Demonios
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Este cuento lo escribí hace muchos, muchos años. Era parte de un ejercicio de otra comunidad literaria a la que pertenecí. Este es de mis primeros intentos en la escritura
Demonios
El autobús se detuvo en la segunda parada del camino, en mitad de la nada. Me desperté con la sacudida, un resonante golpeteo que produjo en su frenada. Saliendo del ensueño me costó un segundo el acomodar mi mente al entorno, los límites del interior se perfilaban vagos y desenfocados. Podría estar en cualquier lado, pero en cuanto las tinieblas del inconsciente comenzaron su retirada recordé el viaje que había iniciado, lo recordé todo y lancé un inadvertido suspiro de alivio.
La mayoría del pasaje bajó a la estación de paso para comer algún bocadillo en el precario restaurante, o solo para estirar las piernas. Estábamos en mitad del camino. Luego de once horas de carretera nos rodeaba solo el oscuro cielo de la noche colmado de manchones y cúmulos de estrellas como una pintura de Jackson Pollock; la tierra árida, una infinidad oscura y uniforme cubriendo el suelo desértico. Y en el medio de todo la eterna línea del horizonte nítida en un entorno de tinieblas.
Mientras los pasajeros bajaban, una extraña aprensión se apoderó de mí. La visión del pequeño establecimiento en medio de la nada, tan frágil azotado por los vientos incansables. Vulnerable a cualquier cosa que pudiera brotar de ese cosmos infinito o de la negrura de la tierra.
Quedaba solo en el interior. El conductor me dirigió una mirada inexpresiva y se dirigió junto al resto del pasaje hacia la choza de paso, sosteniendo el gorro de la compañía de viajes para que los fuertes vientos no se la arrebataran. La puerta quedó abierta ya que, en medio de la nada, el autobús no corría el riesgo de ser robado o asaltado.
Una corriente de aire frío y seco penetró recorriendo el pasillo y los asientos, aire cortante cargado de una corrupción extrañamente familiar. El sonido del viento comenzó a formar una cacofónica melodía al atravesar en su paso los cortes en la lona de los asientos y los abrigos descartados que, en su apuro, algunos pasajeros habían dejado sobre los respaldos. El sonido era exótico y a la vez evocador, como una canción de cuna sólo escuchada en la más tierna infancia.
Casi sin darme cuenta comencé a relajarme, a ser arrastrado otra vez hacia la inconsciencia. El cielo estrellado desapareció de mi mente, así como las interminables extensiones de oscuridad que lo perfilaban junto a la infinita línea del horizonte. La estación de paso se difumino hasta no ser siquiera un recuerdo y las paredes del autobús le siguieron. Poco a poco el espacio se redujo hasta ser solo yo y un par de asientos de lona gastada, silbando junto al interminable flujo del viento en la oscuridad. Entonces lo oí
Un sonido desgarrado y afilado acompasado a la perfección al silbar del viento, pero ajeno a la vez como el corazón de un bebé en el útero materno. El sonido comenzó a formar una imagen en medio de las tinieblas de mi inconsciente una figura amorfa y a la vez humanoide, el intento de lo intangible de acercarse a la humanidad, pero ¿con que propósito?
Un puñal de hielo se clavó en mi mente, un desgarro del velo que me mantenía atado en las garras oníricas del ser creado por las turbulencias del viento.
El tacto del asiento demasiado real me produjo una sensación cercana al dolor, pero aún así placentera, ya que me alejaba de los designios que dilucidara en mi ensueño.
Me propuse salir de allí, reunirme con los otros aunque las dimensiones del exterior me produjesen una insólita sensación de agorafobia. La inmensidad de la nada, la falta de cualquier referencia más allá del autobús y la choza, uno junto al otro a unos metros de distancia. Me puse en pié acercándome hasta la puerta, pero al llegar no pude ver nada. Solo la eternidad observándome con sus infinitas pupilas radiantes de astros lejanos e incandescentes. Di un paso atrás, la imagen me horrorizó mas que cualquier ser surgido del tártaro, la completa soledad de un paraje donde el hombre jamás pusiera su pié civilizador.
Quise volver a mi asiento, despertar de la torcida realidad en que me hallaba sumergido. Me estaba ahogando en la desesperación de la inexistencia.
Pero al volverme la vi, me había seguido.
Sobre mi asiento, junto al bolso negro donde llevaba mis papeles y bosquejos, una figura envuelta en capas de tela oscura y pútrida. El sonido antes ignorado por mi mente, comenzó a incrementarse mientras su propietario se elevaba por sobre mis pertenencias moviéndose hacia mí. El terror me invadió, aunque tuve tiempo mas que suficiente para salir de allí, el lento avance de la figura envuelta me hipnotizó como el ondulante movimiento de la cobra. Con lentitud el ser se deshizo de sus capas materiales revelando la naturaleza secreta que ellas ocultaban. Los pliegues de una carne rojiza y corrompida ligeramente iluminada por el resplandor de unos ojos verticales y rasgados. El demonio comenzó a rodearme con sus extremidades, tentáculos articulados y leprosos; acariciándome como lo haría un amante, pero su tacto era doloroso y pude percibir con horror como me cambiaba como si mi carne fuera maleable cual arcilla. Quería desmayarme, pero el ser continuaba hundiéndose en mi ser, alterando mi fisonomía horriblemente. Afuera el horizonte curioso comenzó a acercarse a una velocidad incoherente, trayendo consigo hordas de demonios y todos ellos confluían en mí, hundiendo carne y sombras en mi cerebro despedazado. Lepra, sífilis, viruela, fiebre hemorrágica y peste negra, todas las plagas conocidas por el hombre no dejarían una huella como aquella salida de la profundidad de la monstruosa vacuidad de aquel paraje maldito. Fue entonces que el cielo tembló como si quisiera sacudir de sí sus propios demonios, y las hordas celestes cayeron poblando la oscuridad amorfa que rodeaba el autobús.
Uno de ellos se acercó a mí y con un suave suspiro susurro en mi oído: DESPIERTA
El autobús se detuvo en la segunda parada del camino, en mitad de la nada. Me desperté con la sacudida, un estentóreo golpeteo que produjo en su frenada. Saliendo del ensueño me costó un segundo el acomodar mi mente al entorno, los límites del interior se perfilaban vagos y desenfocados; podría estar en cualquier lado, pero en cuanto las tinieblas del inconsciente comenzaron su retirada recordé el viaje que había iniciado, lo recordé todo y lancé un inadvertido suspiro de alivio. -
Mejor que Stephen King papá. No le encontre el exceso de adjetivos, que no niego que esten, sino que aun sabiendolo no me ligue, me cayo bien el estilo sera.
Asi que es por lovecraft, alla vamos---> Doy : Lovecraft
Pido: obrasjejeje
Esa oracion en el contexto me parece que el : en , no va. Me parece eeeh.Y en el medio de todo la eterna línea del horizonte nítida en un entorno de tinieblas.Esa oración se lleva mis aplausos.Solo la eternidad observándome con sus infinitas pupilas radiantes de astros lejanos e incandescentes.
Ademas de buena idea (que no la entiendo, ultimamente estoy corto de entendimiento) esta muy bien ejecutada. El primer y ultimo parrafo me gustaron mucho y eso es clave. -
Hola!!!!
Te dejo mis impresiones, algunas cosas ya te las han dicho.
En primer lugar, el texto está muy prolijo, desde lo formal tiene algun pequeño error de ortografía pero no mucho mas. Despues, veo que tiene los artificios del genero, con lo bueno y lo malo que esto trae. Cumple uno de los paradigmas del cuento de terror de la tradición Lovecraft, una situación pequeña exponenciada por factores externos sutiles donde lo descriptivo de lo animico es fundamental. En esto se ve la sobreadjetivación, que si bien es "sobre" no dejas de usarla bien.
Mismo dentro de las concesiones del género, creo que lo que menos me gustó del texto es que en todo momento tengo la sensacion de leer una traducción. El utilizar palabras como "autobus" o "carretera" (micro y ruta serian mejores, en mi opinion) sumado a una dureza general del registro me lo muestra como demasiado lejano el cuento. Probablemente el ejercicio que quisiste hacer era hacer un cuento en ese estilo, ok, puedo entenderlo. Pero como critica objetiva, creo que si pudieses hablandar el registro ganarias mucho, algo de fluidez me gustaría mas. Lo primero que se puede ver para esto son los conectores que suelen endurecer (me acuerdo de maleable cual arcilla, por ejemplo).
bueno, espero que se entienda el punto de los comentarios. El cuento esta muy bueno, pero le encuentro esas cosas con la lupa.
Saludos! -
Tenes toda la razon Spectre en cuanto a la idiomatica que utilizo en el cuento. Cuando lo escribi tome en cuenta que era para una pagina española e intente escribirla en español neutro... Grave error! no importa el destino del cuento, uno no puede escribir desde una verborragia ajena y este es el resultado de dicho emprendimiento.
Te agradezco mucho el analisis, me parecio muy enriquecedor -
joya!
Creo que Hemingway daba un consejo referido al lenguaje, y era escribir siempre en la lengua actual y regional. Decia (ojo, quizas me equivoco, pero me parece recordar eso), que tratar de imitar un tiempo o lugar no tenia valor. Por supuesto, cada cosa en su medida, si uno escribe un cuento en la babilonia antes de cristo...no da hacer que los personajes se voseen...jajjajaja
PD: de cabrón me puse a buscarlo...no era tan asi como yo decía...Dijo un tal Ernest Hemingway
La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve.
