#1 El cadaver de Verónica
El cadaver de Verónica
Verónica leía el diario sin ver las publicidades. Aunque esa fuera su función en el estudio de diseño, ya estaba arta de él. Ella era diseñadora gráfica, pero sin saber como, un día terminó siendo una empleada administrativa que solo contabilizaba las publicaciones en los diarios. Asi llegó a los clasificados. “Buscamos cadáveres para estudios de anatomía” leyó.
Esa era la respuesta que estaba buscando! Esa era la solución a sus problemas. Una excelente idea, su vida tendría un objetivo y por fin alguien la necesitaría. No como el estúpido de su novio, que la había dejado el jueves pasado. Estaba decidido, Verónica entregaría su cadáver a la ciencia. Solo faltaban los detalles. Ese mismo día renunció a su trabajo, tenía algo de dinero ahorrado con el que cubriría los gastos, asi que no encontraba motivos para no putear a su obeso jefe antes de retirarse, total ya no necesitaría referencias laborales.
Al día siguiente, volvió a leer el aviso. “Buscamos cadáveres para estudios de anatomía” leyó. Pero esta vez, repasó los requisitos. Ella era mayor de edad, perfecto. Ningún miembro amputado. No tenía operaciones serias, y los cortes en sus muñecas pronto terminarían de sanar. Pero aún quedaban algunos detalles: Su pelo teñido de negro, que se dejaría crecer unas semanas. Y tal vez lo mas complicado, sus incontables piercings. Algún cicatrizante regenerador, y un tiempo sin usarlos solucionarían eso también.
Verónica comenzó a preparar su cuerpo, tenía tiempo para ello. Daba igual que día fuera a cumplir con el pedido, total ya estaba decida. Todos los días, temprano en las mañanas compraba el diario para leer el aviso, lo remarcaba con su lapicera roja. Abandonó la comida chatarra, y solo consumía comidas sanas. Pero como le costaba conseguirla, comenzó a cocinarse ella misma. Su gran altura era algo bueno, los estudiantes tendrían mas lugar para realizar cortes. Pero su figura super delgada tal vez no lo fuera, no imaginaba para que los médicos querrían un cuerpo con la piel pegada a los huesos. Asi que un poco de ejercicio y algo de volumen en su figura ayudarían a estudiar mejor sus músculos. Su maquillaje pálido y la sombra en los ojos molestarán, asi que luego de mucho tiempo, su cutis cobrizo vio la luz, sus ojos sin sombra parecían raros. Pero claro, su piel reseca tampoco ayudaría cuando el bisturí corte sus tejidos, seguro la piel se rompería. Asi que repetidamente frotaba crema hidratante en su cuerpo.
Y asi Verónica pasaba los días, buscando el diario muy temprano en la mañana y leyendo su aviso, cocinando cosas ricas. Para que negarlo? Si tenía que cocinarse ella misma, aprovecharía y haría cosas ricas. Hidrataba su cuerpo con cremas. La señora de la farmacia le había recomendado una muy buena. Pero tenía una duda, no sabía en que zonas serían las incsiciones, por lo que pasaba crema a todo su cuerpo. Entonces cada día iniciaba sus masajes en distintas zonas, y asi fue que sin quererlo, Verónica fue descubriendo placeres nunca antes sospechados. Sus caricias despertaban en ella sensaciones totalmente desconocidas. Imaginaba a los médicos observándola, deseando que estuviera viva para conocerla mejor, veía a esas personas tocando su cuerpo cada día mas voluptuoso. Y así, sintiéndose deseada a pesar de estar muerta, Verónica alcanzaba unos estrepitosos orgasmos. Que para alguien que se encontraba en el final de su vida, no estaban nada mal.
Su largo pelo ya mostraba el color natural. Un castaño oscuro que no había visto desde la secundaria. Para tener un pelo de color uniforme, se lo cortó a la altura de su cuello. Dejó de ser asidua de la noche, y de día caminaba por las plazas aprovechando los beneficios del sol. Alguna vez escuchó que eso era bueno para la piel. Asi fue como sus vecinos comenzaron a notarla. Hasta el diarero y el muchacho del quiosco la invitaron a salir varias veces, y dicen que su ex novio la llamó varias veces. Pobre de ellos! No sabían que esto era solo un cadáver caminado, preparándose para una muerte perfecta. Esta última idea le gustó, y comenzó a toma notas de cómo mejorar una vida para la muerte. Las notas tenían muchas imágenes, a Verónica le gustaba dibujar. Le gustó tanto su trabajo, que pensó sería un lindo gesto regalarle este libro a los médicos que trabajarían sobre ella.
Su antigua ropa ya no le entraba, asi que compró algo para usar en estos últimos días. Poco le interesaba lo que llevara puesto, asi que pidió a la vendedora que eligiera algo. Resultó ser un vestidito verde, con unas tiritas que ella nunca había usado. Es que nunca quiso mostrar mucho sus huesudos hombros. También se llevó algunas remeras, y un jean que Verónica describía como demasiado ajustado para un cadáver.
Asi llegó el día, Por fin Verónica encontraría el sentido a su vida. Comió algo, porque seguro sería mas interesante para los que estudiaran su cuerpo, leyó el aviso por última vez y se puso su vestidito verde. Se maquilló un poco, solo porque le gustaba como quedaban los colores cálidos en su piel, y fue al Instituto de Anatomía. No estaba lejos, fue caminando. Ella llevaba su libro recién firmado bajo el brazo. Al medio día Verónica estaba tocando el timbre. Tardaron en abrirle, ella esperó. Y mientras esperaba, justo al lado de la puerta, pudo ver un cartel pegado con cinta: “Hasta nuevo aviso, no aceptamos mas cadáveres. Disculpe las molestias.”, leyó.
Fin.
.
.
.
Bueno, gracias si alguien leyó esto.
Es la primera vez que muestro algo mio. No creo ser muy bueno en esto de escribir, pero es algo que realmente disfruto hacer.
Me gustaría conocer la opinión de alguien imparcial, y no solamente la de mis amigos. Que son capaces de criticarme positivamente siempre, con tal que les deje sacar cerveza de mi heladera.
Verónica leía el diario sin ver las publicidades. Aunque esa fuera su función en el estudio de diseño, ya estaba arta de él. Ella era diseñadora gráfica, pero sin saber como, un día terminó siendo una empleada administrativa que solo contabilizaba las publicaciones en los diarios. Asi llegó a los clasificados. “Buscamos cadáveres para estudios de anatomía” leyó.
Esa era la respuesta que estaba buscando! Esa era la solución a sus problemas. Una excelente idea, su vida tendría un objetivo y por fin alguien la necesitaría. No como el estúpido de su novio, que la había dejado el jueves pasado. Estaba decidido, Verónica entregaría su cadáver a la ciencia. Solo faltaban los detalles. Ese mismo día renunció a su trabajo, tenía algo de dinero ahorrado con el que cubriría los gastos, asi que no encontraba motivos para no putear a su obeso jefe antes de retirarse, total ya no necesitaría referencias laborales.
Al día siguiente, volvió a leer el aviso. “Buscamos cadáveres para estudios de anatomía” leyó. Pero esta vez, repasó los requisitos. Ella era mayor de edad, perfecto. Ningún miembro amputado. No tenía operaciones serias, y los cortes en sus muñecas pronto terminarían de sanar. Pero aún quedaban algunos detalles: Su pelo teñido de negro, que se dejaría crecer unas semanas. Y tal vez lo mas complicado, sus incontables piercings. Algún cicatrizante regenerador, y un tiempo sin usarlos solucionarían eso también.
Verónica comenzó a preparar su cuerpo, tenía tiempo para ello. Daba igual que día fuera a cumplir con el pedido, total ya estaba decida. Todos los días, temprano en las mañanas compraba el diario para leer el aviso, lo remarcaba con su lapicera roja. Abandonó la comida chatarra, y solo consumía comidas sanas. Pero como le costaba conseguirla, comenzó a cocinarse ella misma. Su gran altura era algo bueno, los estudiantes tendrían mas lugar para realizar cortes. Pero su figura super delgada tal vez no lo fuera, no imaginaba para que los médicos querrían un cuerpo con la piel pegada a los huesos. Asi que un poco de ejercicio y algo de volumen en su figura ayudarían a estudiar mejor sus músculos. Su maquillaje pálido y la sombra en los ojos molestarán, asi que luego de mucho tiempo, su cutis cobrizo vio la luz, sus ojos sin sombra parecían raros. Pero claro, su piel reseca tampoco ayudaría cuando el bisturí corte sus tejidos, seguro la piel se rompería. Asi que repetidamente frotaba crema hidratante en su cuerpo.
Y asi Verónica pasaba los días, buscando el diario muy temprano en la mañana y leyendo su aviso, cocinando cosas ricas. Para que negarlo? Si tenía que cocinarse ella misma, aprovecharía y haría cosas ricas. Hidrataba su cuerpo con cremas. La señora de la farmacia le había recomendado una muy buena. Pero tenía una duda, no sabía en que zonas serían las incsiciones, por lo que pasaba crema a todo su cuerpo. Entonces cada día iniciaba sus masajes en distintas zonas, y asi fue que sin quererlo, Verónica fue descubriendo placeres nunca antes sospechados. Sus caricias despertaban en ella sensaciones totalmente desconocidas. Imaginaba a los médicos observándola, deseando que estuviera viva para conocerla mejor, veía a esas personas tocando su cuerpo cada día mas voluptuoso. Y así, sintiéndose deseada a pesar de estar muerta, Verónica alcanzaba unos estrepitosos orgasmos. Que para alguien que se encontraba en el final de su vida, no estaban nada mal.
Su largo pelo ya mostraba el color natural. Un castaño oscuro que no había visto desde la secundaria. Para tener un pelo de color uniforme, se lo cortó a la altura de su cuello. Dejó de ser asidua de la noche, y de día caminaba por las plazas aprovechando los beneficios del sol. Alguna vez escuchó que eso era bueno para la piel. Asi fue como sus vecinos comenzaron a notarla. Hasta el diarero y el muchacho del quiosco la invitaron a salir varias veces, y dicen que su ex novio la llamó varias veces. Pobre de ellos! No sabían que esto era solo un cadáver caminado, preparándose para una muerte perfecta. Esta última idea le gustó, y comenzó a toma notas de cómo mejorar una vida para la muerte. Las notas tenían muchas imágenes, a Verónica le gustaba dibujar. Le gustó tanto su trabajo, que pensó sería un lindo gesto regalarle este libro a los médicos que trabajarían sobre ella.
Su antigua ropa ya no le entraba, asi que compró algo para usar en estos últimos días. Poco le interesaba lo que llevara puesto, asi que pidió a la vendedora que eligiera algo. Resultó ser un vestidito verde, con unas tiritas que ella nunca había usado. Es que nunca quiso mostrar mucho sus huesudos hombros. También se llevó algunas remeras, y un jean que Verónica describía como demasiado ajustado para un cadáver.
Asi llegó el día, Por fin Verónica encontraría el sentido a su vida. Comió algo, porque seguro sería mas interesante para los que estudiaran su cuerpo, leyó el aviso por última vez y se puso su vestidito verde. Se maquilló un poco, solo porque le gustaba como quedaban los colores cálidos en su piel, y fue al Instituto de Anatomía. No estaba lejos, fue caminando. Ella llevaba su libro recién firmado bajo el brazo. Al medio día Verónica estaba tocando el timbre. Tardaron en abrirle, ella esperó. Y mientras esperaba, justo al lado de la puerta, pudo ver un cartel pegado con cinta: “Hasta nuevo aviso, no aceptamos mas cadáveres. Disculpe las molestias.”, leyó.
Fin.
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Bueno, gracias si alguien leyó esto.

Es la primera vez que muestro algo mio. No creo ser muy bueno en esto de escribir, pero es algo que realmente disfruto hacer.
Me gustaría conocer la opinión de alguien imparcial, y no solamente la de mis amigos. Que son capaces de criticarme positivamente siempre, con tal que les deje sacar cerveza de mi heladera.
Editado por redoxon - 01.11.2009 16:42 hs.
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