El pueblo a las doce
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Este es un cuento que escribí hace muchisisísimo tiempo. No lo
revise por respeto al que fui (?), así que estan avisados si hay
cosas que no encajan o no cierran del todo, dejando de lado los
errores gramaticales que seguramente posee (pero entiendan
que era un chiquillo). No lo volví a leer, lo encontré en la pc y lo
mandé (ya me siento demasiado viejo para recordar mis viejos
granos, la pelusa en la cara, las revistas eróticas, las películas del
sábado por la noche en canal 2, la religión, etc, etc, etc).
Es un poco largo, pero espero que les guste.
EL PUEBLO A LAS DOCE
Él tendía a no mirar por las ventanillas por el simple hecho de
que siempre se perdía en las imágenes que le sucedían ante sus
ojos grises. Ya de niño pasaba horas frente al televisor
meditando sobre cada imagen que brillaba. Se podía perder con
cada objeto que pasaba y estar así hasta que alguien lo
despertara del otro lado de la vida. Pero generalmente nadie lo
hacia y solía pasar varios días sentado en su asiento, hasta que
la oscuridad parecía traerlo de vuelta al mundo de los vivos. Su
personalidad no fue comprendida por sus padres y lo internaron
en un psiquiátrico. Pero tras años de tratamiento, eso era algo
que había aprendido, pero ciertas veces, el aburrimiento puede
más que la fuerza de voluntad.
-¿Qué hora es?- preguntó, como tantas otras veces, pero no
había nadie en el ómnibus para contestarle. Viajaba desde hacía
dos días según lo indicaba su reloj. Se encontraba solo y ninguna
imagen se movía en la ventanilla, todas estaban quietas.
Era de noche, la Luna era nueva y las nubes no se movían,
solo logró perderse en el otoño de una pequeña hoja que caía
lentamente de un gran roble que parecía ocupar toda la
inmensidad del cielo estrellado. Esa hoja siguió al viento y se
perdió de su vista. Sus pupilas se dilataron para correr.
Bajó del ómnibus, miró sus puertas oxidadas, las grietas de
las cubiertas y la luz del interior que se encontraba encendida.
Estaba a cuarenta metros de la ruta, dentro de un campo de
girasoles. Decidió seguir su camino y olvidar la extraña situación
en que se encontraba.
Cruzó un alto alambrado de agresivas púas y llegó al viejo
camino que se dirigía a la costa. Caminó lentamente, como
perdido en sus pasos. Quizás perdido en el cordón de su zapato
que se agitaba de un lado a otro. Anduvo hacia el Este bajo las
pinceladas de nubes y estrellas, sobre un asfalto tibio y en el
centro de una inmensidad donde se perdían sus ojos. Continuó
así sin pensar en como el ómnibus había aparecido dentro de un
campo de girasoles.
El ruido de los insectos le molestaba, no menos que el
movimiento de los engranajes de su reloj a cuerda, el cual no le
combinaba con ninguno de sus trajes. Al recordar esto ultimo lo
tiró lo mas lejos que pudo, hacia los cultivos de girasol, donde
algunos insectos callaron. Al ser verano muy pocos insectos
quedaban vivos, ya que los granjeros tenían adoración por sus
pesticidas; era para asombrarse por la persistencia de la
naturaleza. Pero él solo notaba sus ruidos, que parecían
pequeños gruñidos.
Su corazón lo ensordecía por los tremendos saltos que daba
dentro de la cavidad torácica. Culpa de esto era la exaltación y
repugnancia que le producía el imaginarse el cuerpo y los
movimientos de estos insectos. Caminó así un par de horas
llorando por el escaso viento helado que llegaba a sus pupilas
esquivando los anteojos.
El cielo se había nublado y comenzaba a caer una tenue
llovizna que supo recordarle un viejo amor. En sus lentes yacían
pequeñas gotas que hacían de las luces lejanas, estrellas de un
cielo milagroso. A través del aumento, las luces se acercaban y
mostraba más grandes las gotas estrelladas. Sus pantalones se
embarraron debido a que los zapatos salpicaban este líquido que
se formaba al costado del camino.
Cuando parecía que no faltaban más de diez kilómetros para
llegar a las luces, una camioneta frenó a un costado de la ruta.
Se adelantó sin apurar la marcha, como si Átropos manejara
camionetas destartaladas. La puerta se abrió y él asomó el
rostro. Desde dentro una voz sensualmente femenina le ofrecía
llevarlo hasta el pueblo, pero él sólo notó que los insectos
callaron. Miró a la conductora, quien no pasaría de los cuarenta
años pero que desconcertaba al mirar con sus perdidos ojos de
adolescente. Tenía una larga cabellera negra que no se parecía
en nada a las sombras de la noche, sino más bien al fondo del
mar. Él subió sigilosamente, pero sin suerte, ya que los insectos
volvieron a gruñir.
Pudo ver que los girasoles ya habían quedado muy atrás y
tardaría un tiempo en volver a sentirlos. Algo se lo decía, algo
mostraba una verdad, algo mostraba estrellas artificiales, algo lo
manejaba. Puede ser que él dejara llevarse, pero lo seguro es
que lo hiciera inconscientemente ya que así fue toda su vida.
Seguramente estuvieron viajando durante tres horas. La
última vez que miró la hora en su reloj eran las tres de la
madrugada y ahora el Sol que se encontraba bajo el horizonte
aclaraba el cielo y sus nubes.
Cuando el Sol regalaba sus primeros rayos entraron a un
pueblo sin nombre, con sus calles intensamente blancas y casas
bajas de un color amarillo tan aguado que podía decirse que
nacían de las flores de sus canteros. Allí siguió su vida, tardó un
tiempo en acostumbrarse a ser el único hombre del pueblo, pero
luego de casarse con la mujer que lo recogió en la carretera y lo
hospedó en su hogar por dos meses todo se volvió más fácil y
pudo salir a recorrer las calles ya que en este tiempo lo habían
tenido prisionero. Solo tuvo contacto con mujeres que parecían
ser la misma persona pero con distintos peinados, distintas
edades, la misma personalidad. Ninguna mujer faltaba de los
cabellos negros del mar. Todas resaltaban en las calles con su
belleza y su firme postura. No le fue difícil enamorarse de su
mujer y un día le propuso casamiento. Esa misma tarde la Jueza
apareció en la casa y los unió en "sagrado matrimonio". Esa
noche, en un pequeño restaurante donde entraron a festejar,
pudo ver la soledad en los ojos de las otras mujeres, la soledad
en los ojos de las cocineras, las camareras, las clientas. Recorrió
los ojos y se entristeció, pero al ver a su nueva esposa solo pudo
comparar sus ojos felices con las velas que los iluminaban.
Su vida transcurría tranquilamente, su mujer se mostraba
muy enamorada, y hasta demasiado apasionada; y él no le
entregaba nada a cambio ya que no trabajaba y se pasaba las
horas frente al televisor mirando el otro mundo. Sólo quería vivir,
pero veía que su situación era anormal, fuera de los límites que
podía soportar. Solía pensar en extraterrestres, mutantes, en
Dios; sólo acudían a él unas ganas enfermas de escaparse. La
camioneta en la que había llegado era el único vehículo de todo
el pueblo, y se encontraba bajo llave en el garaje de la
intendencia. Su vida transcurrió tranquilamente, hasta que su
esposa lo informó de que estaba embarazada. Todo cambió, no
hubo más atenciones de su esposa, las mujeres ya no se le
acercaban y las jovencitas del pueblo lo coqueteaban.
Inconscientemente comenzó a preocuparse por su esposa y
puede decirse que llegaron a ser buenos amigos, pero ella nunca
le respondía cuando le preguntaba por el cambio tan brusco en
su relación.
La ginecóloga le informó desanimada que se trataba de una
niña. La mujer salió del consultorio llorando sin darle
explicaciones a su marido. Corrió hasta la casa y la encontró
tirada en la cama despidiendo las lágrimas anteriores a los gritos
histéricos. Los meses pasaban y la mujer comenzaba a calmarse,
pero cada día pasaba menos tiempo en su casa y más en
reuniones con amigas. Era cuando él salía a recorrer las calles
desiertas de las "quinceañeras de siempre". El pueblo era
fantasma todo los días y no tardaron en hacerse compañeros. El
pueblo le confesó que todas se reunían en la intendencia para
festejar un ritual alrededor de su embarazada esposa.
En el séptimo mes de embarazo su hija nació. Era idéntica a
todas, como ya la había imaginado noche tras noche. Todo volvió
a cambiar, su mujer desaparecía por la mañana y regresaba a
altas horas de la noche; él sabía donde estaba pero prefería
quedarse a cuidar a su hija. Pensaba llevársela de ese pueblo,
pero estaba seguro que no llegaría muy lejos. Su problema era
serio.
Una noche, su mujer no regresó y decidió ir a la intendencia. Al
llegar, encontró varios animales muertos alrededor del edificio.
Desde fuera se podían escuchar cantos y gritos. Una de las
mujeres monótonas lo vio a través de una ventana y se escuchó
un llanto comunal. Regresó corriendo a su casa sin querer mirar
atrás. Cerró con llave la puerta y un segundo después, mientras
él respiraba, sonó dos veces el timbre. Por la mirilla observó que
se trataba de su mujer, quien traía una rara vestimenta. El timbre
sonó dos veces más, y él dio dos vueltas a la llave, abriendo la
puerta. Ella se quedó en el porche, lo miró a los ojos por primera
vez en meses y pronunció la palabra "perdón". Inmediatamente,
el reloj de péndulo dio las seis en punto de la mañana, y con el
canto de los gallos, su cabeza explotó. Él quedó mirando el
cuerpo que caía. Se dirigió lentamente hacia el cuarto de la niña,
imaginando como sería. Se encontraba de la misma manera que
la había dejado hacía menos de media hora. Rápidamente
preparó un bolso, y entre mantas, se llevó a su hija. Las calles
estaban cubiertas de cadáveres. Encontró el cuerpo de la
Intendenta y consiguió las llaves para la camioneta.
Llegó hasta la ruta y a los pocos kilómetros se había quedado sin
combustible. Caminó bajo el Sol de lo que supuestamente era
enero. Una camioneta pasó velozmente a su lado y frenó a los
cien metros. Corrió hasta ella. Dentro habían dos hombres
vestidos de traje. El conductor de la camioneta no aparentaba
más de treinta y cinco años, pero hablaba como si tuviera
dieciocho. Esto le parecía familiar al recién llegado; sólo le parecía
hasta que vio al acompañante, quien era idéntico al conductor, es
más, le parecía hasta ver las mismas arrugas en sus trajes. En
ese mismo momento, y a muchos kilómetros de distancia, su reloj
daba las seis de la tarde entre los insectos del campo de
girasoles, mientras que dentro de la camioneta su cabeza había
explotado, manchando los trajes de los hombres.
Cuando el Sol se ponía en el horizonte, dejaron el cuerpo en un
campo de girasoles que había a un costado de la ruta. La niña
lloraba dentro de la camioneta. No faltaba mucho para que
llegaran a su pueblo.
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Hoc unum scio, me nihil scire -
Bueno, lo primero que se me ocurre al terminar de leer tu cuento es "Woah !!". No se puede negar que es atrapante, aunque debo confesar que en partes me perdí.
En algunos pasajes, me recuerda a cuentos de Stephen King ("La estación de las lluvias", "Sabes? Tienen un grupo de la leche") pero esta onbra es infinitamente más poética, y muchisimo mejor estilizada.
Muchas gracias por compartirlo, Simio.
Saludos, -
De nada Kriminal, gracias a vos por tomarte el tiempo de leerlo.
En cuanto a Stephen King, no he leído muchas cosas pero me gustó; es sencillo el seguimiento de sus historias, no como este cuento ya que lo escribí por pedazos que luego uní.
Y gracias por tus comentarios!
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"Se amontonó bastante gente, pero nosotros seguimos trabajando hasta la noche y dejamos terminada la plataforma de la horca y las dos escalerillas (para el sacerdote y el condenado, que no deben subir juntos)." -Julio Cortázar -
Bueno... es un cuento mas que raro. Y creo que hay muchas que decir:
1) El inicio, como dijo Ciro, esta muy copado... no se si alguna vez leiste algo de Patricia Highsmith, tus descripciones me hicieron recordar a las de sus cuentos infinitos. Muy buena esa primera parte, en serio... especialmente si decis que eras mas pibe cuando lo escribiste... MUY BIEN
2) Ahora bien... quizas no te guste esto... hacia el mediado o casi final del cuento, el relato se hace oscuro. No en su tematica, no oscuro en contenido, sino oscuro en la forma de narrarlo; no llega a comunicarse con efectividad, se pierde y desdibuja la trama. No creo que tenga nada de malo que intentes modificarlo, quizas reescribir esa porcion... tendrias un cuento muy bien logrado, eficaz e interesante. El mejor respeto que podes tener para con quien fuiste es demostrar que tu desarrollo no fue en vano.
3) Como dijo Kriminal, el ambiente es re Stephen King... excelente.
Y finalmente, quisiera que me aclares un toque el final Simio... realmente no llegue a comprender lo de las cabezas que explotan del todo. Me gustaria que me expliques cual era tu perspectiva. Asi puedo entender de todo el cuento.
Espero tu respuesta, Simio!
SALUDOS CHE! -
Estimados Ciro y Zeuz>
Muchas gracias por sus comentarios, elogios y críticas. Todo eso me sirve para mejorar día a día.
Para que quede más claro el final, te explico Zeuz que la cuestión es que el círculo se cierra, la niña va a crecer en un pueblo donde son todos hombres, contrariamente a lo que pasaba en el otro pueblo. Principalmente se podría denominar a este cuento como el relato de un encuentro y el tema de las cabezas que explotan es algo fantástico que no tiene una razón científica, parecido a todo lo anterior (un pueblo de mujeres idénticas y desconocido por el resto de la sociedad, con sus rituales y religiones propias, algo que no es completamente comprendido por el protagonista y por lo tanto, por el lector). Lo de la cabezas que explotan es un detalle a mi entender dentro del cuento, por lo que no tendría que preocuparte el porqué no le pasó lo mismo a la niñita lo que a sus madres y porqué sí a su padre. Podría decir que en esto juega un poco la psicología (haciendo así un análisis posterior a la obra,el cual no fue realizado cuando fue hecha) porque se presenta una simbiosis con las integrantes de este pueblo por parte del protagonista, quien en ningún momento dice cuánto tiempo estuvo con ellas (y su hija tenía pocos meses y casi no se había comunicado con sus pares). No sé si he sido claro, pero espero que esto te aclare algunas de tus dudas.
Saludos y gracias tomarse la molestia de leerlo. -
Gracias por la explicacion, me quedo bastante claro...
Y Gracias a vos por compartir el cuento conmigo! Espero que igualmente cuando yo postee algo lo leas con detenimiento para despues poder darme con un caño con la critica! No puedo esperar menos de vos che!!
SALUDOS -
ZEUZ:
Pero dónde corno tenés algo publicado? Me parece que tengo algo guardado tuyo en mi casa y supongo que ya he opinado. Pero hace mucho que no publicas, no? Algún cuento, digo. Si no es así, avisame y te critico (si es que hay algo que criticar) todo lo que quieras. y CUANDO TE VAS A ANIMAR CON LO DE MITOLOGíA ARGENTINA? Ponete las piletas (como dice Maru) y disfrutemos juntos de la pradera literaria (reggae como música de fondo).
Salú y feliz noche buena!
HIC -
Muy bueno Simio. Tiene muy buen clima al principio, atrapante, con imagenes que despiertan atención, envuelven sentidos. Por la mitad me pasó como a Ciro que el relato me dejó escapar, pero así y todo me parece una locura linda este cuento. Gracias por compartir a tu lejano vos.
Salutes,
Lai -
Hola! Este lo leí hace rato pero esperaba a que se abriera la votación para opinar. Me gustó mucho la idea, algunas imágenes que vas tirando, pero la verdad es que a medida que iba leyendo la sensación que me empezó a agarrar es que este cuento era como el resumen de una novela.
Como que se va pasando así, contando una historia por arriba, y una historia que está muy buena, repito, pero que me daba ganas de meterme más...
En fin, eso...
No me pegues. O mejor sí, sí..!
Abrazo!
