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Para La OMS, el mobbing es la otra gran epidemia

El hostigamiento que padecen los empleados proviene de sus superiores. Las agresiones van desde la burla y la sobrecarga hasta no mirarlos cuando se les habla. En el país, en 2008, se iniciaron 835 causas por este tipo de violencia.

“Hace un año que estoy tomando clonazepam, empecé a ir al psiquiatra y me siento continuamente perseguido”, dice Pablo, que a sus jóvenes 32 años carga con la responsabilidad de gerenciar una importante multinacional, pero también de rendir cuentas ante jefes que no lo tratan nada bien. Él, como tantos otros, sufre de mobbing o violencia laboral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada seis personas se enferma por este tipo de maltrato. El hostigamiento del que son víctimas los empleados proviene, en la mayoría de los casos, de quien posee determinado poder o jerarquía, y las agresiones van desde la burla, la ridiculización o la sobrecarga de trabajo, hasta formas más sutiles como no mirarlos a los ojos cuando se les habla.

“Este tipo de violencia es una epidemia. Desde la Salud Pública se dice que causará más enfermedades y muertes que las patologías infecciosas”, señala la psiquiatra Elsa Wolfberg, presidenta del área de psiquiatría preventiva de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

Antonia Meyer tiene 40 años, durante más de cinco fue recepcionista en una empresa de cosmética y decidió renunciar después de sufrir un sinfín de maltratos psicológicos. “Iba hasta al baño con el móvil por miedo de que mi jefe me llamara y no me encontrara. Cuando me veía con el teléfono me sacaba el tubo de la mano para ver con quién estaba hablando o cortaba la comunicación”, señala Antonia y agrega: “Me repetía una y otra vez que era una inútil, que no servía para nada, y cuando quedé embarazada, decía que me tenía compasión porque tenía la mitad de las neuronas”.

Silvana Capri tiene 30 años y hace menos de un mes renunció a su trabajo porque su jefa la tenía “de punto”. “No podía hacer nada sin que ella me critique, me daba tareas y al otro día lo negaba, me volvía loca”, manifiesta con bronca Silvana. En la década del 80, el psicólogo Heinz Lehimann describió al mobbing como la violencia continua sufrida en el trabajo. Ante esta situación, aparecen trastornos digestivos, depresión, irritabilidad, aumento de la presión arterial, situación que, de prolongarse, puede derivar en infartos o accidentes cerebrovasculares. “En muchos casos es como si absorber el maltrato laboral fuera la comisión para no perder el empleo. A la persona que es víctima en un comienzo le parece que es un malentendido, piensa que su jefe tuvo un mal día. Pero cuando esto se prolonga, piensa que hizo mal su trabajo y se hace eco de la descalificación”, asegura Wolfberg. En la Argentina, el mobbing no está en la lista de las 189 enfermedades profesionales y sólo tres provincias –Tucumán, Buenos Aires y Jujuy– además de la ciudad de Buenos Aires sancionaron, entre 2002 y 2004, leyes que contemplan el maltrato, pero sólo se aplican en el ámbito de la administración pública. Según un reciente informe de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, organismo dependiente del Ministerio Público Fiscal, entre octubre de 2007 y 2008 se iniciaron 835 expedientes por denuncias de violencia laboral.

Ley sí, ley no. Existe un proyecto de ley aprobado en Diputados en 2004. Cuando se sancione dicha ley, será de aplicación para el sector público y privado. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta con el proyecto de ley 1.225 de aplicación exclusiva para sus empleados públicos. Del mismo modo, otras provincias argentinas –Jujuy, Tucumán, Buenos Aires, Entre Ríos– legislaron para el sector público. Carlos Chiesa, abogado especialista en derecho laboral, destacó que el acoso y la discriminación son conductas reprochables que merecen sanción. La mayoría de los profesionales se muestra de acuerdo en que si se reglamenta la figura del acoso moral en las relaciones del trabajo, se haría mucho más fácil el proceso judicial. Sin embargo, para otros especialistas, la ley no beneficiaría a las víctimas de mobbing. Josefina Zurita, licenciada en Relaciones de Trabajo y miembro de la organización Laboramos Juntos, asegura que la ley “lo único que provocaría es una industria del juicio, que en todos los casos terminaría en despido”, dijo y agregó: “Lo que hay que hacer es prevenir, obligar a las empresas a realizar un seguimiento sobre el estado de salud de sus empleados y que existan programas de apoyo psicológico desde la OMS, la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y las obras sociales. No hay que olvidar que una persona que sufre la violencia laboral también la genera, creándose un círculo vicioso”.

Epidemia mundial. Los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revelan que en Suecia la violencia laboral es responsable del 15 por ciento de los suicidios, y en Inglaterra el 53 por ciento de los empleados padece acoso psicológico. En tanto, en Finlandia, el 40 por ciento de los empleados municipales sufrió coacciones. Según la tercera edición del informe de la organización internacional denominado “Violencia en el trabajo”, una encuesta realizada en 2002 en Alemania permitió estimar que más de 800 mil trabajadores eran víctimas de mobbing, en tanto que en España se calculó que cerca de 22 por ciento de los funcionarios públicos sufría violencia laboral.

En Japón, el problema es denominado “Karoshi” y remite a la muerte súbita de las personas en sus lugares de trabajo.