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Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

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    #1 Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner
    Este relato insólito surgió con una pregunta igualmente insólita: ¿qué pasaría si alguien tan decidido, duro e infalible como James Bond comenzara a dudar? Y ésta dio origen a otras: ¿y si se planteara cosas que nos planteamos todos los mortales? ¿Y si su trabajo, tan duro y demandante, le trajera problemas con su pareja? Y bien, traté de imaginar un James Bond con esta clase de contingencias tan terrenales, y qué mejor que la acción se desarrollara en mi ciudad ficcional favorita. Agradezco mucho a quien tenga el tiempo y las ganas de terminar el relato.


    Craig.






    UN DÍA DE DUDAS EN LA VIDA DEL INFALIBLE JACK TURNER




    —¿Acaso no puedes tener un día normal, como el resto de la gente? —preguntó Susan, bajo el umbral de la puerta de entrada de su departamento.
    Jack tenía un aspecto terrible, aunque lo había visto en peores condiciones. Tenía un corte en la ceja derecha, y alrededor de éste se había formado un chichón morado. También exhibía numerosos cortes de la camisa de raso, además de pequeñas gotas de sangre coagulada que formaban abanicos sobre la tela (¿sería de él o de otro?). El pelo se veía sucio y estaba erizado como el de un adolescente punk. El pantalón tenía cortes a la altura de las rodillas.
    —No es mi estilo, nena —respondió Jack Turner, y entró al departamento de forma resulta, llevando colgado del hombro un traje de saco, tal como lo haría un modelo en la pasarela—. El traje está intacto. Suerte que lo conseguí salvar. Un Armani es un Armani. —Y se sentó en el sillón.
    —Estás hecho un desastre. Parece que has pasado por una guerra.
    —No estás tan lejos de la realidad —dijo Jack, y se quitó la nueve milímetros que le colgaba del cinturón. La dejó sobre la mesa ratona que tenía en frente, y lo mismo hizo con el saco—. Hoy estás más sexy que nunca.
    Susan hacía poco que había salido de la ducha y tenía el pelo mojado. Se había calzado unos viejos tejanos que usaba cuando estaba en casa y una ajustada remera de estampados florales.
    —No mientas. Estoy hecha un desastre. Si tan sólo avisaras cuando vienes…
    Él sonrió. Había cruzado las piernas y tenía los brazos extendidos sobre el respaldo. Nadie, si se sacaba desde luego su aspecto, se hubiese imaginado que había estado a los tiros y sólo Dios sabía cuantos tipos había bajado hacía nada más que unos minutos atrás. A Susan tanto desenfado y esa actitud sumamente irresponsable no dejaban de repelerla como atraerla en iguales proporciones.
    —Me gusta cómo te queda la remera —siguió Jack—. Realza el tamaño de tus pechos. —Colocó ambas manos a unos treinta centímetros de su pecho, y las deslizó en el aire, como si se acariciara pechos invisibles—. Sí, se ven grandes. Es ese tipo de remeras que les veo usar a las chicas en Hooters. —Y le guiñó un ojo.
    —Eres un imbécil —respondió Susan y cruzó los brazos delante del pecho—. Estoy cansada que actúes como si nada ha pasado y te vengas como Juan por su casa. Digo, señor egoísta, el mundo no gira alrededor de usted. El resto de la gente también tiene su vida. No es cuestión de venir y…
    —Me gustas —interrumpió Jack, que no dejaba de esbozar una sonrisa que denotaba cierta superioridad, y que tanto tensaba a Susan.
    —…y hacer lo que quieras cuando quieras.
    Jack se levantó y se acercó a ella.
    —Lo que yo quiero en este momento es algo que usted también quiere.
    —No sé de qué hablas.
    —Sí que lo sabes.
    Susan retrocedió un paso. Jack avanzó otro.
    —Me excita cuando te pones así. Lo siento.
    Y era cierto. Estaba terriblemente excitado y tenía una erección para el campeonato. Suponía que se debía a que había matado mucho hoy, y la adrenalina fluía como un río caudaloso a cada parte de su cuerpo.
    Susan retrocedió. Jack avanzó.
    —Búscate tu zorra del Hotters —se defendió Susan—. Te has confundido de ramera.
    —En todo caso, esta me gusta más.
    Se abalanzó sobre ella, que estaba rígida como parche de redoblante. Susan le dijo algo que él no alcanzó a escuchar. En cambio bajó sus manos a las nalgas y la trajo hacia sí. Besó unos labios que al principio opusieron resistencia, pero a los instantes se ablandaron lo suficiente para que sus lenguas se acariciaran.
    La alzó y la colocó sobre el sofá no de una manera muy caballerosa, y luego se lanzó sobre ella, provocando que los cojines tapizados de cuero emitieran unos quejumbrosos suspiros.
    Le subió lo suficiente la remera que descubrir unos pechos blancos y firmes, que llenaban un sostén blanco de esmerados bordados. Los besó y bajó al ombligo, que lamió con vehemencia. Notaba cómo el cuerpo de ella se curvaba como el espinazo de un gato, al tiempo que regalaba gemidos cada vez más frecuentes y sonoros.
    Se bajó presurosamente el pantalón mientras que ella hacía lo mismo con el suyo, con gestos torpes y poco acertados. Ambos estaban excitados como adolescentes primerizos. Jack pensaba que se debía a que había una especial conexión entre ellos. Él no lo diría, naturalmente, no era su estilo. Pero algo especial existía, lo sabía, y se contentaba con disfrutarlo. ¿Había otra cosa que hacer con ello?
    Jack se metió dentro de ella y en ese momento ambos dejaron escapar un suspiro largo y entrecortado. Entonces arremetió una y otra vez, sin delicadeza alguna, como a ambos les gustaba. Veía cómo esos pechos subían y bajaban dentro del sostén
    (hum-ah)
    y esa imagen provocaba en él un placer casi doloroso. Entonces aplicaba más fuerza,
    (arriba, abajo, arriba, abajo)
    y cuando parecía que no podría más rápido lo conseguía,
    (arriba, abajo, arriba, abajo)
    subiendo a otro nivel que volvía a sobrepasar increíblemente, y por los suspiros entrecortados de ella
    (hum-ah, hum-ah)
    notaba que se lo estaban agradeciendo.
    Al correrse dejó escapar un sonoro gemido e inmediatamente se entretuvo besándole el cuello y la boca, mientras que con una mano hurgaba su sexo mojado. No quería que Susan perdiera el calor.
    Y cuando estuvo en condiciones arremetió otra vez. El vaivén celestial tuvo lugar por unos otros
    (¿cinco? ¿diez? ¿quince?)
    minutos, hasta que consiguió correrse nuevamente.
    Apenas si estuvo tendido sobre el cuerpo de Susan unos instantes hasta que repentinamente se irguió con rapidez gatuna y buscó la camisa que había quedado colgada del marco de un cuadro. ¿Cómo diablos había ido a parar allí?
    ¿Acaso importaba?
    Susan estaba jadeado, tendida en el sofá, todavía con las piernas abiertas. Estaba exhausta.
    En el apuro, Jack notó que se había abrochado mal la camisa y uno de los faldones quedaba más largo que el otro. Maldijo y se la colocó correctamente. Luego se abrochó el cinturón y cerró la cremallera, no sin antes esconder el pito que todavía goteaba semen. Recuperó la pistola y el traje.
    —Me temo que antes de volver al trabajo necesitaré ropa nueva.
    Susan consiguió erguirse con dificultad.
    —¿Ya te vas? —preguntó con tono acusatorio.
    —Tengo trabajo que hacer, muñeca.
    —Sabía que lo harías. Soy una idiota. El señor tuvo su puta y ahora sigue con su trabajo. ¿No sabes que es importante para mí, y en general para cualquier mujer que te quedes luego de hacerlo? Quiero que me acaricies, que me contengas, que me digas cosas lindas al oído, que hagas lo que hace el resto de la gente. Así, me haces sentir…
    (una puta, una maldita puta)
    …usada.
    —Sabes perfectamente cómo soy. Lo nuestro ha sido siempre así y lo seguirá siendo. En última instancia, eres libre para elegir.
    Claro que lo era. Ella podía terminar con esto cuando quisiera y tener una pareja normal, que no le apareciera a una a horas insólitas y luego de haber haberse cargado a un ejército de delincuentes. Pero a Susan le había gustado
    (encantado, fascinado)
    lo que recién había vivido y no lo cambiaría por nada, aunque en ocasiones como ésta le costara enfrentarlo sinceramente. Suponía que lo vacía que se sentía en esos momentos era parte de los impuestos que había que pagar por esa clase de amor.
    Resignada, buscó algún consuelo barato para sentirse mejor.
    —¿Me amas? —preguntó con voz empañada, mientras se bajaba la remera.
    —No.
    No, por lo visto ni siquiera palabras de amor le podía regalar. Ni siquiera una maldita mentira.
    —Eres una basura. Te odio.
    Jack abrió la puerta y en sus labios se dibujó un beso.
    —Hasta la próxima, muñeca.
    Y cerró la puerta, justo a tiempo para que el cenicero lanzado por su
    (¿amante? ¿novia? ¿ramera? ¿amiga?)
    se destruyera contra la hoja de fino caoba y no sobre su espalda.

    Una hora más tarde Jack Turner se encontraba golpeando la puerta del despacho de Garrity, con ropa nueva.
    —Adelante —se escuchó.
    Brett Garrity estaba apoltronado en su asiento, con un puro humeante en la mano. Atrás de su posición se encontraba una ventana por la cual se podía apreciar la jungla urbana de Liberty City.
    Jack se abrió el sobretodo y tomó asiento.
    —¿Lo de siempre? —preguntó Garrity.
    Jack asintió con un movimiento de cabeza.
    Su jefe tomó una botella de coñac y vertió un poco en un vaso de whisky. Estiró la mano con el vaso y Jack lo recibió por encima de un escritorio lleno de papeles y fotos de delincuentes.
    —Hoy van reunirse en el barrio chino —dijo Garrity—. Los de siempre. Hay colombianos, cubanos y algún que otro estadounidense. “Reunión de traficantes”, como le llamamos. —Le dio una pitada al puro y exhaló el humo por la nariz—. Todo lo que tienes que hacer es desordenarles un poco el encuentro. Nada de operativos anti-drogas. La policía lo arruina todo, ya lo sabes. Y hace las cosas más lento. Quiero que rompas unas cuantas cabezas y le hagas saber a esos tipos que Liberty City no es una buena ciudad para hacer negocios. Te acompañará Smeal.
    En ese momento sonó el teléfono y Garrity se llevó el auricular al oído.
    —¿Sí? Ajá. No. Dile que espere.
    Jack bebió un poco y depositó su mirada los diplomas de la pared. En realidad no veía nada. Ni siquiera escuchaba el parloteo de Garrity. Una nueva sensación, horrible, corrosiva, se había apoderado de él al salir del departamento de Susan. Nada, ni siquiera el coñac, la podía disolver.
    ¿Era su vida tan extraña, tan alejada del resto de la gente? ¿Qué era lo que fastidiaba tanto a Susan, al fin y al cabo? ¿Acaso había tomado el camino equivocado, y se estaba dando cuenta del error quizá demasiado tarde?
    Dudaba. El problema era que estaba dudando demasiado, y miraba las cosas en perspectiva, cosa que nunca hacía.
    ¿Jack?
    Él siempre había decidido. Para mal o para bien, su vida se había regido por las rápidas decisiones que tomaba segundo a segundo. De ser de otra manera, nunca hubiese sobrevivido. Todos los días
    (¿Jack?)
    se le presentaban situaciones en las que tenía que decidir en milésimas de segundo. Y quien decidía más rápido era el que vivía. El torbellino que era su vida lo había mantenido vivo, pero ahora pensaba que también lo había alejado demasiado de algo parecido a una existencia normal.
    —¿Jack, qué demonios sucede?
    Su mirada volvió al rostro hinchado de Garrity.
    —¿Estás fumando hierba? —continuó el jefe—. No es aconsejable para tus reflejos, hombre. —Y aplastó lo que quedaba del puro contra el cenicero.
    Jack bebió otro poco. Los pensamientos no lo abandonaban.
    —Nada de eso. Supongo que estas dos horas que he pasado quieto me han hecho algo de daño.
    —¿Has entendido el maldito plan? Mira que…
    —Lo he entendido perfectamente. A veces te olvidas con quién estás hablando. —Se llevó un puño a la boca y carraspeó—. Lo siento. Hay algo que me está carcomiendo y si no se lo digo a nadie creo que voy a explotar.
    Garrity clavó los codos sobre el escritorio y unió las yemas de los dedos. Lo miró con suspicacia.
    —Te escucho.
    —Hoy, luego de la misión de la Chamberlain avenue visité a Susan.
    —¿Susan? Creí que seguías con Ivanna.
    —No. Esta es otra. Bueno, ya sabes. —Hizo un gesto vago—. Tuvimos relaciones y antes de irme tuve que escuchar su mierda habitual. Que se sentía usada, que esperaba algo más de mí, que desearía que yo alguna vez actuara como un individuo normal…
    Garrity sonrió. Sospechaba que se venía algo bueno.
    —¿Y bien?
    —Bueno, me quedé pensando en ello, esta vez, por alguna razón, más que otras veces. ¿Es que acaso no le ofrezco más de lo que le ofrecería cualquier tipo? Hoy sentí ganas de ser un tipo ordinario. No sé, tener proyectos como cualquier persona que veo en la calle...
    En ese momento se detuvo, porque se percató que una sonrisa maliciosa se formaba en los labios de Garrity. Éste, segundos más tarde, se echó hacia atrás y lanzó una potente carcajada. Jack pensó tomarlo del cuello y partirle esa cara rechoncha y colorada, pero pudo contenerse a fuerza de un gran esfuerzo de voluntad.
    —¿Qué demonios te pasa? —graznó.
    La risa de Garrity se transformó en un jadeo apagado. Le saltaban los hombros y la barriga en súbitos espasmos. Aquel movimiento de vaivén era mucho más desagradable que el de los pechos de Susan, pensaba Jack.
    Garrity se limpió alguna lágrima que caía de sus ojos y se volvió a Jack.
    —Lo siento, Jack. Pero me tomas de sorpresa. Este tipo de planteos lo esperaba de todos menos de ti.
    —No sé qué pensar. Siempre fui, ya sabes, de esta manera. Pero nunca siquiera sopesé la posibilidad de unirme con alguien, de llegar a tener hijos…
    —…y un empleo normal, e ir a ver los Zorros de Liberty City todos los fines de semana y comer algodón de azúcar con tu hijo los domingos en el parque. Te entiendo perfectamente.
    —Exacto.
    Garrity se levantó y se dirigió a la ventana.
    —Me gusta mucho la vista —dijo—. Ver allí abajo todas esas construcciones, esos autos pequeñitos, la gente del tamaño de hormigas… me recuerda porqué luchamos día a día. —Hizo una pausa y se fue a Jack—. Pues bien, plantéatelo seriamente. Cierra los ojos hoy a la noche y visualízate lejos del Servicio, buscando empleo en el correo o en un supermercado. O quizá en una agencia de seguridad privada. Te contratarán para que protejas a la hija histérica de algún ricachón. Imagina vivir con una mujer, y verle la cara todos los días. Tienes una casa linda, con un gran porche. En el jardín tu hijo juega con el perro. Piensas que, con suerte, más adelante podrás cambiar los azulejos de la cocina. Eso te distrae, porque son los problemas que a cualquiera lo distrae. Hoy quizá tu mujer invite gente a comer, por lo que debes ser buen esposo y amable con los invitados. Visualízalo. Visualízalo porque luego tendrás que vivirlo.
    —Lo sé. Pero parece que estuvieses narrando tu vida. Y no veo que te guste tanto. Una lástima.
    Garrity meneó la cabeza.
    —Esto no trata de mí, Jack. No tienes que ser tan duro. Pero sí, lo confieso, envidio a veces tu libertad. No obstante, yo estoy conforme con lo que tengo, pero dudo mucho que tú lo estuvieras en mi lugar. Ése es el punto. Y la sencilla razón es que tú no eres así. Tú eres el maldito Batman de Liberty City. ¡Pero que Batman! ¡El mismísimo James Bond! Te encargas del trabajo sucio, de la limpieza. La discreción es tu arma. Tu trabajo no figura en ningún lado. Nadie sabe lo que haces, Jack, y eso te hace héroe. Eres una maldita máquina de matar asesinos y de sabotear los planes de los miserables. La extrema seguridad de esta ciudad, se debe, en gran medida, a tu silencioso trabajo de todos estos años. Pero no lo haces por caridad, hombre, lo haces porque te gusta, lo haces porque te enorgullece hacerlo. Si hay algo para lo que has nacido, maldita sea, es para esto. Y sí, hay cosas que perderás en el camino. Por ejemplo, ser un “ciudadano común”. ¿Pero alguien tiene que hacer el trabajo, verdad? Tú, en última instancia, puedes convertirte en uno de ellos. Sería fácil. En cambio, ninguno de esos gilipollas que ves en la calle podría mantenerse vivo un sólo segundo haciendo tu trabajo.
    Jack miró por la ventana. Las puntas de los rascacielos se asomaban como delgados centinelas. El cielo estaba despejado a excepción de algún raquítico cirro.
    —No lo sé. Esto tomará un tiempo en resolverse. Siento que me han plantado una maldita semilla y pronto echará raíces. —Al decir esto experimentó un estremecimiento de carne de gallina. Se levantó—. Debo hacer mi trabajo.
    —Ya lo creo que sí. ¿Seguro que no quieres seguir…
    —No. Ya basta de charla.
    —¿No es tu estilo, verdad? —preguntó Garrity con una elevada nota de sarcasmo.
    Jack lo obvió.
    —Exacto. Siempre he decidido sobre el campo de juego. Allí es donde desaparecen las vacilaciones.
    ¿Desaparecerían?
    Al menos habría que intentarlo.
    De modo que apuró un último trago y abrió a la puerta. La voz de su jefe lo frenó.
    —No reniegues de quien eres, Jack. Todo hombre llega a un punto donde debe preguntarse quién es y si está bien lo que hace, lo cual es necesario. Pero no reniegues, te lo pido por favor.
    —Lo intentaré.
    Y se perdió por el pasillo, con la mirada extraviada y las manos en los bolsillos del sobretodo.

    Para cuando llegó al punto de encuentro el sol se había ocultado bajo los rascacielos. La ciudad, dentro del caos permanente de autos y gente, transmitía tranquilidad.
    Smeal se encontraba al frente de la sucursal de Starbucks de la calle Connelly. Era un negro grande. Se dejaba un bigote que le otorgaba un cariz aristocrático a su rostro. Sostenía un vaso de café en una de las manos.
    Al llegar a su posición, Jack le tendió la mano.
    —¿Listo para la acción? —preguntó.
    —Como siempre, jefe.
    Bajaron por la calle 67 hasta el barrio chino. Luego giraron a la derecha y en cuatro cuadras estuvieron en Kytami, un lugar de bares de mala muerte, y uno de los sitios menos acogedores del barrio. Eso era mucho decir.
    —Ten cuidado —advirtió Jack, mientras metía la mano en su sobretodo. Encontró la cálida culata de su mágnum—. Un centinela nos acaba de ver.
    Apretaron el paso y se metieron con un pasillo estrecho que había entre pequeños edificios de departamentos. Jack hizo una seña y se apretaron contra la pared.
    —Jefe…
    ¡Chst! Están cerca.
    Jack sacó el arma y le enroscó el silenciador. Era un ritual que disfrutaba sobremanera. Pensaba que así se debía sentir un boxeador a vendársele las manos antes de una pelea importante.
    —¿Quieres terminar antes, Bob? —murmuró.
    —Claro, jefe.
    —Bueno, si actúas rápido lo haremos. Quizá hasta tendremos tiempo para pasarnos por la taberna de Humprey y tomarnos unas cervezas. ¿Qué te parece?
    —Estupendo.
    Pasos. Más pasos. Luego susurros.
    —Espera la orden, Bob.
    El corazón le latía con fuerza, casi como lo había hecho unas horas antes cuando se encontraba entre las piernas de Susan. Las dudas no existían en él, al menos de momento. Estaba en el lugar que debía estar, haciendo lo que debía hacer. ¿Qué otra cosa haría tan bien? Estaba nada más y nada menos que en su oficina, y en ella se sentía mejor que en casa.
    Con un movimiento veloz, apuntó el arma hacia arriba y disparó. Un tipo cayó desde uno de los departamentos. Entonces se escucharon unos cuantos disparos.
    Corrieron y se ocultaron tras un enorme contenedor de basura. Luego dio la orden y volvieron a salir y dispararon. Más tipos volaron, y al caer al piso produjeron un sonido pegajoso.
    Mientras corría hacia su próximo objetivo, con el sobretodo inflado como una capa y con el sibilante sonido de los disparos a sus espaldas, Jack Turner sonreía como un niño en un parque de diversiones.
    Estaba siendo feliz.




    BALE, Craig. Córdoba, noviembre de 2009.
    Editado por craigbale - 04.11.2009 12:25 hs.
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  • #2 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Craig lo leí. ¡La pucha que escribiste!

    Te marco unas cositas:


    • Para cuando llegó al punto de encuentro el sol se había ocultado bajo los rascacielos. La ciudad, dentro del caos permanente de autos y gente, transmitía tranquilidad. Falta una coma después de encuentro.
    • ¿ Y tipo cayó desde uno de los departamentos? ¿No sería Un tipo …?
    • Suponía a que se debía a que había matado mucho hoy. ¿No seria mejor: suplantar la “a” ente suponía y que? No sé si dejaría el segundo que. Quizás haya otra forma de realizar la oración y que no se repita el “que”.
    A ver quién se anima con el final.
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  • #3 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Gracias por tomarte le trabajo, Ana!!!!!!!!!!!!! Corregido!
    Editado por craigbale - 04.11.2009 13:16 hs.
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  • #4 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    ¡Está muy bueno! ¿Por qué hay que buscarle un final? Yo concuerdo completamente con el propuesto. El tipo debe serguir haciendo lo que ama y para aquello que nació; sé que pueda sonar un poco frío, pero para mi es así. Si dejara de hacer lo que le genera tan placer, adrenalina, lo que le da sentido a sus días, y se fueron a proyectar una vida con Susan (que evidentemente no comparte su forma de vivir), ambos serían completamente infilices. ¿Qué es lo correcto? Sí, una casa linda, con una mujer maravillosa, hijos, trabajo y un perro, puede sonar la "vida ideal", pero Dios, quien tiene sangre de otra naturaleza en sus venas, no puede contentarse con algo que no lo sastiface. ¡Yo promulgo que se viva la vida de la forma que más se la disfrute! Y digo basta a las imposiciones sociales, basta a ponernos tiempos en la vida para hacer cosas que otros quieren ( me volvi loca, perdón) jaja.
    Muy bueno el cuento Craig, interesante y bien narrado. Los personajes sólidos y creíbles.
    Sos un fanático de los superheroes y ¡que bueno eso!

    ¡¡Saludos!!
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  • #5 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Gracias por los comentarios Fleur, y tomarte el laburo de leer algo tan largo. Sí, la verdad yo soy amante de los finales abiertos. A veces no hay porqué explicar todo. Jack Turner duda, es cierto, pero no en el campo de juego. Allí hace lo que debe y lo hace riendo. Parece entonces que lo hace contento.

    Siempre tendrá la duda acerca de quñe se trata ser un tipo normal. Y los tipos normales tenemos la duda de cómo sería ser Jack Turner. Lamentablemente, él podría ser como nosotros. Nosotros no podemos decir lo mismo.
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  • #6 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Me gusto bastante craig, un super heore policial donde se muetra su lado social. Las dudas son tremendas podrían costarle la vida en un segundo de incertidumbre, para un tipo de las características de Turner, obviamente que no puede llevar una vida normal. Lo unico que tengo para pensar, es el papel de Smeal, el compañero, que lo veo un poco descolgado, ya que me parece prescindible, al menos en su aparición no hace algo que pueda complementar a Turner, de hecho me parece que lo molesta para actuar frente a los malones.
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  • #7 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Gracias Ger por los comentarios. Sí, en realidad Smeal es un personaje decorativo, pero ayuda a Turner con los delincuentes. Quise poner el foco en Turner más que en el compañero, que sólo cumple la función de refuerzo.

    Se valora tu comentario, saludos.
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  • #8 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    !Excelente Craigbale!

    Me gustó mucho lo bien narrado que está, sin palabras de más ni de menos. Con su toque de ironía humoristica sin llegar a la exageración. Creo que dominas la herramienta. habrá que seguirte leyendo para ver si tienes más historias interesantes que contar. Me gustaría verte contando historias tipo "Pulp noir" muy al estilo de los cómics y cine negro. Es un género que yo adoro. Recientemente me conseguí la pelicula francesa Renaissance que mezcla el género pulp noir con ciencia ficción (mi otro género preferido). La película es de animación, fantasticamente realizada, que es como ver los viejos cómics cobrando vida. Una delicia. Te pongo un video musical con imagenes de la película. La canción es de Rob Dougan, pero lo importante es que veas el arte filmico. Si te interesa y no puedes conseguirla, nos ponemos de acuerdo y te hago llegar una copia.

    Un saludo y felicitación por tan buen relato.

    Spoiler
    Editado por Dixie_Dreg - 06.11.2009 02:26 hs.
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  • #9 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Gracias, Dixie. Muy bueno el video!!!

    Me encanta la artmósfera de los policiales, y quise recrearla en este texto. El policial es género que nunca había trabajado, y no sé porqué. Habrá que hacerlo más a menudo.
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  • #10 Re: Un día de dudas en la vida del infalible Jack Turner

    Excelente relato. Erotismo, humor y drama. Te felicito, como siempre.
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