#1 La tramoya de Troya
La tramoya de Troya
Muy pocas personas saben la verdadera historia que antecede a Troya. Es más, si no hubiera estado el carilindo de Brad Pitt y la despampanante Angelina Jolie en la película, un considerable número de gente ni sabría qué corneta es Troya. Seguramente habrían apostado que es un cabarute o un club de stripers; y que el talón de Aquiles, y Paris y Helena, el amor eterno…; la gente es así: compra lo que vende Hollywood sin ponerse a indagar el auténtico origen de las historias.
Yo no voy a mentirles. Estoy más viejo que Matusalén, pero todavía conservo mi memoria para contar de dónde nació la leyenda del caballo de Troya.
Conocido es el poema de Homero, “La Ilíada”, donde, según el mito, la guerra era un castigo al rapto de Elena de Esparta por el príncipe Paris de Troya. Hasta ahí todo muy romántico, pero la ponderada idea del famosísimo caballo de madera, repleto hasta las bruces de soldados que planeaban saquear la ciudad, es puro cuento. No es que no haya sucedido así, pero lo que yo vengo a reivindicar, es que a nadie le importaba que la coquetona de Helena se vaya cual gata en celo por los tejados. Y que un ejército de soldados, fornidos y valientes hacedores de batallas, se meterían en un potro enorme sólo para traerla. Porque, convengamos: si están en plena guerra porque la señorita Helena se fugó en un estado pasional dejando encabronados a todos en su patria ¿quién, en su sano juicio, mandaría todavía de regalo un caballo de madera que medía como diez metros de altura? Y no me vengan con que era un regalo para Afrodita, porque una cosa es que sean griegos cabeza dura, y otra que sean incrédulos a este extremo. Es como que tu vecino te mande un frasco de zapallitos en almíbar cuando tu perro le usa la vereda de baño todos los días. Alguien con dos dedos de frente, mínimo, le hace probar primero a la suegra.
Bueno, no me quiero ir por las ramas. La tramoya del brío relleno de soldados a rabiar, que se robaron hasta la túnica vieja de Casandra (porque no nos olvidemos que ésta era medio bruja y los previno que no recibieran el obsequio), sucedió, nada más ni nada menos, que por el motivo que aún hoy es objeto de conflicto: las polleras.
Así como leen. Y no es que Helenita, la más bella del mundo, se haya escabullido con el fornido Paris. La real causa de todo es que los soldados estaban hartos de verse entre hombres y más hombres. En Troya no había hembras, damas, señoritas, o como quieran llamarlas. Podridos de que todo sea guerra, grito y sangre, los soldados planearon la huída al lugar más cercano donde hubiera alguna damisela. Y ahí nomás vieron la oportunidad: el caballo de madera. Quizás, imaginaron que todas las mujeres serían similares a la novia de Paris. El tema es que los pobres muchachos no contaron con un infortunio que les demandaría el viaje en ese animal. No es que fuera muy difícil de preveer que trescientos tipos, más de diez días en el mar, dentro de un cofre con forma de equino, no iban a abordar en Troya impecables como Richard Gere. Y ahí viene el verdadero motivo del escándalo que se armo cuando en medio de la noche, la muchachada salió del pony con una baranda que cortaba cabezas. Embravecidos corrían dispuestos a buscar mujeres, las cuales, al verlos llegar como leones traídos en moto, corrían despavoridas para salvar sus vidas y sus narices. Por supuesto que Helena, Paris, Aquiles y Angelina Jolie aún no se enteraron de esto, y siguen creyendo que ellos fueron motivo de la legendaria historia que perdurará hasta el fin de los días.
Yo, cuento la purita verdad ¿un caballo de regalo para Afrodita? ¡Bah! Ni un niño lo creería. Ahora que lo pienso, quizás Homero fumaba algo raro…Uh, timbre, ¿cartero a esta hora?, ¡oh! un regalito sin remitente… pero que más da, yo lo abro, qué podría pasar, ¿no?
0



picardía, simpatía, gracia.