#1 Revancha de una mujer insatisfecha
Juana fue una niña criada con mucho rigor, nunca llamo a su madre ni a su
padre sino de usted, tuvo una juventud que se desarrollo detrás de los
cristales de la sala, que para su suerte la ventana daba a la calle, su única
salida era los domingos a misa de once, o a la modista donde aprendía corte
y confección, el taller quedaba a dos cuadras de su casa, su madre vigilaba
su entrada y esperaba su llegada, cuando entraba en el taller con sus
compañeras mas afortunadas que ella, aprendía mas de la vida que a cocer.
Las chicas contaban sin pudor sus relaciones con sus novios y las licencias
que se permitían con ellos, en el zaguán mientras se despedían, dejaban que
les tocaran los senos y ellas con manos firme masturbaban el pene del
muchacho haciéndolo eyacular en una toalla que llevaban a escondidas, ¡no
vaya a ser que después se fueran de putas!
Juana escuchaba extasiada estos relatos, su cuerpo se estremecía pensando,
como seria sentir las manos de un hombre en su cuerpo, su sexo se mojaba,
pero cuando regresaba a su casa mirando la cara de su madre y su padre, se
le helaba el alma, pensando que ella iba a morir virgen.
Una calurosa noche, no podía dormir, su sangre hervía, con miedo llevo sus
manos a la entrepierna, sintió su sexo mojado, siguió el impulso de sus
dedos y lo introdujo en su vagina, en su exaltación se penetro un poco,
sintió un placer tan infinito que creyó morir, cuando retiro su mano vio que
tenia un hilo de sangre entre sus dedos, pensó que la vida se escapaba de su
cuerpo, nunca lo volvió a repetir, este episodio no se lo contó a nadie, se
paso rogando que apareciera un candidato, se casaría con el sea como
fuera, un paisano de su padre la pidió en matrimonio, ella asintió sin mas,
el tenia veinte años mas que ella. La noche de bodas fue un horror, el
hombre sin miramiento desgarro su virginidad, sofoco su dolor, dando
gracias al cielo que la encontró virgen, el matrimonio siguió su curso, el era
amo y señor, ella aceptaba todo.
Cuando nació la primera niña, el le reprochaba el no haberle dado un varón,
al nacer la segunda niña tuvo complicaciones en el parto, y no pudo
engendrar mas, a estas las crió según la habían criado a ella. El padre no se
preocupaba para nada, eran solo dos mujeres que no despertaban en el
reacción alguna, ni buena ni mala. Cuando crecieron eran dos jovencitas
solitarias, con una madre temerosa que les ocurriera cualquier percance
juvenil, prácticamente las tenia enclaustradas.
Las cañerías de la casa ya eran obsoletas y llego el día que estallaron, hubo
que recurrir a albañiles y plomeros para reparar el daño, las chicas de 19 y
17 años eran enceradas en la habitación de los padres, mientras se hacían
las reparaciones, una noche como cualquier otra la madre fue a la
habitación de las chicas para asegurarse de que estuvieran dormidas y se
encontró con la sorpresa de que las camas estaban vacías, sobre la mesa de
luz una esquela avisaba: nos fuimos con los dos plomeros, no queremos
que la vida nos pase sin haber disfrutado los placeres del amor, algún día te
haremos saber de nosotras. Al padre le dio una pataleta, pero Juana sonrió
para su interior, y pensó:
- ¡Bravo chicas, ojala les vaya mejor que a mi! A lo mejor un día se muere
el bruto de su padre y podremos volver a vernos.
padre sino de usted, tuvo una juventud que se desarrollo detrás de los
cristales de la sala, que para su suerte la ventana daba a la calle, su única
salida era los domingos a misa de once, o a la modista donde aprendía corte
y confección, el taller quedaba a dos cuadras de su casa, su madre vigilaba
su entrada y esperaba su llegada, cuando entraba en el taller con sus
compañeras mas afortunadas que ella, aprendía mas de la vida que a cocer.
Las chicas contaban sin pudor sus relaciones con sus novios y las licencias
que se permitían con ellos, en el zaguán mientras se despedían, dejaban que
les tocaran los senos y ellas con manos firme masturbaban el pene del
muchacho haciéndolo eyacular en una toalla que llevaban a escondidas, ¡no
vaya a ser que después se fueran de putas!
Juana escuchaba extasiada estos relatos, su cuerpo se estremecía pensando,
como seria sentir las manos de un hombre en su cuerpo, su sexo se mojaba,
pero cuando regresaba a su casa mirando la cara de su madre y su padre, se
le helaba el alma, pensando que ella iba a morir virgen.
Una calurosa noche, no podía dormir, su sangre hervía, con miedo llevo sus
manos a la entrepierna, sintió su sexo mojado, siguió el impulso de sus
dedos y lo introdujo en su vagina, en su exaltación se penetro un poco,
sintió un placer tan infinito que creyó morir, cuando retiro su mano vio que
tenia un hilo de sangre entre sus dedos, pensó que la vida se escapaba de su
cuerpo, nunca lo volvió a repetir, este episodio no se lo contó a nadie, se
paso rogando que apareciera un candidato, se casaría con el sea como
fuera, un paisano de su padre la pidió en matrimonio, ella asintió sin mas,
el tenia veinte años mas que ella. La noche de bodas fue un horror, el
hombre sin miramiento desgarro su virginidad, sofoco su dolor, dando
gracias al cielo que la encontró virgen, el matrimonio siguió su curso, el era
amo y señor, ella aceptaba todo.
Cuando nació la primera niña, el le reprochaba el no haberle dado un varón,
al nacer la segunda niña tuvo complicaciones en el parto, y no pudo
engendrar mas, a estas las crió según la habían criado a ella. El padre no se
preocupaba para nada, eran solo dos mujeres que no despertaban en el
reacción alguna, ni buena ni mala. Cuando crecieron eran dos jovencitas
solitarias, con una madre temerosa que les ocurriera cualquier percance
juvenil, prácticamente las tenia enclaustradas.
Las cañerías de la casa ya eran obsoletas y llego el día que estallaron, hubo
que recurrir a albañiles y plomeros para reparar el daño, las chicas de 19 y
17 años eran enceradas en la habitación de los padres, mientras se hacían
las reparaciones, una noche como cualquier otra la madre fue a la
habitación de las chicas para asegurarse de que estuvieran dormidas y se
encontró con la sorpresa de que las camas estaban vacías, sobre la mesa de
luz una esquela avisaba: nos fuimos con los dos plomeros, no queremos
que la vida nos pase sin haber disfrutado los placeres del amor, algún día te
haremos saber de nosotras. Al padre le dio una pataleta, pero Juana sonrió
para su interior, y pensó:
- ¡Bravo chicas, ojala les vaya mejor que a mi! A lo mejor un día se muere
el bruto de su padre y podremos volver a vernos.
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