#1 El espantapájajos y el tren
El espantapájaros y el tren
Al salir de su casa percibió que el color del día se tornaba gris.
No era que el sol estuviese ausente sino que sus ojos se oscurecían con cada nuevo amanecer. No había horizonte ni límites, solo entes que se movían a su alrededor.
Llegó a la estación de trenes. Sus paredes deterioradas por el paso del tiempo sostenían un viejo techo de chapa y se volvían una amenaza para cualquier esquizofrénico o demente que pasara por debajo de él – parecía que estaban cada vez mas predispuestas a caerse- . Pero para él no eran nada; el contexto era invisible a sus ojos.
Justo cuando se introdujo en el viejo edificio su mente se enfocó en un mundo imaginario; pero real para su conciencia.
Se encontró en un campo de flores minado de exóticos pájaros que revoloteaban sobre su cabeza. Caminos con interminables sombras conformados con selváticos árboles que desprendían amarillentas hojas desde sus copas. Hasta vio una pequeña catarata. ¡No faltaba nada para completar su locura!
La gente de la estación reparó en que el hombre caminaba rozando con sus manos los postes de advertencia: los rieles estaban cerca. Pero en su mente, lo único que hacia era acariciar las flores. ¡Menuda confusión!
La magnifica situación iba viento en popa hasta que repentinamente el espantapájaros que se posaba cercano a la majestuosa caída del agua levantó vuelvo. Su cara no era amigable, sino que tendía a la de una bestia hambrienta que se dirigía furiosamente a su alimento.
Otra vez en la estación, todo el mundo fue consciente de como el hombre caminaba vías adentro sin hacer caso a los bocinazos que el tren daba, ni a los gritos de la gente alertándolo.
Sólo escuchaba el ruido de los “pájaros”, que cada vez se elevaba más. Comenzó a correr hacia el tren. Trescientos metros antes que aquel, divisaba una gruta y estaba dispuesto a esconderse en ella. Claro que la gruta era el túnel por el que pasaba el tren y este no podía detenerse en otro lado que no fuera la puerta de la estación.
En su delirio, divisó que estaba más cerca de la gruta que el espantapájaros de él. Su cuerpo comenzaba a fundirse con el aire que provenía del tren: estaba condenado a ser arrasado por culpa de su imaginación; víctima entonces del bloqueo de realidad que lo afectaba.
Tan pronto como pensó que se introducía en la gruta, la gente fue testigo de un verdadero impacto. El tren chocó de lleno su cuerpo al mismo tiempo que el hombre entraba al refugio. La muchedumbre giró la mirada, en un intento de no ver.
Y él tampoco vio nada. Solo un campo de flores más hermoso que el anterior.
Fue entonces cuando sintió una fuerte ráfaga de viento que ingres al nuevo ambiente junto a su cuerpo y sonrió como tiempo atrás.
A veces se dice que logramos bloquearnos en algunas situaciones que presentimos que serán horribles. No sé cuán real será esto; solo que para este hombre fue mucho más que una realidad. Fue el destino quién lo conectó con su deseo, logrando que su alma se libere de este mundo para formar parte de otro lugar mucho más maravilloso que este.
Editado por Anittaa - 01.11.2009 21:23 hs.
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