#1 Emilia
EMILIA
Mamá, ya llegué, ¡que largo se me hizo el viaje! Iba tan distraída que por poco sigo de largo, decí que en Liniers bajó tanta gente, que ahí reaccioné y me bajé en Ciudadela.
Ya estoy en casa, prendí todas las luces, también las del patio, así no me siento tan sola.
Mamá ¿te das cuenta?... ya hablo sola. Miro tu retrato, el retrato de ustedes dos, vos y papá, tan jóvenes, mamá ¡qué linda eras! Y papá tan apuesto con su uniforme.
Bueno, como querías ya tengo toda la historia armada. Pero ¿ahora qué hago con todo esto? Mi nueva vida, mi nueva familia, todo está en estas carpetas que dejé sobre la mesa.
Mañana tengo que volver al colegio. Hoy termina mi licencia… Mamá… mañana cuando los chicos me digan “¡hola seño Emilia!” ¿Qué hago? ¿Les digo: no, yo no soy Emilia, en realidad mi nombre es Victoria?
Yo sigo siendo la misma. Me miro al espejo y sigo viendo mi rostro pálido, mis ojos oscuros, el pelo largo.
De los últimos cinco años, no tengo un solo recuerdo feliz; solo el amor de mis alumnos.
Primero la muerte de papá, tan repentina, tan absurda; después el fin de ni noviazgo con Andrés y tu enfermedad, mamá .Ver como te ibas apagando de a poquito, vos que siempre habías sido la alegría de esta casa y esa última noche, en el sanatorio, vos agonizando, yo ahí, junto a vos, sabiendo que te perdía.
¿Porqué elegiste ese momento para hablar? Sí callaste tantos años ¿por qué mamá?
Pienso tanto en eso: no sé si fue porque no querías morirte con la culpa de haberme mentido siempre o fue porque sabías que me quedaba sola y pensaste que iba a tener una nueva familia. Pero yo tenía una familia, un padre y una madre que me quisieron, me protegieron, me dieron tanto y al mismo tiempo me mintieron durante treinta y tres años. ¿Cómo pudieron?
¿Tan poca confianza tenías en papá? ¿Nunca te atreviste a preguntarle por miedo a que hubiera hecho algo espantoso? ¡Mamá!... sí le hubieras preguntado habrías sabido que él me había salvado la vida.
Él y esa mujer increíble, Ema se llama mamá, te habrías llevado bien con ella.
Ema me contó parte de la historia, el resto lo averiguaron las Abuelas
Hubo un operativo, cercaron toda la manzana, entraron en la casa – alguien los delató, estaban ahí escondidos- hubo un tiroteó y los mataron a todos.
Ahora sé que mis padres biológicos se llamaban Blanca y Hernán, tengo las fotos, mamá, si vieras eran tan jóvenes. Miro las fotos y las comparo con fotos mías, la de los quince, las del viaje ese que hice con
Andrés, ahí me parezco más a ella, será porque las dos tenemos el pelo cortito.
Mamá, papá no tuvo nada que ver con ese tiroteo, ¡cómo me gustaría que lo supieras!
Después que pasó todo y el barrio volvió a ser la barriada humilde y tranquila que siempre fue, Ema, que vivía en la casa de al lado, se metió por los fondos a la casa – ella había escuchado días antes el llanto de un bebé-, no le costó abrir la puerta de la cocina.
Me contó, había sangre por todos lados, los muebles agujereados por las balas, un infierno. Recorrió toda la casa, una prefabricada con una pieza, una sala, la cocina y el baño, allí estaban escondidos los cuatro. Mis padres y dos compañeros.
En la sala había dos colchones enrollados: le llamó la atención uno que parecía tener un hueco.
Lo abrió y me encontró ahí, habían pasado dos días, yo estaba azul, casi muerta. Me llevó a su casa y se asustó. No sabía que hacer. Entonces lo llamó a papá. Lo conocía, era el policía del barrio, siempre estaba dando vueltas por ahí, y vos sabés como era papá, serio, callado, pero tan bondadoso.
Papá me llevó a un pediatra que vivía por ahí, fue el que me prestó los auxilios que me salvaron la vida.
La mujer me cuidó unos días, pero ella ya tenía cinco hijos, además estaba asustada, era peligroso tenerme en su casa.
Entonces papá me trajo a casa y vos te convertiste en mi madre.
Nadie pudo explicarme como hizo papá para anotarme como hija de ustedes, algún amigo que le debía un favor. Emilia García, nacida el 15 de octubre de 1976, en la Ciudad de Buenos Aires.
Esa soy yo y no la otra, Victoria es un lindo nombre, pero no me va, mamá.
¡Si hubieras hablado antes!
Hice todo lo que me pediste. Tuve tanto miedo de que papá hubiera cometido algo horrible- si mamá, yo también desconfié de él- papá perdóname- y pensar que se arriesgó tanto por mi. Él, y esa mujer, Ema -¡qué coraje mamá! yo no sé si hubiera sido capaz…
Mamá, si tu idea fue que encontrara a una nueva familia, pues no, hablaste muy tarde.
Los cuatro abuelos están muertos, Blanca era hija única, Hernán tenía un hermano que también desapareció. La última vez que lo vieron con vida fue en el Garaje Olimpo y después nada…
A mi nunca me interesó la política, ni la historia, era la materia que más me aburría ¿te acordás?
En estos meses me hice experta en horrores, en historias increíbles de crueldad y también de valentía.
Mamá están todos muertos, yo sigo aquí, sentada en esta casa, con todas las luces prendidas y mañana tengo que volver al colegio… ¿qué les cuento a mis alumnos, mamá?
Ángela Rossi
Octubre 2009
Mamá, ya llegué, ¡que largo se me hizo el viaje! Iba tan distraída que por poco sigo de largo, decí que en Liniers bajó tanta gente, que ahí reaccioné y me bajé en Ciudadela.
Ya estoy en casa, prendí todas las luces, también las del patio, así no me siento tan sola.
Mamá ¿te das cuenta?... ya hablo sola. Miro tu retrato, el retrato de ustedes dos, vos y papá, tan jóvenes, mamá ¡qué linda eras! Y papá tan apuesto con su uniforme.
Bueno, como querías ya tengo toda la historia armada. Pero ¿ahora qué hago con todo esto? Mi nueva vida, mi nueva familia, todo está en estas carpetas que dejé sobre la mesa.
Mañana tengo que volver al colegio. Hoy termina mi licencia… Mamá… mañana cuando los chicos me digan “¡hola seño Emilia!” ¿Qué hago? ¿Les digo: no, yo no soy Emilia, en realidad mi nombre es Victoria?
Yo sigo siendo la misma. Me miro al espejo y sigo viendo mi rostro pálido, mis ojos oscuros, el pelo largo.
De los últimos cinco años, no tengo un solo recuerdo feliz; solo el amor de mis alumnos.
Primero la muerte de papá, tan repentina, tan absurda; después el fin de ni noviazgo con Andrés y tu enfermedad, mamá .Ver como te ibas apagando de a poquito, vos que siempre habías sido la alegría de esta casa y esa última noche, en el sanatorio, vos agonizando, yo ahí, junto a vos, sabiendo que te perdía.
¿Porqué elegiste ese momento para hablar? Sí callaste tantos años ¿por qué mamá?
Pienso tanto en eso: no sé si fue porque no querías morirte con la culpa de haberme mentido siempre o fue porque sabías que me quedaba sola y pensaste que iba a tener una nueva familia. Pero yo tenía una familia, un padre y una madre que me quisieron, me protegieron, me dieron tanto y al mismo tiempo me mintieron durante treinta y tres años. ¿Cómo pudieron?
¿Tan poca confianza tenías en papá? ¿Nunca te atreviste a preguntarle por miedo a que hubiera hecho algo espantoso? ¡Mamá!... sí le hubieras preguntado habrías sabido que él me había salvado la vida.
Él y esa mujer increíble, Ema se llama mamá, te habrías llevado bien con ella.
Ema me contó parte de la historia, el resto lo averiguaron las Abuelas
Hubo un operativo, cercaron toda la manzana, entraron en la casa – alguien los delató, estaban ahí escondidos- hubo un tiroteó y los mataron a todos.
Ahora sé que mis padres biológicos se llamaban Blanca y Hernán, tengo las fotos, mamá, si vieras eran tan jóvenes. Miro las fotos y las comparo con fotos mías, la de los quince, las del viaje ese que hice con
Andrés, ahí me parezco más a ella, será porque las dos tenemos el pelo cortito.
Mamá, papá no tuvo nada que ver con ese tiroteo, ¡cómo me gustaría que lo supieras!
Después que pasó todo y el barrio volvió a ser la barriada humilde y tranquila que siempre fue, Ema, que vivía en la casa de al lado, se metió por los fondos a la casa – ella había escuchado días antes el llanto de un bebé-, no le costó abrir la puerta de la cocina.
Me contó, había sangre por todos lados, los muebles agujereados por las balas, un infierno. Recorrió toda la casa, una prefabricada con una pieza, una sala, la cocina y el baño, allí estaban escondidos los cuatro. Mis padres y dos compañeros.
En la sala había dos colchones enrollados: le llamó la atención uno que parecía tener un hueco.
Lo abrió y me encontró ahí, habían pasado dos días, yo estaba azul, casi muerta. Me llevó a su casa y se asustó. No sabía que hacer. Entonces lo llamó a papá. Lo conocía, era el policía del barrio, siempre estaba dando vueltas por ahí, y vos sabés como era papá, serio, callado, pero tan bondadoso.
Papá me llevó a un pediatra que vivía por ahí, fue el que me prestó los auxilios que me salvaron la vida.
La mujer me cuidó unos días, pero ella ya tenía cinco hijos, además estaba asustada, era peligroso tenerme en su casa.
Entonces papá me trajo a casa y vos te convertiste en mi madre.
Nadie pudo explicarme como hizo papá para anotarme como hija de ustedes, algún amigo que le debía un favor. Emilia García, nacida el 15 de octubre de 1976, en la Ciudad de Buenos Aires.
Esa soy yo y no la otra, Victoria es un lindo nombre, pero no me va, mamá.
¡Si hubieras hablado antes!
Hice todo lo que me pediste. Tuve tanto miedo de que papá hubiera cometido algo horrible- si mamá, yo también desconfié de él- papá perdóname- y pensar que se arriesgó tanto por mi. Él, y esa mujer, Ema -¡qué coraje mamá! yo no sé si hubiera sido capaz…
Mamá, si tu idea fue que encontrara a una nueva familia, pues no, hablaste muy tarde.
Los cuatro abuelos están muertos, Blanca era hija única, Hernán tenía un hermano que también desapareció. La última vez que lo vieron con vida fue en el Garaje Olimpo y después nada…
A mi nunca me interesó la política, ni la historia, era la materia que más me aburría ¿te acordás?
En estos meses me hice experta en horrores, en historias increíbles de crueldad y también de valentía.
Mamá están todos muertos, yo sigo aquí, sentada en esta casa, con todas las luces prendidas y mañana tengo que volver al colegio… ¿qué les cuento a mis alumnos, mamá?
Ángela Rossi
Octubre 2009
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