#1 [CUENTO] El Pilar del Norte
Supongo que es el paso logico cuando los libros dejan de saciarte no¿? hmn no espero mucho de esto porque practicamente no se nada acerca de escribir pero seria excelente saber su opinion y criticas, gracias de antemano
REFLEXIONES DEL REY AINU
Ahí estaba ella, tan hermosa, la armadura de caballero no permitía apreciar su figura pero aun así irradiaba belleza, podía estar en cualquier parte del mundo haciendo uso de sus encantos, tener al hombre que quisiese, con su magia reinar sobre todos los corazones. Sin embargo estaba ahí, y los orcos la asediaban sin descanso, soñar con la paz solo te debilita en la guerra pensó mientras los observaba, hubo un momento en el que pensó que hasta a estos podía enamorarlos, ni su vanidad ni su inocencia podían llegar más lejos y aunque yo no puedo asegurar que ellos no la deseaban tanto como cualquier hombre estaba claro que eso no les impediría hacer cumplir sus ordenes, por las que darían la vida, mas estaban lejos de lograrlo, uno a uno caían victimas de su magia, solo un poder en esa región podía resistírsele y justamente era él quien combatía a su lado, su Hoz traspasaba a los enemigos como si estos fueran de aire, nada detenía su filo. Al final del día ninguno quedaba en pie y entre la montaña de cadáveres descansaban los guerreros, ambos agotados, todos cubiertos con la sangre de sus enemigos pero tan alegres que la escena resultaba morbosa, contemplaban por fin el motivo de tantas penurias, el final de su viaje, el pilar del norte.
El pilar del norte era un monumento de los días antiguos, cuando esas tierras aun pertenecían al rey Ainu y en él se guardaban los poderes del reino. Antes se encontraba en el centro de una capital importante y millones de personas viajaban muchos kilómetros para observar la obra de sus ancestros y la magnificencia de la torre que se erigía hasta las estrellas, aun hoy, rodeada de ruinas y miseria, cientos de años después de que el último tiempo se marchara de aquella región todavía conservaba parte de su belleza y esplendor. Helena y Dioscuro la observaban maravillados y aliviados al mismo tiempo, aun estaba en pie, su viaje no había sido en vano. Helena no podía saber que magia esperaba encontrar Dioscuro ahí dentro pero el hecho de que este aun tuviera esperanzas la hacía sentirse mejor, hacía tiempo ya que se había resignado y sus sueños de victoria eran solo eso, sueños.
- Debes montar guardia en la puerta mi querida Hele, solo puede pasar uno de los de mi raza – Y, previniendo un berrinche, agregó – tu belleza no sonsacará a los muertos ni hará que mi rey se muestre ante ti, este monumento pertenece a los malditos y solo a ellos abrirá sus puertas.
Se acerco al pilar, la piedra blanca que al comienzo lucía opaca iba recuperando un poco de su brillo ahora. Mientras caminaba sonreía, hacía cuatrocientos años estaba parado justo ahí, el mismo día, la misma hora, esperando, esta vez no esperaría, una gran puerta apareció de entre las grietas de las rocas y lentamente, justo cuando iba llegando, se entreabrió para que el guerrero pasara.
Estaba en un vestíbulo en donde empezaban unas escaleras de caracol pero ni siquiera se preocupo en lo que podía haber en los pisos superiores y, sin dudar, avanzo hacia la habitación contigua. El destello del oro y las joyas lo cegó por un instante, era aquí donde el Rey guardaba sus tesoros, la riqueza de otras épocas se conservaba intacta aquí, montañas de oro y plata, piedras preciosas y joyas de extrema belleza relucían por todas partes, sin duda no había reino en pie que pudiera ostentar semejante fortuna; ésta honraba la memoria de los viejos reyes y un pasado glorioso – Sería una falta de respeto no venir y no tomar nada y seguro Hele no me lo perdona – y después de buscar un rato encontró justo lo que necesitaba, una orquídea de cristal incrustada con piedras preciosas pero tan real, se pudo haber dicho que el orfebre que la creo fue la tierra misma, y una mariposa, Dioscuro nunca supo que material se había usado para hacerla pero nunca había visto algo así, sus ojos brillaban buscando un recuerdo y murmuro… - Se verá hermosa en el cabello de mi reina -.
El siguiente nivel también empezaba con un vestíbulo, este daba paso a una habitación tan sorprendente que no sabía dónde mirar primero, tal vez el gran pozo de lava que emergía en elmedio de la habitación y que se dividía en cuatro carriles llevando el magma hacia fuera de esta, dibujando una gran cruz con un circulo en medio, o quizá los estantes que rodeaban la habitación y en los que se apoyaban toda clase de armas tan hermosas, tan poderosas que parecían hechas por ameros de otro mundo, su filo era tal que solo verlas hería, palabras de poder las adornaban, orgullosas, inquebrantables, el desarrollo y la fuerza militar de los tiempo en verdad fue impresionante, entonces vio que la paredes estaban tan perfectamente trabajadas que parecía que hubieran sido talladas en la mismísima roca, ninguna de sus magias podría crear un efecto tan increíble. Lentamente se acerco al pozo, comprobó que el calor no le afectaba, coloco su Hoz encima y espero, en un instante el magma se volvió blanco y muy frío y la Oz se hundió lentamente en él - Come y descansa Rojo, aunque una eternidad pase, volveré por ti.
Llegar a la siguiente habitación fue un duro golpe para Dioscuro, cuantas veces le habían hablado de ese sitio, incluso tenía el honor de haber aportado un par de obras a aquel lugar pero de todas formas no podía creerlo. El cuarto estaba lleno de estantes rebosantes de libros referentes a cada aspecto de la vida y la muerte, cultura y conocimientos de todas las razas existentes en la tierra, todo meticulosamente descrito en cientos de obras perfectamente ordenadas y archivadas, y en el techo un gran mapa del mundo, totalmente lleno, no había civilización, ciudad, ni siquiera el más pequeño pueblo que escapara del detalle de aquel mapa, por esto el Rey Ainu fue tan envidiado, no era la riqueza de su reino, lo desarrollada de su civilización ni su gran poderío militar, era esto, su vasto conocimiento en todas las áreas, ninguno de los 7 reyes podía hacer gala de semejante colección. Después de contemplarla unos segundos se acerco a la parte de culturas perdidas y, en un pequeño espacio, coloco tres grandes tomos, les echó una última ojeada y la nostalgia lo invadió – Siempre me inspiraste Tolkien, espero que lo hagas también con quien sea que logre llegar hasta acá -.
Al fin estaba en la cima de la torre, las estrellas brillaban intensamente, caminó hasta el borde y vio al suelo, las nubes bloqueaban el paisaje, no entendía muy bien como había llegado tan lejos después de ver solo 3 habitaciones pero así era, estaba allí y no estaba solo, en el centro de la habitación, sentado en un gran trono de piedra, lo esperaba alguien, no pasaría de los 22 años visto a través de ojos humanos pero hacía miles que había visto la luz del sol por primera vez, alto, fornido, piel blanca, ojos claros, el cabello, negro como la noche, le caía hasta los hombros, ceñía una gran corona blanca, vestía un manto negro y cota de plata, la espada en sus brazos, el escudo a sus pies, miraba y sonreía.
- Te esperaba mucho antes, debo decir, me he aburrido de esperarte, aunque las estrellas cuentan grandes historias sobre ti, las tienes cautivadas Dioscuro – y lentamente se levanto, después de verse por unos segundos se abrazaron, se abrazaron como dos hermanos que tienen una eternidad sin verse, luego Dioscuro se arrodilló y beso sus pies, solo el primer Rey Ainu causaba este efecto en él, ante mas nadie se postraría nunca.
- No fue fácil llegar hasta aquí, el país cae en las sombras mi Rey, reúno a mis aliados para la batalla final pero la traición ha hecho mella en nuestra gente, no existe confianza, no existe esperanza, nos han vencido sin que hayamos presentado batalla – Un par de lagrimas brotaron de sus ojos, apartó su mirada y ahora veía las estrellas, estaban magnificas esa noche.
- Que lastima, siendo una noche tan hermosa, que tengamos este tipo de charla. Si vienes en busca de apoyo, Dioscuro, bien sabes que no tengo nada que darte más allá de mis conocimientos y no creo que estos superen a los tuyos, entonces ¿para qué viniste? -.
- Pero si ya sabe la respuesta, ¿necesitamos tener esta conversación? Confío en la victoria más sé que no la veré nunca, me han maldito mi señor, moriré como un cualquiera y mas nunca podré vivir de nuevo en este mundo, pero no me preocupa si eso trae la victoria a su gente, yo solo quisiera saber si hay algo que pueda hacer para cambiar el destino de Astartea, no podré morir en paz hasta no saberlo -.
Ahora el anciano rey sonreía, de pronto podía volver a ver a aquel joven soñador que había llegado un día a su reino trayendo el mayor de los regalos. Recordaba perfectamente la impresión que le causó este, que después de ver su horrible futuro solo podía preocuparse por algún amor de la infancia y la risa lo invadía cuando lo escuchaba decir que no creía en el destino, cuando él mismo lo llevaba en sus manos.
- Los humanos son en verdad una raza extraña, aunque ya casi no quede nada de ellos en ti aun sufres de su eterna necesidad de oír lo que ya saben. Acaso no sabes que estás maldito porque tú mismo accediste a estarlo, el destino es solo para los débiles y controlarlos la misión de los poderosos, para los que sabemos solo queda sufrir la carga de la ignorancia del resto-.
- Yo pensé que para usted solo quedaba la libertad – había un poco de rencor en su voz, más que por su Rey, porque bien sabía que estaba equivocado, Ainu había vivido una vida llena de sacrificios, aun ahora, después de siglos de muerte, estaba atado a sus antiguas deudas y deberes.
- Tal vez algún día me quede la libertad, y hubiera sido igual para ti, llega un momento en que uno empieza a liberar los nudos que nos atan a este mundo pero tú solo te enredas mas en ellos, es tu imposibilidad de olvidar lo que te hace esclavo del destino, pero si es eso lo que más quieres, dalo por hecho, tu morirás y dejarás tan solo el recuerdo más tu poder protegerá por siempre a los tuyos y, aunque el mundo acabe, nadie podrá romper este encanto -.
- Si pudiera recordar lo que yo, también fuera un esclavo – Y así permanecieron, en silencio, toda la noche pensando, esperando.
Helena nunca había visto un amanecer como aquel, se sentía tan agradecida de poder estar ahí para observarlo, era en verdad una hermosa tierra aquella, aun después de haber sido tan marcada por la guerra podían verse toda clase de maravillas, en la noche las estrellas, que brillaron como si estuvieran echas de piedras preciosas, tan cercanas que parecían estar al alcance de las manos, le dejaron una sensación de paz, bajo su luz no había problemas sin solución, no existía la desesperanza, ahora el sol le mostraba un día sin sombras y la llenaba de energía para las batallas por venir, nunca se había sentido así, le hubiera gustado vivir en esas tierras, allí podría llegar a ser feliz. Cuando el desayuno estuvo listo Dioscuro apareció por la puesta, lucía descansado y hasta rejuvenecido, si esto era posible en personas de su edad, pero venía sin su Oz.
- ¿Qué le pasó a Rojo, terror de los 3 países? Lo único que haces es preocuparme Bubu -.
- ¿Será posible, Hele, que dejes de llamarme así? Si no lo haces no podré dejarte este regalo – Y mostrando la orquídea, que traía escondida en el manto, se la mostró.
- ¿Quién me envía esto, tu Rey? – Mientras se sonrojaba, observaba la belleza de la joya.
- Pues no, ese es mi regalo para ti, el tesoro más hermoso que pude encontrar sin embargo mi Rey es más hábil y poderoso y te envía un mensaje, me pidió que te explicara que todo en este reino se hace según su pensamiento, aun derrocado la tierra lo escucha y obra según su voluntad, los astros siempre oirán su llamada, dice que desde ayer nos observa y que la pasada noche y este amanecer es un homenaje a tu belleza – Helena sonreía.
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