#1 Rebato Alado (parte I y II)
Hola!
Este es un cuento que originalmente lo publique hace unos meses atrás. Habia publicado solo la primera parte, después no tuve tiempo para escribir la segunda parte y el post cerro.
Me contacte con The Spectre y me recomendó abrir uno nuevo, para poder modificarlo a mi antojo, ya que el otro no se puede modificar. En fin...
Así que, aquí vamos.
Primera parte.
Abalorios.
Antes de partir al cruce de su alma herida, pronuncio así. Su rezo final:
-Dejame saber, dame luz. Una mano que me guíe, un camino que me lleve.
-Soy fundamento de lo que quieras de mi. Ahora dime. ¿¡que debo hacer!?
-¿¡Para que este corazón, si ya no me hablas!?
-No me abandones sin razón.
El ocaso cegaba sus ojos lánguidos, al mismo tiempo que estos eran atraídos por aquella estera lasciva que confundía cada uno de sus pensamientos. Al saber de su rostro, casi saboreando los sortilegios del pecado, se hizo sobre si un espíritu taciturno. Cayo, abatido, por la angustia y el arrebato de su flor.
Al termino de sus desconsoladas lágrimas, recargo su escueta fe sobre sus estoicas rodillas. Salió, el absorto trotamundos, en busca de las aguas diáfanas que lo visitaban cada noche en sus heraldos.
Jamás habría de abandonar su mas sincero deseo de felicidad. Ya había perdido su flor, casi su fe, pero nunca las peripecias -las inclemencias- de su suerte, que por algún motivo -quien supiera- le deseaban imposible ser feliz.
Desde esa tarde, y por las próximas tardes que podría recordar, dio gobierno unísono a su austero corazón, para no hacerse de nada; para poder dejarlo todo, otra vez.
Camino días, noches. Sorteo montaraces horas de veleidosos paisajes, portentosas llanuras y virulentas ciénagas.
Para cuando sus zozobrados pies reclamaron el repaso de cual fuera el designio que impulsaría sus pasos tras las trémulas, incipientes estepas que habrían de venir, los días fueron tantos que ya no tenia memoria de su ultima cena.
Salido de entre la nada, a manotazos ciegos... sucumbió bajo el calor, hasta que -sin saber como-, se hizo a la orilla de la inhóspita corriente cristalina. Deslumbrado por los refulgentes abalorios que chisporroteaban en lo pando del río, se invito al frescor de las aguas, sumergió su cabeza por un largo rato. Bajo el agua, se entretuvo con la imagen celestial que ofrecían los objetos preciosos; un espectaculo de todos colores, lo mas parecido a espiar por la cerradura del cielo. Se olvido que estaba bajo el agua, se sentía como en casa y disfrutaba este momento como si fuera su fiesta de bienvenida. El abrupto cambio de clima le llego a retorcer el cerebro. El espectáculo se disipo, era hora de volver al mundo terrenal, su mente quedo en blanco, no había en su sangre una sola partícula de aire. Desorbitado; antes de casi ahogarse, se permitió la primera bocanada. Apunado por la falta de oxigeno, su cuerpo no reaccionaba. Moribundo; apenas si pudo dejar caer su cuerpo, de costado... al mismo tiempo que respirar le quemaba el pecho, sus ojos dibujaron aquel lívido paisaje. Estaba entonces sobre las huestes piedras del dolor. Sin mover mas que la cabeza, voltio; vio sobre la vieja rambla la incipiente razón que acabaría con su vida.
Sus ojos tibios, abrillantados por el resplandor de las tres de la tarde; langidos, como el resto de su cuerpo... convaleciendo por su visita celestial. Transformo el deseo, la visión y la desesperación, en un azaroso caldo soporífero, algazarado de voces ubicuas. ¿seria otro espectáculo? ¿esta vez de que tipo? itespestivamente su abigarrada visión imploto, grislacerando, en un letárgico sinapismo catarsico, atiborrado de recuerdos.
-Segunda parte-
Alquimia de un Árbol Llamado Yoel.
Amorbosado por recuerdos de vidas paralelas... la celuloide retrocedió al desconocido ser de si ser, seria siendo lo que fue. Se veía caminar errante, mirando como nada cambia;
a pesar de andar, nada cambia.
Se instalo en su rostro aquella mirada. El
espectro taciturno de algún fantasma futuro se
había instalado en sus ojos, estaba en su modo de
mirar, asustaba; en vez de pensar en lo que veía, parecía ver lo que pensaba.
Solitario, errante.
--Ho, cotidiano ser de aspecto vulgar. ¿porque erras?
-ya tu ves... el mundo me ha empujado al desobediente-humano,
al compulsivo tormento de ser lacra del tiempo; que no es tiempo,
sino espacio... infinito espacio.
Tan viejo nos hacemos tratando de llenar el vació, pero tan grande es,
que la muerte nos gana siempre de mano. Infinito espacio.
Jamas llegare, jamas.
--Ho, montaraz forastero, no logro comprender donde vas.
Has dicho que el tiempo-espacio es infinito, ya sabes que jamas llegaras.
¿Que te aflige? Ho, incomprendido trotamundos
¿Donde quieres llegar?
-ya tu ves... soy almohada de un infinito ser que no se quita de mi vista,
El quiere descansar en paz... quiere llegar.
--Pero... El ha venido del mas allá, ha llegado donde quiere estar.
El ha llegado contigo donde tu quieres llegar con el.
¿Porque has de pasearlo por el infinito si, nido hizo en ti?
¿Porque has de regresarlo donde no pudo su paz encontrar?
-Por que triste esta. Mira, ya tu ves, triste
esta. Lo han ofendido tanto... por ser rostro del
sucio, del lacra. Todos lo ven. Todos pueden
verlo. Debo llevarlo donde nadie lo pueda ver,
debo llevarlo. Debo llevarlo mas allá de los
escollos polvorientos, mas allá de las aguas
diáfanas; debo atravesar las opresoras paredes del
manso rió Bravo; yo digo que manso, pues bravo son
sus paredes, opresoras de su libertad. Debo
llevarlo donde el orfebre, el debe pulir su halo,
solo así podrá entrar.
Debo llevarlo allí, debo llevarlo antes que cierre
sus puertas el equinoccio de los muertos; o no podrá volver, jamas.
--No te aflijas. Ho, errante mediador de almas
futuras, no exasperes. Mas, no ofende quien
quiere, sino quien pude. Ya tu veras, nunca te
ofendió un árbol por hacer leña de el; pues no
puede hablar, tampoco señalar. Tu te has ofendido
solo y con ello has opacado su halo.
Ahora, tranquilo. Ho, filantropo desorientado,
el tiempo-espacio no aprime pues es infinito, ya tu lo has
dicho. Saca tu elixir, revive tu halo.
Siempre has llevado contigo el remedio. Recuerda,
no ofende quien quiere, sino quien puede. Quitale poder,
solo ha de quedar el querer, el placebo de aquel sentimiento dividido;
ahora, ya, inocuo.
Ahora anda, corre si quieres pero llega donde quieras estar,
no donde te quieran llevar.
Haslo por tu amigo el manso rió Bravo, quien aunque
lucha día y noche, no puede salirse de la rambla
que lo vio nacer. Mas aun, violento lo llaman y le temen por libre querer ser.
Vuelve donde la dogma. Ve donde el árbol,
escuchalo; obedece, aprende su alquimia,
el te enseñara el placer de lo inerte. Veras su luz.
Sabras entonces cual puerta accede al equinoccio.
Cuando estés listo, entonces utiliza tu halo. El
sabrá guiarte por el sendero oscuro, el retorno,
por la puerta que accede el mal para robar el bien.
Aprovecha su luz, trae el bien de vuelta...
Este es un cuento que originalmente lo publique hace unos meses atrás. Habia publicado solo la primera parte, después no tuve tiempo para escribir la segunda parte y el post cerro.
Me contacte con The Spectre y me recomendó abrir uno nuevo, para poder modificarlo a mi antojo, ya que el otro no se puede modificar. En fin...
Así que, aquí vamos.
Primera parte.
Abalorios.
Antes de partir al cruce de su alma herida, pronuncio así. Su rezo final:
-Dejame saber, dame luz. Una mano que me guíe, un camino que me lleve.
-Soy fundamento de lo que quieras de mi. Ahora dime. ¿¡que debo hacer!?
-¿¡Para que este corazón, si ya no me hablas!?
-No me abandones sin razón.
El ocaso cegaba sus ojos lánguidos, al mismo tiempo que estos eran atraídos por aquella estera lasciva que confundía cada uno de sus pensamientos. Al saber de su rostro, casi saboreando los sortilegios del pecado, se hizo sobre si un espíritu taciturno. Cayo, abatido, por la angustia y el arrebato de su flor.
Al termino de sus desconsoladas lágrimas, recargo su escueta fe sobre sus estoicas rodillas. Salió, el absorto trotamundos, en busca de las aguas diáfanas que lo visitaban cada noche en sus heraldos.
Jamás habría de abandonar su mas sincero deseo de felicidad. Ya había perdido su flor, casi su fe, pero nunca las peripecias -las inclemencias- de su suerte, que por algún motivo -quien supiera- le deseaban imposible ser feliz.
Desde esa tarde, y por las próximas tardes que podría recordar, dio gobierno unísono a su austero corazón, para no hacerse de nada; para poder dejarlo todo, otra vez.
Camino días, noches. Sorteo montaraces horas de veleidosos paisajes, portentosas llanuras y virulentas ciénagas.
Para cuando sus zozobrados pies reclamaron el repaso de cual fuera el designio que impulsaría sus pasos tras las trémulas, incipientes estepas que habrían de venir, los días fueron tantos que ya no tenia memoria de su ultima cena.
Salido de entre la nada, a manotazos ciegos... sucumbió bajo el calor, hasta que -sin saber como-, se hizo a la orilla de la inhóspita corriente cristalina. Deslumbrado por los refulgentes abalorios que chisporroteaban en lo pando del río, se invito al frescor de las aguas, sumergió su cabeza por un largo rato. Bajo el agua, se entretuvo con la imagen celestial que ofrecían los objetos preciosos; un espectaculo de todos colores, lo mas parecido a espiar por la cerradura del cielo. Se olvido que estaba bajo el agua, se sentía como en casa y disfrutaba este momento como si fuera su fiesta de bienvenida. El abrupto cambio de clima le llego a retorcer el cerebro. El espectáculo se disipo, era hora de volver al mundo terrenal, su mente quedo en blanco, no había en su sangre una sola partícula de aire. Desorbitado; antes de casi ahogarse, se permitió la primera bocanada. Apunado por la falta de oxigeno, su cuerpo no reaccionaba. Moribundo; apenas si pudo dejar caer su cuerpo, de costado... al mismo tiempo que respirar le quemaba el pecho, sus ojos dibujaron aquel lívido paisaje. Estaba entonces sobre las huestes piedras del dolor. Sin mover mas que la cabeza, voltio; vio sobre la vieja rambla la incipiente razón que acabaría con su vida.
Sus ojos tibios, abrillantados por el resplandor de las tres de la tarde; langidos, como el resto de su cuerpo... convaleciendo por su visita celestial. Transformo el deseo, la visión y la desesperación, en un azaroso caldo soporífero, algazarado de voces ubicuas. ¿seria otro espectáculo? ¿esta vez de que tipo? itespestivamente su abigarrada visión imploto, grislacerando, en un letárgico sinapismo catarsico, atiborrado de recuerdos.
-Segunda parte-
Alquimia de un Árbol Llamado Yoel.
Amorbosado por recuerdos de vidas paralelas... la celuloide retrocedió al desconocido ser de si ser, seria siendo lo que fue. Se veía caminar errante, mirando como nada cambia;
a pesar de andar, nada cambia.
Se instalo en su rostro aquella mirada. El
espectro taciturno de algún fantasma futuro se
había instalado en sus ojos, estaba en su modo de
mirar, asustaba; en vez de pensar en lo que veía, parecía ver lo que pensaba.
Solitario, errante.
--Ho, cotidiano ser de aspecto vulgar. ¿porque erras?
-ya tu ves... el mundo me ha empujado al desobediente-humano,
al compulsivo tormento de ser lacra del tiempo; que no es tiempo,
sino espacio... infinito espacio.
Tan viejo nos hacemos tratando de llenar el vació, pero tan grande es,
que la muerte nos gana siempre de mano. Infinito espacio.
Jamas llegare, jamas.
--Ho, montaraz forastero, no logro comprender donde vas.
Has dicho que el tiempo-espacio es infinito, ya sabes que jamas llegaras.
¿Que te aflige? Ho, incomprendido trotamundos
¿Donde quieres llegar?
-ya tu ves... soy almohada de un infinito ser que no se quita de mi vista,
El quiere descansar en paz... quiere llegar.
--Pero... El ha venido del mas allá, ha llegado donde quiere estar.
El ha llegado contigo donde tu quieres llegar con el.
¿Porque has de pasearlo por el infinito si, nido hizo en ti?
¿Porque has de regresarlo donde no pudo su paz encontrar?
-Por que triste esta. Mira, ya tu ves, triste
esta. Lo han ofendido tanto... por ser rostro del
sucio, del lacra. Todos lo ven. Todos pueden
verlo. Debo llevarlo donde nadie lo pueda ver,
debo llevarlo. Debo llevarlo mas allá de los
escollos polvorientos, mas allá de las aguas
diáfanas; debo atravesar las opresoras paredes del
manso rió Bravo; yo digo que manso, pues bravo son
sus paredes, opresoras de su libertad. Debo
llevarlo donde el orfebre, el debe pulir su halo,
solo así podrá entrar.
Debo llevarlo allí, debo llevarlo antes que cierre
sus puertas el equinoccio de los muertos; o no podrá volver, jamas.
--No te aflijas. Ho, errante mediador de almas
futuras, no exasperes. Mas, no ofende quien
quiere, sino quien pude. Ya tu veras, nunca te
ofendió un árbol por hacer leña de el; pues no
puede hablar, tampoco señalar. Tu te has ofendido
solo y con ello has opacado su halo.
Ahora, tranquilo. Ho, filantropo desorientado,
el tiempo-espacio no aprime pues es infinito, ya tu lo has
dicho. Saca tu elixir, revive tu halo.
Siempre has llevado contigo el remedio. Recuerda,
no ofende quien quiere, sino quien puede. Quitale poder,
solo ha de quedar el querer, el placebo de aquel sentimiento dividido;
ahora, ya, inocuo.
Ahora anda, corre si quieres pero llega donde quieras estar,
no donde te quieran llevar.
Haslo por tu amigo el manso rió Bravo, quien aunque
lucha día y noche, no puede salirse de la rambla
que lo vio nacer. Mas aun, violento lo llaman y le temen por libre querer ser.
Vuelve donde la dogma. Ve donde el árbol,
escuchalo; obedece, aprende su alquimia,
el te enseñara el placer de lo inerte. Veras su luz.
Sabras entonces cual puerta accede al equinoccio.
Cuando estés listo, entonces utiliza tu halo. El
sabrá guiarte por el sendero oscuro, el retorno,
por la puerta que accede el mal para robar el bien.
Aprovecha su luz, trae el bien de vuelta...
0

