#1 Una rubia ilusión
Una rubia ilusión
Sus ojos irritados denotaban la fijación ininterrumpida de su mirada en la pantalla del ordenador. Faltaban 44 minutos para accionar el envío del grueso de su ejército en un juego on line de estrategia; si todos los integrantes de la alianza realizaban su tarea, en las próximas horas someterían a sus enemigos.
Quiromántico (su nick de ID) sostenía el cronómetro, la espera se sucedía segundo a segundo, el trabajo de varios usuarios estaba en juego. El triunfo era inminente.
En la barra de tareas emergió de repente una ventana titilando, Diego minimizó el explorador del juego y maximizó la ventana emergente. Una nueva notificación de una red social sorprendía a la tensa madrugada.
“Juliete quiere se tu amigo/a”, rezaba el comunicado.
El muchacho decidió que aún restaba tiempo para su cometido más importante de la desvelada noche e ingresó a la red social. Aseguraba no conocer a la chica, pero la foto que figuraba en el perfil bastó para aceptarla de inmediato.
La blonda adolecente posaba en la playa, por el color turquesa del mar seguramente sería del Caribe, con un diminuto bikini que le resaltaba su femineidad.
-Hola, que tal, sos Diego?
-Hola, si, soy yo. Nos conocemos?
-Mmm, en realidad revisando los contactos de una amiga vi tu foto y te agregué.
El joven revisó que aún le faltaba 28 minutos en el juego, y se dispuso a chatear con la chica.
La conversación era una sucesión de coincidencias, la mayoría de los gustos de Diego eran acordes a los intereses de ella y, por si fuera descabellado, Juliette era de su misma ciudad.
A ella le encantaba el baile de La Barra, pero alegaba que nunca tenía con quien ir ya que las amigas siempre la dejaban sola; él era fanático del grupo cuartetero y le sucedía algo similar.
-Románticos, que no sean pesados. Le contestaba la chica cuando Diego le pregunto sobre cómo le gustaba que sean los hombres.
Inmediatamente maximizó el explorador, abrió una nueva ventana (dejó de lado el juego de estrategia) y colocó la dirección de un buscador. Tipeó lo más rápido que pudo POEMAS DE AMOR.
Encontró uno llamado Táctica y Estrategia y se lo envió:
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
Mi táctica es (…)
-Te gusta?
-Hay! Es hermoso. Lo escribiste vos?
- Me gusta escribir pero este es de Benedetti, respondió Diego.
-Me encantó, me gustaría leer algo tuyo alguna vez.
Y mientras la conversación se ponía más melosa, el software de mensajes instantáneo daba zumbidos en la PC del joven.
-Quiromántico, no voy a poder enviar el ataque, pero al menos mandé muchos fakes disuasivos (ataques falsos); le avisaba un compañero del juego.
Diego recobró la noción del tiempo y dejó por un instante la red social para avocarse al envío de su ejército. Preparo las coordenadas y la cantidad de las distintas facciones que atacarían. Iba con todo, caballeriza, infantería, catapultas, etc.
-Diego, estás ahí?
-Sí, perdoná, soy un colgado…
Faltaban siete minutos para comenzar la ofensiva.
El chat cada vez avanzaba más y Diego no podía creer que en poco tiempo se estaba enamorando; ella indicaba el mismo sentimiento por los comentarios.
Mientras organizaban una posible reunión durante la siesta, en la costanera de la ciudad, una llamada le entraba al celular de él, que enojado por el inoportuno momento lo apagó sin fijarse siquiera quien llamaba.
-Dieguis, no quiero que parezca cursi, pero me gustás.
Diego no lo podía creer, de ser el Quiromántico, Ministro de las Ofensivas de Leyends, considerado de los mejores estrategas dentro del juego on line, a ser un débil enamorado de una chica que recién conocía y a titubear sin saber que responder.
-Estás? Perdón diego, soy una tonta, lo se.
-No, no, está bien, pasa que me toma de sorpresa, me encantó que me lo digas, la verdad que no se, pero desde que comenzamos a chatear siento que te conozco de toda la vida.
Y continuaron un buen rato, ella le contaba sus historias anteriores, él, que nunca había tenido novia, inventaba algunas relaciones para no quedar como nene.
Se estiró para acomodarse sin pensar en más que en la chica que estaba conquistando, esa misma que la foto de perfil lo apuró a aceptarla dentro de sus contactos, hasta que el pflaff! del cronómetro al piso lo precipitó de la luna.
Alzó el aparato y descubrió que con la caída se había reseteado. Se fijó en el reloj y las manecillas le indicaban que el tiempo le jugó una mala pasada.
-Juliette, ya vuelvo, no te vayas.
-Ok, te espero dieguis.
Encabronado retomó el juego y mandó el ataque. Catorce minutos pasados de la hora en la cual debía realizar el ataque. Tanto timepo preparando la meticulosa ofensiva, para terminar enviándolo a cualquier hora. Ahora su ejército corría riesgo de que le armaran una buena defensa (al estar programados varios ataques masivos, y uno sólo descolgado, era probable que el descolgado sea el ataque real, o no…).
-Juliette, volvi!
-Bueno, organicemos para mañana así nos juntamos.
Quedaron en encontrarse a las 15.30, ella vestiría una prenda roja; él acudiría con un clavel.
La siesta desprendía un aroma a rosas cuando Diego llegaba a la costanera. El banco estaba vacío, así que el joven se sentó a esperar. Y el tiempo pasó corriendo mientras, él esperaba una rubia ilusión.
Con el clavel hecho pedazos en el bolsillo, regresó a su casa. Estaba más Quiromántico que nunca, fue a la pc, la encendió, abrió la red social y la buscó. Juliette no figuraba…
Decepcionado entró en el juego, los carteles de conversación se abrían por todos lados, su ejército había perecido, ahora su alianza quedaba desprotegida, la batalla estaba perdida.
Entró al foro para aceptar una rendición y dejar su cuenta como botín para salvar a sus compañeros. Un post nuevo le llamó la atención: Carta de Juliette…
Ingresó urgido de bronca y, para su desgracia, Juliette no era más que artimañas de sus enemigos. Quiromántico, decepcionado, burlado y humillado le dio de baja a la cuenta, ingresó a la red social y borró todos los contactos, desinstaló el mensajero instantáneo y apagó el ordenador.
Diego salió a caminar, a visitar a amigos, a jugar al futbol, conocer chicas; quería vivir la vida, la real, no una rubia ilusión…
