico.
    —Todo muy rico, sin embargo, tengo dos observaciones que hacer: no me gustan las rancheras, y usted, señora, no tiene piernas de viuda.
    De la boca de una de las niñas escapó la risa, porque lo dijo con el tono solemne que presta el vino a la voz, de manera algo teatral, levantado, una mano en el pecho, y la otra extendida.
    Yo sabía que lo hacía para hacerme sonreír porque estábamos de vacaciones, porque esa mañana los delfines y calderones habían bailado delante de nuestros ojos, y porque por un día al menos, olvidamos nuestras diferencias, lo realista y serio que es él, la soñadora que habita en mí.



    Última edición por atara; 18/10/2012 a las 09:45
    a Trajanus le gusta esto.
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    5 comentarios / 377 Visitas

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      • 05/07/10
    18/10/2012
    #2 Re: Lola, lolita, lola

    jjajajaja, como temas similares me sale

    1. Agrandarse las lolas! y
    2. Lolas chiquitas



    Si lo llego a saber, que por ahí las lolas son lo que son, le ponto otro título a mi cuento.
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    18/10/2012
    #3 Re: Lola, lolita, lola

    Acaso en España no se le dicen "lolas", ¿entonces de que forma los hombres "hablan" de los atributos femeninos de ciertas proporciones? jajajaja
    Está bueno el cuento,más aquí, donde de alguna forma se puede apreciar mejor los porqués de alguno de los dichos.
    Nunca me había metido en esta parte del foro, quizás haga lo mismo, ya que en general cuando escribo un cuento "hay que hacharle" al menos unas cien palabras!!!!

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    18/10/2012
    #4 Re: Lola, lolita, lola

    Hola Susana.
    No, por aquí no se dicen Lolas.
    hay muchas maneras de nombrarlas, entre las más coloquiales y mi preferida son "las domingas", debe ser por los festivas que a algunos les parece.

    Harakiri es uno de los compañeros que suelen poner por aquí algún texto completo cuando se pasa de palabras, y por otro lado nos leen un foro más amplio.

    Abrazo, y nos vemos en juegos.

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    24/10/2012
    #5 Re: Lola, lolita, lola

    Imagino las piernas, si se nota que no son de viuda.

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      • 05/07/10
    25/10/2012
    #6 Re: Lola, lolita, lola


    Hola David
    Cita Escrito por davidgomezsalas Ver mensaje
    Imagino las piernas, si se nota que no son de viuda.