Lista de Me Gusta2
  • 2 Mensaje por mefisto2009

La armónica de cristal.

      • 304
      • mensajes
      • miembro desde
      • 14/09/09
    31/10/2012
    #1 La armónica de cristal.

    Conocí a Archival Macdonald en una recepción que en el frío invierno de mil setecientos ochenta y siete dio el gobernador de Filadelfia, Benjamin Franklin, con motivo de su octogésimo primer cumpleaños. Archival era un hombre taciturno, gruñón, antisocial y de comportamiento sumiso, pues por su pequeña talla y frágil condición ósea no se permitía ser un tipo agresivo. Se dedicaba a asesorar al viejo Ben sobre temas musicales, lo que justificaba su presencia en esa fiesta a pesar de su aspecto digamos poco aristocrático. Mi propia presencia no sé bien si viene al caso, pero se sustentaba en mi amistad con el anfitrión, ser el médico a su servicio y en que dada mi condición de reverendo me había ganado una merecida reputación como temido y respetado censor. En el gavinete de moral investigábamos por aquella época, los para mi inextricables principios del pensamiento teosófico y su influencia en las organizaciones masónicas. Lo dicho, no sé si viene al caso.
    Volviendo al señor Macdonald, su melena aquella tarde lucía revuelta y desaliñada. El pelo jaspeado en blanco y negro le daba un aspecto de loco o de genio. No solía sonreír, por lo que sus repulsivas encías verdes rara vez subrayaban la elocuente nariz, permaneciendo en secreto para la mayoría. Ojos hundidos y oscuros y un cuello de tortuga completaban lo más representativo de una anatomía en la que una repentina pérdida de peso era motivo de preocupación para los que, de existir, se contaran como sus amigos. Este esquelético aspecto se mostraría con el tiempo, como un motivo de satisfacción para mi. Aquella noche apenas conocerme, me pidió una entrevista en su casa, pues según dijo debía mostrarme "...algo muy difícil de creer incluso viéndolo o escuchándolo".Un largo paseo sobre barro congelado condujeron mis pasos, dos noches después, ante las puertas de el más alto de los edificios de Arch St. en Pensilvania. Montones de nieve se acumulaban persistentes en las zonas sombrías, haciendo aun presentes las muy pretéritas tormentas de diciembre. No tardaron en abrirme las puertas, lo que vivamente agradecí, pues de más está decir que hacía frío. Tras las convenientes salutaciones iniciales, el azorado Archival habló así —Se preguntará por las razones que me han llevado a citarle a usted. Verá, tratándose su excelencia de quien se trata y siendo como es reputado censor, creí necesario hacerle partícipe de cierta información—. Su actitud era servil, le temblaba la voz y parecía especialmente desmejorado— bien, la verdad es que me tiene algo intrigado, ciertamente— admití en aquella buardílla decorada con montones de cachivaches inservibles. Archival prosiguió—. Bien, como usted sabrá soy músico compositor, así que he de reconocer que me sentí un poco infravalorado cuando el gobernador me encargó el afinado de su vieja armónica de cristal— no pude evitar una cierta sorpresa, había oído hablar de el instrumento que el propio Franklin inventó en su juventud. Muy pocos lo habían visto, pero era un artilugio al que algunos atribuían propiedades mágicas y del que el gobernador no se separaba ni en sus más complicados viajes—. ¿Ben le llamó para afinar el instrumento?— pregunté sorprendido. El músico tísico respondió—. Así es. Esa es además la causa de mis desvelos. Como sin duda usted sabrá, el señor Benjamin es un gran apasionado de la alquimia. Si de verdad se puede conseguir la piedra filosofal que torne en oro o en conocimiento al pesado plomo, él es sin duda, en todo el mundo, el que está más cerca de lograrlo. Siempre está rodeado de aparatos extraños con los que extrae magnetismo hasta del aire. Ahora creo saber de donde saca su admirable inspiración creativa —se detuvo, cogió aire y mirando al infinito como si buscara letras para leérmelas, prosiguió —ya le digo que en un principio pensé que el encargo menospreciaba mis capacidades. Pero he de reconocer que en verdad me concedía un honor y al tiempo una pesada carga. El instrumento me desconcertó desde un principio, no sólo por su curioso aspecto, que también, sino sobre todo por la limpieza de su timbre. Querrá verlo. Aquí mismo está—. Descorriendo una fina sábana que la protegía del polvo, la máquina emergió iluminado con su sola presencia el oscuro rincón en el que descansaba. Recordaba la forma del torno de un fresador. Decenas de circulares cuencos de vidrio se apilaban horizontalmente unos al lado de otros unidos en su centro por un eje giratorio. El cuerpo principal de madera de nogal presumía de un rico tallado, con relieves de estrellas, pirámides, cruces y rosas. Lo que contribuía a darle un aspecto tan señorial como una silla "Luis XV". De no ser por esos adornos, semejaría más que un instrumento musical, uno de esos aparatos con propiedades eléctricas que ya había visto en el laboratorio de el sabio Benjamin. Mientras, el señor Macdonald seguía hablando —Afinarla me llevó unos minutos. De eso hace más de seis meses. El gobernador la reclama insistentemente pero le voy dando largas. ¡Este trasto me ha atrapado!—sus palabras disminuyeron su volumen al tiempo que adquirían un tono cada vez más grave—últimamente siempre estoy aquí escondido. Ya no compongo. Nadie sabe lo que hago, ni siquiera yo. Solo pienso en encerrarme en este cuarto a tocar música o a dar forma de invento a mil ideas peregrinas. Lo inquietante es que la música parece tener sobre mi propiedades especiales. Suena extraña y con los ojos cerrados, me hace ver literalmente luces de colores. Los vecinos se me quejan de penetrantes sonidos, maullidos metálicos a deshora que rayan la mente. Pero para mi esos sonidos... no sé como explicarlo, son conversaciones reales con lo divino—. Di un respingo. Siendo yo censor, escuchar tamaña desfachatez francamente me incomodó. Archival prosiguió —no me malinterprete, no me refiero a simples rezos. Lo que ocurre es que mientras veo esas luces cualquier cosa que me ronde la cabeza la percibo con nitidez. ¡Resuelvo complicados enigmas! los aparatos que nos rodean son consecuencia de lo que se me ocurre, creo que son inventos de utilidad para el mundo o quizá basura no lo sé. Pero cuando toco, me parece entender el funcionamiento oculto de todo lo que me rodea, me siento en cierto modo un ser distinto a mi, un ser conectado a lo omnisciente— algo debió cambiar en mi rostro pues Árchival lo notó—. No, no se asuste, no estoy loco, al menos no lo creo. Unicamente desearía conocer su opinión. Creo saber que con esta máquina se puede ver y hablar con Dios aunque no siempre se comprenda. De no ser así, como mínimo siempre aparece una respuesta a lo que uno en su fuero interno se pregunta—. Pensé, un genio no, este espantajo es un loco. ¡No es posible hablar con Dios y esperar respuestas! Como no supe qué decir, me limité a ver qué pasaba y pasó que el músico empezó a tocar. Acariciaba los boles giratorios con la firme suavidad de un alfarero, parecía modelar los cuencos con las yemas de sus dedos repetidamente húmedecidos con su propia saliva. Cerré los ojos y para mi conmocionada sorpresa, imágenes surgidas de mezclar la negra nada con el sonido del transparente torno sin arcilla, eclipsaron la realidad con colores y texturas improbables. La mezcla sonora no podía llamarse música, al menos tal y como yo la entiendo, pero hacía que en la oscuridad de mis ojos cerrados se materializaran fosfenos, haciéndome ver imágenes de universos de colores divinos. Cuadrados amarillos o verdosos con redondeados vértices, giraban revoltosos sobre un óvalo de luminosidad intermitente amarilla y rosácea. Mientras, puntos de colores frios geométricamente distantes aparecen y desaparecen redefiniendo el significado de lo efímero. Conectándome a... algo o a alguien a través de un lenguaje de caleidoscópicas imágenes de difícil lectura. Pero dentro de esas luces está el mensaje y aprendes a leer, y pude leer en esas luces lo que había ocupado mi mente las últimas semanas, lo que intuyen los teosofistas. Comprendí que todo lo que existe ha existido y existirá forma parte de la unidad de un solo ser llamado "Todo" y si hay un ser divino que todo lo puede no ha de limitarse a ser una parte de ese "Todo" sino que ha de ser en su totalidad la existencia misma. Dios no es entonces un simple mago de gran poder, Dios es cosmos. Vi con la claridad de la lógica que demuestra lo evidente, que todo el universo no tendría una existencia plena si no supiera de su propia existencia. Algo que sucedería si nadie lo habitara, lo estudiara y lo entendiera. La raza humana como parte del Ser, no es nada más que la artimaña evolutiva de todo este universo para tener consciencia de si mismo. Y por fin yo mismo y mis propios pensamientos éramos en ese momento la forma en que el universo y quizá Dios pensaba en lo que realmente Él es... ¡Qué gran Herejía! Una nueva religión llamada ciencia.Archival dejó de tocar sacándome de inmediato del místico trance y mirándome temeroso tras un largo silencio me preguntó —¿Lo ha visto?¿No se han contestado solas las más difíciles preguntas? —No he notado nada más que ese sonido tan poco natural—. Mentí. El músico se entristeció, esperaba encendidamente que todo lo que había sentido, que todo lo que había transformado su existencia, lo que había obsesionado su ser los últimos meses fuese algo más trascendente que su propia locura y mi mentira le había dejado sin esperanza. —Será mejor que devuelva la armónica a su dueño— acertó a decir desde su abatimiento. No por darle ánimos dije—. Yo no le daría demasiada importancia, no se precipite. Si este ruido le estimula lo mejor que puede hacer es disfrutar de esta, no lo neguemos, productiva afición y seguir tocando. Por el gobernador no se preocupe. Hablaré con Franklin y le explicaré que afinar una armónica de cristal lleva tiempo. Él lo entenderá— ¿de verdad haría eso? —inquirió iluminando de ilusión su rostro, como un adicto al que devuelven su opio—. Por supuesto, no hay de que preocuparse—. Cuando me fui después de tomar un te con pastas le dejé tocando. Esas encías verdes delatan un estadio avanzado de envenenamiento por plomo y viendo como se alimentaba del alquímico metal que contiene el cristal de esos tazones, no durará ni un mes. Esperaré a que muera. Alegando una muerte me será más fácil prohibir para siempre tan peligrosa magia, condenar al instrumento de los demonios al olvido de sus Dioses.

    a tolemaico y atara les gusta esto.
  1. ¿Este tema te pareció interesante? Compártelo!

    ¿No es lo que buscabas? Intenta buscar un tema similar

    4 comentarios / 530 Visitas

      • 2,311
      • mensajes
      • miembro desde
      • 05/07/10
    06/11/2012
    #2 Re: La armónica de cristal.

    ¿Por qué nadie comenta esta maravilla ? ¿eh?
    Lo leí hace un rato.
    Te prometo que mañana con calma y tiempo te lo desguazo.
    A veces no entiendo esos ojos bizcos y despistados que pasan por encima de las palabras que merecen ser leídas...sin pararse.

      • 304
      • mensajes
      • miembro desde
      • 14/09/09
    07/11/2012
    #3 Re: La armónica de cristal.

    Gracias Atara. Pero quizá es un cuento un poco pesado, que hay que leer parándose. Como mínimo reconozco que está escrito para parar a pensar de vez en cuando. Tiene trocitos densos y soy el primero en pensar que pensar cansa. A ver si tengo tiempo y aparezco con algo que no desentone mucho en los juegos porque de verdad que menudo nivel han alcanzado todos así, jugando!

      • 2,311
      • mensajes
      • miembro desde
      • 05/07/10
    07/11/2012
    #4 Re: La armónica de cristal.

    De pesado nada, es un cuento muy especial, no se me haga el humilde señor Mefisto. ¿Cuando va usted a reconocer que es un buen cuentista? eh? Grrrrrr!!!!!

      • 840
      • mensajes
      • miembro desde
      • 07/03/09
    15/11/2012
    #5 Re: La armónica de cristal.

    Excepcional cuento, Mefisto. AHora que tenga más tiempo te lo destripo.