#1 El pescador
Se está levantando un poco de viento, todavía no hay problemas, el río no está muy picado. Me quedan dos espineles más para recorrer; todavía es poco lo que llevo. la culpa es de los mayoneros, arrasan con todo, no respetan ni tamaño, ni el desove, sacan toneladas de pescado, están arruinando el río. Hace treinta años que recorro el Paraná para ganar el alimento, para la Silvia y para mí. Los chicos no quisieron quedarse en río. Por qué no vienen a la ciudad con nosotros, nos dicen, y que voy a hacer yo ahí, mi vida es el río. Hace años tuve una buena oportunidad, me ofrecieron trabajo en una fábrica, pero me aferré a mi isla y a mi río.
Me parece que hoy voy a volver tarde, el viento sopla cada vez mas fuerte. Uno de estos días voy a tener que ponerle un motor a la canoa. No me gusta el ruido, pero ya no remo como antes. Ah, ahí está el otro espinel, espero tener mas suerte que con los anteriores, cada vez hay menos pescados. A ver, oh, que linda pieza, debe pesar como diecinueve kilos, cuanto hace que no sacaba uno así, un surubí atigrado, a treinta pesos el kilo, vendiéndolo todo voy a poder cambiar el freezer, el que tengo apenas funciona.
Este viento no me está gustando nada, tiene olor a tormenta, y la costa mas cerca está a media hora de camino. Bueno, a remar, que la Silvia se va a preocupar, después de tantos años, todavía se preocupa.
Ah, ya no se vé nada, tengo que seguir remando pero...
Treinta años en el Río, y al fin una tormenta me dió vuelta la canoa. Ahora a flotar.
Pobre Silvia, que mal se va a poner, bueno, no es que yo esté muy bién, estoy flotando en medio del río con una gran tormenta, perdí la canoa y los pescados, y no sé donde voy a acabar, seguramente, que en el fondo del río, no estaría mal, sería un buen final. Pero la Silvia se va a poner muy triste. Ah, mis brazos ya no son como antes, que cansado estoy, voy a descansar un rato, pobre Silvia.
- ¡Señor, señor, deme la mano!
- Ah, si, gracias muchacho. ¡que contenta se va a poner la Silvia!
Me parece que hoy voy a volver tarde, el viento sopla cada vez mas fuerte. Uno de estos días voy a tener que ponerle un motor a la canoa. No me gusta el ruido, pero ya no remo como antes. Ah, ahí está el otro espinel, espero tener mas suerte que con los anteriores, cada vez hay menos pescados. A ver, oh, que linda pieza, debe pesar como diecinueve kilos, cuanto hace que no sacaba uno así, un surubí atigrado, a treinta pesos el kilo, vendiéndolo todo voy a poder cambiar el freezer, el que tengo apenas funciona.
Este viento no me está gustando nada, tiene olor a tormenta, y la costa mas cerca está a media hora de camino. Bueno, a remar, que la Silvia se va a preocupar, después de tantos años, todavía se preocupa.
Ah, ya no se vé nada, tengo que seguir remando pero...
Treinta años en el Río, y al fin una tormenta me dió vuelta la canoa. Ahora a flotar.
Pobre Silvia, que mal se va a poner, bueno, no es que yo esté muy bién, estoy flotando en medio del río con una gran tormenta, perdí la canoa y los pescados, y no sé donde voy a acabar, seguramente, que en el fondo del río, no estaría mal, sería un buen final. Pero la Silvia se va a poner muy triste. Ah, mis brazos ya no son como antes, que cansado estoy, voy a descansar un rato, pobre Silvia.
- ¡Señor, señor, deme la mano!
- Ah, si, gracias muchacho. ¡que contenta se va a poner la Silvia!
Editado por eltuko - 29.01.2009 15:12 hs. | Motivo: Ajustes y correcciones
0
(Chiste)