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buenas tardes gente.... tanto tiempo sin andar por estos lados... les comento que sigo escribiendo cuentos. acá les traigo uno que hice hace ya un tiempo, espero les guste.
—Ya van 2190 días, desde que empezó la peste — pienso mientras me dedico a observar cada rincón de la casa, por las dudas, en caso de que tenga que salir, y cuando regrese, evite que “nada” trate de entrar—, sigo confinado por voluntad propia a no salir de mi casa, no tengo en cuenta el paso de los días, a veces ni sé en que fecha estoy, nunca debieron mal formar a ese maldito virus, cada vez que lo pienso, se me revuelve el estomago.
Pasaron 6 años desde que se quiso manipular un virus creado en laboratorio, que se supone debía solucionar un problema metabólico genético, una enfermedad conocido como porfíria, pero no tuvieron en cuenta la adicción a otras sustancias de algunos pacientes.
Los individuos portadores de la malformación genética que fueron tratados con el virus, al principio dieron resultados positivos, después, se volvieron altamente agresivos, destructivos, fuertes y lo peor de todo hambrientos.
—Si bien trabajé en ese centro de investigación, no era mi área donde sucedió el desastre— Estos y otros pensamientos llenan mi cabeza, mientras miro que el sol cae en el horizonte formado por edificios destruidos y casas abandonadas— y para colmo fui transferido hacia apenas 2 semanas. Otro punto a mi favor es que soy soltero, ya que en el centro, casi inmediatamente después de la infección, solo repartió vacunas a los que trabajamos ahí, ni para los familiares más cercanos había dosis, todo era un caos, o sea que de pedo estoy vivo, pero igualmente todo está para la mierda.
La tarde, como todas, desde que el ser humano dejo de serlo y se transformó en un ser más grotesco, convierte las calles después de las 18:30hs, en una zona muy peligrosa, debido a que se poblaban de seres, que al principio y a lo lejos, se ven como lo que fueron en algún momento, personas. Ahora, son despojos que caminan, gruñen y pelean, ya sea por un cadáver de animales como de personas.
Otros simplemente se quedan parados por horas, parecen estatua, hasta que pasa alguna posible víctima y lo atacan de forma feroz, desgarrando, desmembrando y fagocitándolo hasta que solo quedan huesos, viseras y materia fecal desparramada por todos lados.
— Otra vez la misma música, otra vez los mismos libros, mañana voy a dar una vuelta por el barrio y de paso buscar algunos libros en la biblioteca — Pienso mientras tomo un trago de whisky, sintiendo su calor en la garganta y alivio en mi estomago—, también debo traer discos y varios bidones gasolina para los generadores, no quiero que me pase lo que la vez pasada, en aquella ocasión, los generadores se quedaron secos y las luces se apagaron, algunos de los “monstruos” como vieron las luces apagadas y los agarró el amanecer quisieron entrar, por suerte no estaba del todo dormido, los oí entrar y comencé a disparar, ellos solo gruñían, hasta que solo quedó uno en pie.
La noche llega y con ella, toda clase de ruidos, aullidos y gruñidos. Miro por la ventana y veo la calle repleta de “personas”, caminan de un lado a otro, como buscando algo, entre ellos están mis vecinos, Don González y su esposa, eran una pareja de muchos años de casados, él fue el primero en enfermarse, llevó la infección a su casa, donde mordió a su esposa y entre ambos se comieron a sus hijos, animales sin conciencia.
—La puta madre. Escuchar a los niños gritar y no poder hacer nada, fue terriblemente agotador— Pienso mientras sigo tomando — y lo peor de todo es que me sentía un inútil total, ya que a los alrededores de ambas casas, estaban plagados de monstruos, fueron los primeros meses desde la infección, los muertos atacaban a todo lo que se movía.
Luego de esos pensamientos tristes. Veo la botella casi vacía, y noto que es otra cosa que tengo que agregar a la lista.
—Mierda, ¿por qué no se callan?, carajo, — Digo en voz alta, mientras trato de conciliar el sueño, tapándome los oídos con la almohada mientras afuera gritan y gruñen — Me dan ganas de salir a cagarlos a tiros, son solo mierda caminando, solo sirven para comer y caerse a pedazos.
El timbre suena bien temprano, son las 6:30hs, lo pongo a esa hora, para que el día me sea más productivo. Miro entre las hojas de la persiana, y veo que todavía quedan algunos de los seres de la noche, espero unos minutos más y para cuando salgo ya no queda ninguno, el sol esta alto y sus rayos se extienden por toda la calle. Cargo mi jeep, me fijo que no me falte nada, linterna, luz ultravioleta, escopeta, cartuchos (bastantes cartuchos), cuchillo y mucha fuerza de voluntad para no dejarme caer.
— Que desierto esta todo, las calles, llena de autos dispersos a lo ancha de estas —Pienso y por momentos, la congoja se adueña de mi corazón, pero debo ser fuerte, si no voy a terminar siendo parte de este panorama, pero como objeto no inanimado —, también hay motocicletas en las veredas y en el arenero de la plaza, todo es de un panorama tristísimo, recuerdo que algunas personas fueron envueltas por una locura sin límites, cuando dijeron en las noticias que a los cuerpos de los enfermos se los debía quemar, lo tomaron en forma literal y hubo un periodo en que algunos quemaban en sus camas a sus hijos, otros a sus padres, hermanos, incluso en algunos casos el miedo a la muerte fue extrema, quemaban la casa entera, con varias familias dentro, por Dios, al final el hombre es mas peligroso que cualquier plaga o animal existente.
—Ya estoy en la estación de servicio — susurro, mientras entro en busca de chocolates o latas de lo que sea, nunca están de más las latas —, desierta por supuesto, cargo el tanque, 5 bidones, siempre atento a cualquier cosa que se mueva.
Una vez cargado todo, me dirijo a buscar los libros, la biblioteca no estaba lejos de la estación de servicio, es un lugar grande, tiene muchas mesas y estantes, pero sobre todo, tiene cortinas en sus ventanas, que de seguro deben estar cerradas y por lo que es este momento debe estar muy oscuro dentro. Saco del vehiculo un bolso, mi escopeta y un revolver que llevo como los de las películas de cow boys, en una cartuchera al cinturón.
—Ya estoy en la puerta de la biblioteca, — susurro mientras cruzo lo que queda de la puerta principal, tal vez como resultado de algún ataque— tenía razón, está muy oscuro y debe haber varios locos dentro, no me importa, necesito llevarme algunos libros, aunque esos hijos de puta me lo hagan difícil.
El lugar es lúgubre. Enciendo la linterna y puedo notar que el reloj y las ventanas están hechos añicos, las mesas presentan golpes y arañazos, hay sangre salpicada en paredes y pisos, detrás del gran mostrador de roble, está tirado el cuerpo de la recepcionista, en realidad solo hay huesos y su famoso prendedor, obsequio de la comunidad por mantener en tan buen estado el lugar. Sigo deambulando entre las góndolas y por momentos presiento que no estoy solo.
—Sabia que habría moradores dentro de este lugar—susurro mientras recorro las góndolas en busca de quien esté en el lugar—, así es que primero tengo que sacarme de encima a estos muertos y después si, llevarme todos los libros que entren en el jeep.
Pongo el bolso sobre una de las mesas y empiezo a buscar con la linterna de luz ultravioleta y para mi sorpresa, lo que encuentro llama mi atención, son tres niñas, de no más de 8 años, una de ellas, muy conocida, es mi sobrina, cuando estaba viva le gustaba visitar este lugar, decía que era donde se sentía cómoda.
—Lili, hola dulce ¿Qué haces por acá?—le pregunto, pero en respuesta recibo un gruñido.
Al oírlo, me doy cuenta que de la niña que conocí no queda nada.
— ¿Quiénes son tus amigas?—Le pregunto, y esta vez las que responden fueron las otras y de la misma manera, gruñen.
Fueron pocas las veces que estas “cosas” me confundieron. Primero mis padres, luego, unos meses después, mis hermanos, pero es increíble lo duro que se vuelve uno al ver que lo horripilantemente increíble, se vuelve monótono, como en este caso. Sin pensarlo, casi por instinto, mi brazo agarra la escopeta y disparo volándole la cabeza a una de las niñas, al ver que las demás huyen, recargo y vuelvo a disparar, despedazándole una pierna a otra y un tercer disparo le dejó un hoyo en la espalda tan grande que puedo ver al otro lado como la tercera, Lili, se esconde en el sótano de la biblioteca.
—¿Acaso crees que soy idiota?—grito, pero era para más mí, que para ella esos gritos, porque sabía muy en el fondo, que no podía dejar que tan inocente criatura siga sufriendo convertida en “eso”— Por nada del mundo me vas a hacer bajar a ese lugar hija de remil putas, ¿me escuchás mierdaaaa?
—Tío Eusebio — Me dice Lili, con su voz tan dulce como siempre, solo que esta vez retumbaba, en lo profundo del sótano—, bajá, vamos a jugar ¿querés? jajajajaja.
— ¿por qué tenía que pasar esto? — Pienso, mientras cargo la escopeta—. ¿Por qué mierda tuve que venir a buscar estos libros nuevos?
—Ahí voy Lili, —le respondo mientras bajo las escaleras—vamos a jugar un rato.
El olor a muerte es casi insoportable, se mezcla con el de humedad acumulada por años de encierro. Alumbrando con la linterna veo que no soy el primero que pisó este sótano, la acumulación de cadáveres era de unos 12, todos chicos, al parecer mi sobrina, jugó mucho desde que “murió”, que ironía, cuando respiraba era muy tímida, casi no se juntaba con nadie.
—Lili ¿Dónde estás dulce?—pregunto empuñando mi arma, siempre alerta — no quiero lastimarte dulce, decime dónde estás.
—Estas cerca tío, —me responde— dale que hace mucho no viene nadie a jugar conmigo.
En un momento todo es silencio, escucho un ruido. Me doy vuelta y su rostro, pálido, de labios morados y aliento fétido mostrando unos dientes amarillos bien afilados, está tan cerca, que me hace retroceder tropezándome con uno de los cadáveres del cual salieron ratas huyendo, y al caer contra otro cuerpo, se me cae la escopeta lejos de donde estoy, en ese momento la niña me cae encima, y otra vez ese aliento fétido cerca mío y esta vez puedo ver su lengua negra salir de su boca y acaricia mi mejilla.
—Dale tío, juguemos a la comidita—Me dice mientras me clava su mirada con un deseo real y mortal de comerme... (CONTINUARA)
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